¿Cómo ser feliz? Los 10 consejos de Aristóteles

Aristóteles respondió hace siglos a una de las mayores incógnitas de la humanidad que ha desvelado a incontables generaciones a lo largo de la historia: ¿Cómo ser felices?



  La filosofía de la antigua Grecia se abocaba entre otras cosas a formar el carácter de sus pupilos. Y uno de los más grandes pensadores que tuvo fue Aristóteles. Él, a diferencia de otros coetáneos suyos, no buscaba la virtud relegando los deseos, sino al encaminarlos hacia la felicidad.


   Equilibrio y felicidad. Estos son, según Aristóteles, los mayores anhelos de todo ser humano. Al menos de los que este mundo terrenal puede ofrecernos. 

  Son muy pocos los que alcanzan la 'eudaimonia' en sus vidas, que para los griegos significaba la plenitud de la felicidad. O más precisamente un florecer de la humanidad de cada persona.


   Las personas creen que deben hacer algo para alcanzar esa felicidad. Como si hubiera un método específico o se tratara de una meta a alcanzar.

    Y esto en alguna medida es natural, en una cultura que fija objetivos y que asume que colmar nuestra agenda diaria con cosas para hacer nos da por sí mismo una razón de ser. Los antiguos filósofos cambiaban el foco de la cuestión, y en cambio se preguntaban: ¿qué tipo de persona debo ser?
 

El secreto está en el equilibrio


   Los grandes filósofos de la antiguedad recurrían a la ética de la virtud para encontrar respuestas. 

  Uno de los pensadores más influyentes de todos los tiempos fue Aristóteles. Este griego ideó un sistema para ejercitar la virtud que aún hoy podemos poner en práctica. En búsqueda de alcanzar un equilibrio emocional, llegaremos a tener paz interior. Y esta es la clave para que florezca en nosotros la felicidad. 


   Artistóteles sostenía que la felicidad es resultado de un modo de vivir. Que ser felices es el equivalente a desarrollarnos como personas y construir una identidad propia sólida.


   ¿Cuál es esa manera de vivir? 


  Para Aristóteles el equilibrio era el secreto se hallaba. Y esto tiene grandes paralelos con la filosofía budista. 

   El filósofo creía que para ser felices y plenos no eran necesarias las renuncias ni abstinencias. Y aunque la represión no es el camino, tampoco lo es el hedonismo, porque los excesos te hacen esclavo del placer. Y el final de este camino es el vacío existencial.

  "La virtud está entre dos vicios" decía Aristóteles. Ya que existe el vicio del exceso pero también el de carencia.

  Así es que para lograr la virtud, solo se debe aprovechar las oportunidades. Entonces la felicidad no es más que una actitud, la decisión de mantener un comportamiento que guíe nuestras vidas.


Las 10 virtudes aristotélicas para alcanzar la eudaimonia 


  En el libro titulado "Ética a Nicómaco",  que Aristóteles escribió en el siglo IV a. C., enumera las virtudes necesarias para para alcanzar la eudaimonia:

1. Apacibilidad. 


  Es la capacidad necesaria para mantener controlado nuestro temperamento y sus reacciones. 

  Una persona paciente no se enoja exageradamente. Aunque, es cierto, tampoco evita enojarse cuando hay motivos. 


2. Fortaleza.


  Es el equilibrio entre la imprudencia y la cobardía.

  Una persona es fuerte si puede enfrentar los peligros sabiendo el riesgo que existe y a la vez siendo precavida.

   Ser temerario no significa ser fuerte sólo por despreciar los riesgos, pero tampoco se debe permitir al miedo tomar nuestras decisiones. 


3. Tolerancia.


  Es el termino medio que existe entre la intransigencia y ser demasiado permisivo. 
 
   Aristóteles sabía lo importante que es el perdón, pero eso de ninguna manera debe significar permitir que los demás te pisoteen constantemente o que te lastimen a propósito. 

   Son igual de malos y alejados de la virtud ambos extremos del equilibrio de la tolerancia.


3. Generosidad.


  Es el equilibrio entre ser demasiado mezquinos o ser demasiado generosos. Hay que ayudar a los demás, sí, pero sin dar tanto de nosotros mismos que terminemos lamentándolo.


4. Modestia. 


   Es el punto medio entre la baja autoestima que no nos permite aceptar crédito por nuestros logros y tener un ego tan exagerad que nos haga creer que somos el ombligo del mundo.

  Debemos reconocer nuestros errores, pero también nuestros aciertos. Hacerlo en la justa medida nos hacerca un paso más a la felicidad. 


5. Magnanimidad.


   Se trata del punto medio entre el delirio de grandeza por un exceso de orgullo, y una carencia al no darnos crédito suficiente.  

  Debes buscar la grandeza en tus propósitos y metas, pero el resultado no debe menguar ni exacerbar tu autoestima.


6. Veracidad.


  Se trata del equilibrio de ser honestos, al evitar las mentiras pero no por esto dejar de tener tacto al decir las cosas. Aristóteles nos advertía sobre este exceso de verdad innecesaria.

  Hay que decir lo que es necesario, sin mentir, pero sin decir absolutamente todo lo que pensamos en todo momento. 


7. Gracia.


   El equilibrio entre ser antipáticos al nivel de parecer rudos y ser tan graciosos que no se nos pueda tomar en serio. En el punto medio es cuando los demás podrán disfrutar nuestra compañía.


8. Sociabilidad. 


   Siglos antes de que existieran siquiera las neurociencias, Aristóteles nos advierte que debemos elegir nuestros amigos con cuidado. Con otras palabras, revelaba que nuestro cerebro acaba por parecerse al de ellos. Así resulta peligroso ser demasiado sociable con demasiada gente, y  también lo es no poder ser capaces de hacer amigos. en absoluto.
 
   El antiguo pensador aconsejaba sabiduría al escoger nuestros amigos, y constancia a la hora de cultivar esas amistades. 

9. Decoro.


  Es el balance entre la timidez y la desverguenza.

   El decoro es muestra de que uno se respeta a sí mismo. Una persona decorosa también respeta a los demás y no es insolente cuando da su opinión.

  Sabe que se le debe respeto a todos y no busca imponer su parecer, pero a la vez demanda el mismo respeto. 


10. Justedad. 


  Es la virtud de ser justo con los otros y a uno mismo. El equilibrio entre el desinterés absoluto y el egoísmo. 

  Una persona justa tiene en cuenta las necesidades de los demás sin olvidar las propias. Busca que sus decisiones que no perjudiquen ni privilegien en exceso a nadie. 

  Quizás el aporte más importante de lo que nos propone Aristóteles es dejar un margen para el error. En su visión podemos equivocarnos y aprender para mejorar sin pensar que por equivocarnos vamos a ser malas personas o que no lograrlo en el primer intento significa que jamás podresmos ser felices. Aristóteles nos invita a un camino de aprendizaje, ¿te animas a transitarlo?  

 



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