Humillar a otros no te hace más fuerte, te hace más miserable

Humillar a otra persona es el acto más vil que puede haber. El hecho de que alguien le guste hacer sentir mal a otra persona a partir de sus debilidades, no es de valientes...



  Algunos llegan a inventar defectos solo con el fin de hacer sentir mal a su víctima, sin darse cuenta, de que ellos son las únicas víctimas de su patética conducta.

  Tristemente en la vida aún quedan este tipo de persona  que  confunden la autoridad con el poder y el abuso, incluso llegan a pensar que están en lo correcto, traspasan la sutil línea de la humildad y se desbordan en la búsqueda de un respeto externo que no es más que la carencia de respeto a sí mismo. 

 Sin embargo hay en el mundo quien no sabe "vivir sin dejar vivir".


  Estos individuos logran a ir adelante solo si alguno otro queda atrás, y para realizar aquello usan cada medio, materiales o psicólogos a propia disposición. Si se trata de personas que conducen una vida insatisfecha, en vez de buscar mejorar la propia prefieren trabajar para empeorar aquella de los otros. 



 Y cuando tienen la suerte de vivir una existencia privilegiada, estas personas miserables no logran a sacar de ello suficiente alegría sin poner a alguien al límite, destacando lagunas, aflicciones, ausencias, puntos débiles, errores y defectos.


  La humillación es su arma preferida, la usan cotidianamente para barrenar y mortificar todos aquellos que se les presentan a tiro, en las relaciones como en el trabajo. Cuando disponen de una miga de poder y de autoridad, abusan para hacer en modo que los otros resten confinados en su condición de desventaja.
 
  Colocar a los demás en situación de desventaja, aprovecharnos de alguna fortaleza, disminuir su estima y cualquier acción que haga desmerecer a un tercero, no es más que ser miserable.

 No te hace más fuerte el exponer las debilidades de los demás, ni aprovecharte de tu situación de ventaja, cuando se toman estas acciones, parece olvidarse que la vida todo lo devuelve, todo es causa y efecto y lo que hagamos hoy es lo que recogeremos mañana.


  Nuestras acciones siempre hablan por nosotros, debemos ser justicieros en la vida y procurar no hacer a los demás lo que no deseamos para nosotros o para los seres que amamos, recordar siempre que el respeto no proviene del temor, que todos somos seres humanos que sentimos y padecemos como cualquier otro.


 Y que la vida siempre nos dará toda clase de oportunidades, para demostrar, para crecer y progresar y para ponernos siempre en el lugar del otro. La vida es un aprendizaje y cada quien elige su personaje.

 Quien necesita apagar la luz de los demás para hacerse notar con su brillo, entonces no brilla lo suficiente para hacerlo entre las demás personas. Esa es la forma más fácil de darte cuenta de que alguien puede o no ser valioso en tu vida.



Fuente: Utópico / Marvi Martínez – Rincón del Tibet / Cosas para mi muro / Mira video
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