Las consecuencias de crecer rodeados de conflictos

Las familias son tan importantes tanto para nosotros como para toda la sociedad, porque son el primer escalón por el cual cada persona puede insertarse en la cultura de su comunidad. Es por esa función socializadora, que el niño logra una conciencia personal y entiende que es responsable de sus actos y emociones, aprende a participar de su sociedad y respetar sus valores.    

 



  El primer gran reto consiste en afrontar todos los desafíos que supone la escuela. En ella debe aprender a relacionarse con otros niños y convivir, respetar a los maestros y también ejercitarse intelectualmente y aprender para obtener resultados puntuales.



  También aprenderá a ser evaluado en lo académico, y que dependiendo de su esfuerzo y los resultados que obtenga aprobará o reprobará las diferentes áreas.   

  Sin embargo, ¿qué pasa si la familia, en vez de ser un espacio de apoyo para esa sociabilización, condiciona o impide que el niño tome conciencia, pueda participar o adopte los valores de su comunidad?     

Consecuencias de una familia conflictiva


  Un grupo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires, realizaron un estudio encuestando a casi 2.000 estudiantes de primaria y secundaria, y sus conclusiones demostraron que los conflictos entre los padres también afectan a sus hijos, y no sólo dentro de sus relaciones dentro de la familia, sino en todos los ámbitos de su vida. 



En especial, lograron identificar estos efectos que impactan en cuatro dimensiones puntuales: 

 

  Bienestar emocional. Esto se reflejaba en conductas extremas que iban desde la agresividad, la angustia muy acentuada, ansiedad, el retraimiento o  ve reflejado en conductas externas como agresividad, depresión, ansiedad, retraimiento y dependencia de sustancias.

Bienestar físico. Aquellos niños que eran hijos de padres conflictivos, eran mucho más proclives a padecer problemas digestivos frecuentemente, asma, alergias, dolores de cabeza y problemas en su alimentación.            

Bienestar social. Estos niños tenían muchas más dificultades para poder relacionarse con los demás. Entablar lazos cercanos les demandaba un gran esfuerzo y cuando lo lograban, se volvían demasiado dependientes de ellos.  



Rendimiento académico. En general, estos niños tenían grandes problemas mas para conseguir resultados académicos aceptables, pero en otros casos actuaban como “cerebritos”: estaban demasiado obsesionados con sus calificaciones y ansiosos por todos sus deberes escolares, relegando sus relaciones entre compañeros.    

  


Conflicto matrimonial: un punto crucial


  Durante el mismo estudio, los investigadores encontraron cuál era el factor de mayor influencia para afectar y bajar el rendimiento escolar de los hijos. 

  Se determinó cuatro ejes que influían negativamente en este sentido: los conflictos matrimoniales de sus padres, las relaciones tanto del padre como de la madre con el hijo, y la felicidad con los hermanos y la vida familiar.



 

  Pero de todas estas relaciones estudiadas, sin lugar a dudas la más importante que afectaba el rendimiento de los niños resultó ser el conflicto matrimonial entre los padres. 

 En cambio, lo que hacía mejorar notoriamente  su buen desempeño escolar era la satisfacción tanto con los hermanos como con la vida familiar del niño.

 

  Los especialistas señalaron que al crecer en hogares donde las discusiones y peleas entre los padres son frecuentes, los niños deben destinar una gran parte de su energía emocional a tratar de manejar toda esa ansiedad y angustia que estas situaciones les provocan. 

  Esta era la razón por la cual no estaban en condiciones de disponer de todo su potencial intelectual para destinarlo a su aprendizaje escolar.     


  Otro hallazgo fue que mientras mayores fueran los conflictos en la familia, mayor era la tendencia a que los niños adquirieran malos comportamientos con el fin de llamar la atención de sus padres: desobediencia, falta de disciplina y constantes incidentes dentro de la escuela.

  Algunos niños incluso eran menos capaces de tolerar los conflictos entre sus padres y desarrollaban una sensación de estar en una amenaza constante. En esos casos la relación entre los conflictos y su rendimiento escolar era aún más evidente.    

 

  Así se determinó que si los niños se sienten parte de los problemas de sus padres, y esos mismos padres a su vez los responsabilizan de algún modo de esos problemas, las consecuencias que habrá serán graves y duraderas. Los niños tendrán una tendencia a ser agresivos y romper las normas y no respetar los valores. 

  Los niños también tendrán serias dificultades para ser leales y confiar en sus padres y les resultará muy difícil prestar atención en clase. 


Es por estas razones que siempre que se presente un bajo rendimiento escolar en los niños, lo primero a lo que se debe atender es a la calidad de las relaciones familiares. Es muy probable que allí esté la explicación del problema, y el primer punto a solucionar.     

   

Fuente: La mente es maravillosa

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