Cuando no eres esa mujer de la que la gente se enamora

Nos han repetido una y otra vez que el amor verdadero debería de ser prioridad número uno en la vida. La verdad, nunca he experimentado lo que se siente cuando una persona te confiesa su amor eterno.



  No es que nunca me haya enamorado. Es más, me he enamorado hasta la última fibra de mi ser. Pero creo que nunca nadie se ha enamorado de mí. Jamás me ha pasado que alguien haya hecho algo tan romántico por mí que haga que tiemble.

  Tardé bastante tiempo en darme cuenta del porqué de esto. Tal y como explica Harnidh Kaur, la razón por la que esto sucede es bastante simple, casi para reírse: Nadie se ha enamorado de mí porque no soy el tipo de mujer de la que te enamoras.




  Soy complicada. No puedes simplemente tomar mi amor y empaparte de él. No, también tú tendrás que ceder, y eso te costará.

  Puede que decidas marcharte de mi lado porque encontraste a una chica que te satisface en vez de una mujer que te desafíe intelectualmente y te haga pensar.

  No soy esa mujer a la que tienes que proteger, porque no soy tan frágil como para romperme. Estoy endurecida. Tengo cicatrices de batalla que quizás se parezcan a las tuyas. Y no me avergüenzo de ellas. Son mías y son parte de mi historia.


  Sí, probablemente sea esa mujer que respetas, o esa mujer a la que admiras. O la mujer que te gustaría encontrar en casa cuando llegues del trabajo. La mujer que buscas cuando necesitas fuerza y apoyo, pero no soy la mujer de la que te enamoras.

   No soy la chica con la que quieres pasar horas simplemente mirándola. Esa chica que es tan delicada, que te dan ganas de pelear contra el mundo por ella. 

 No. Soy fuerte, tozuda y peleona. No voy a caminar detrás de ti, voy a caminar contigo. Voy a empujarte tanto -o más- de lo que me empujo a mí misma.


  No soy la mujer de la que te enamoras, soy esa mujer a la que aprendes a amar. Y me siento bien con eso, porque sé que, el día que alguien me diga que está enamorado de mí, será real. Será un amor por el que valga la pena luchar.

Y eso es lo que todos merecemos.


Autora: Candela Duato, visita su blog El Rincón de Cande
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