Los amores del pasado vuelven cuando menos lo esperas…

"Los primeros amores siempre están ahí", solía decir Antonio Gala, y así parece ser. Uno de los retos que se han de afrontar en muchas relaciones



  Uno de los retos que se han de afrontar en muchas relaciones es la reaparición imprevista (y, en muchos casos, indeseada) de un viejo amor de alguno de los dos miembros de la pareja, una circunstancia que en numerosas ocasiones hace que la pareja se tambalee.

   “A veces nos olvidamos de que vivir con otra persona lleva implícita una rutina. La aparición de una antigua pareja o amante en nuestra vida actual rompe toda esa rutina, nos hace soñar con el pasado y recordar cómo nos sentimos hace tiempo, quiénes fuimos y por lo tanto nos hace plantearnos quiénes somos ahora”, señala María José Pérez Fernández-Manchón, psicóloga que trabaja regularmente en terapia familiar y de pareja.



Parejas para siempre


  Un estudio realizado por la Universidad de Virginia a partir de las declaraciones y reacciones de un grupo de recién separados señalaba que es lógico que se intenten olvidar aquellas relaciones que fracasaron, como un mecanismo de defensa.

 Sin embargo, también se descubrió que "aunque esta estrategia es normal, la mayor parte de las veces no hace más que empeorar las cosas. Cuanto más énfasis se pone en sacarse de la cabeza una relación fracasada y no deseada, con más facilidad vuelve ésta a nuestros pensamientos. 


  Y si por el contrario, nos encontramos ante una historia que ha terminado mal pero sigue siendo deseada, las reacciones emocionales de esta persona pueden agudizarse". 

 Es lo que ocurre cuando nos reencontramos con alguien a quien deseábamos, pero las circunstancias externas nos separaron: nuestros sentimientos seguramente serán mucho más fuertes que ante alguien a quien acabamos de conocer, puesto que compartimos un pasado en común que percibimos como ideal, y pretendemos ajustar cuentas con el mismo.


Cuando estamos sin pareja, quedamos y pasa lo que pasa


  "Siempre hay un deseo de saber qué hubiera pasado, o si ahora volvería a pasar lo mismo que aquella vez… pero ahora son dos personas distintas a aquellas, y si no queremos cambiar al otro y hay unas bases claras y asentadas, ¿por qué esta vez no va a salir bien?

   Existen parejas que maduran juntos y otras lo hacen por separado, sólo que se volvieron a encontrar en el momento justo y habiendo superado cada etapa, vuelven a formarse y perduran en el tiempo", apunta a tal respecto María José Pérez.



  Siempre que la relación acabase de forma agradable y que los recuerdos no sean dañinos, se despertará en nosotros un sentimiento de anhelo, ya que es muy importante sentirnos deseados, más aún cuando ese deseo lo vuelve a provocar después de mucho tiempo quien un día fue tu novio o novia.
 
  Cuando antiguos amantes se encuentran, especialmente aquellos que nunca llegaron a consumar su relación, tienen que realizar un gran esfuerzo consciente para controlar sus sentimientos y evitar volver a caer en la tentación.

  Es difícil encontrarse sólo una vez y recordar tiempos mejores sin reavivar viejos sentimientos. Pensar que el amor por su pareja actual les parará no suele ser suficiente.
  


  Es lógico que se intenten olvidar aquellas relaciones que fracasaron, como un mecanismo de defensa. Sin embargo, también se ha demostrado que aunque esta estrategia es normal, la mayor parte de las veces no hace más que empeorar las cosas.
 
   Cuanto más énfasis se pone en sacarse de la cabeza una relación fracasada y no deseada, con más facilidad vuelve ésta a nuestros pensamientos. Y si por el contrario, nos encontramos ante una historia que ha terminado mal pero sigue siendo deseada, las reacciones emocionales de esta persona pueden agudizarse.

  ¿Qué hacer, por lo tanto, ante este retorno de lo olvidado? María José Pérez apunta que "para poder llegar a tener la pareja que deseamos, la confianza en nosotros mismos y en el otro es fundamental, aunque no lo único. 


  En muchas parejas falta comunicación, entendimiento y diálogo fluido, y no podemos contentarnos con los tópicos de 'al llevar muchos años juntos no nos queda mucho que decir' o 'si ya nos conocemos, no nos hace falta hablar para entendernos' porque siempre hace falta y siempre tenemos algo que decir al otro". 

  A ello hay que añadirle el control sobre nuestros propios celos, pues puede ocurrir que ellos sean los desencadenantes del conflicto.

   La sinceridad a la hora de exponer nuestras relaciones con los amigos virtuales, un lenguaje claro y libre de ambigüedades y la limitación del tiempo que dedicamos a dichas redes pueden ser pequeños detalles que marquen la diferencia.



Fuente: Marvi Martínez para Rincón del Tibet / El confidencial / Taringa
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