"No quiero un novio, quiero un compañero de camino", una genial carta que te inspira a viajar por la vida

La juventud es una de las cosas y etapa más bonitas de la vida, nunca seremos más jóvenes de lo que somos hoy, hay que disfrutar de esa dulce libertad de equivocarnos (Por supuesto, con su debida responsabilidad ante todo).



 No quiero un novio, quiero un compañero de camino:


  He llegado a un punto de mi vida en que ya me estoy cansando de los amores de un rato, ya no quiero más juegos; quiero algo más intenso, que despierte y mueva mi alma.

  Desde luego que en estos tiempos y a estas alturas, no me asustan, ni intimidan los “juegos amorosos”, “frees”, amigovios, amigos con derecho, etc. Como gusten llamarle, al contrario creo que a pesar de que en ocasiones puede no resultar como uno lo espera, también es emocionante, divertido y lo he disfrutado bastante. 

 Y he aprendido a manejar mis sentimientos y emociones en cada situación, y por lo mismo, también he aprendido mucho de cada vivencia; buena, mala o extraña, finalmente mi decisión, lo que yo quería y me hacía feliz o sentir bien.


  Ahora me conozco un poco más, y aunque quizá en ocasiones no esté completamente segura de lo que quiero para ciertos aspectos de mi vida, sí tengo la certeza y plena convicción de lo que no quiero. 

  Ya no soy la misma de antes. He sido víctima y también victimaria. He tenido que enfrentarme con el dolor de perder a alguien y he renacido de las cenizas. He tocado el amor con las palmas de mis manos, pero se me ha ido entre los dedos.


  Por eso, no quiero un novio. No deseo a un hombre al que le entregue mi alma y después se la lleve a pedazos. No estoy interesada en amores de medio tiempo, ni con fecha de vencimiento.

  Quiero un compañero de camino. Un hombre que, además de ser mi enamorado, también me acompañe en el sendero de vida que he decidido tomar. Y que para él yo sea la única mujer con la que anhela recorrer, día a día, todos sus caminos.

  Ya no quiero una relación frágil, inconstante, ni insegura, ya no estoy dispuesta a lidiar, ni gastar mi tiempo en relaciones falsas, inestables o sin compromiso… Sin futuro. No quiero a un hombre santo ni perfecto, porque yo no soy santa, ni mucho menos perfecta, y no busco serlo, pero… 


  Sí busco a un compañero de vida, y no precisamente un novio o amante, simplemente quiero a alguien que esté dispuesto a ser mi cómplice y a aventurarnos, volando juntos, más nunca amarrados.

  Que aunque no entienda mis cicatrices, las ame como cualquier otra peca o lunar de mi piel. Que sostenga mi mano, sin encadenar mi alma. Un valiente para afrontar cualquier adversidad que se nos presente.

   Un romántico y detallista, mas no cursi, ni irrealista. Alguien que a pesar de que yo me sienta como una chica “rara” él me considere única y especial, al menos para sus ojos.

  Qué no se enamore de mí solo por cómo me vea un viernes o sábado por la noche, sino de mi esencia y esa manía tan mía de soñar despierta y contemplar las cosas poco convencionales de la vida. 


 Alguien para quien sea yo su mejor amiga, y él para mí, mi mejor amigo, quien me rete intelectualmente y me prenda físicamente, y podamos pasar horas y horas hablando de todo y nada, hasta que alguno de los dos nos venza el sueño.

 

   Quiero a alguien que me haga llorar de risa y no de tristeza, que no rompa mi corazón, y mejor rompa mis medias, que no lastime mi alma y mejor me lleve con dulzura y pasión a la cama. 

  Alguien en quien pueda confiar mi alma en sus brazos y mi cuerpo en sus manos, donde sus abrazos combinen perfecto con los míos y su aroma con mi piel.


  Un ser con quien pueda desenvolverme con tal autenticidad, que me vea con ojos de fascinación; como si quizá fuera magia.

   Alguien que no dude que siempre estaré ahí para él incondicionalmente, pero que tampoco lo dé por hecho, que no se atormente por mi pasado, que no lo cuestione, ni lo juzgue, y mejor apoye y disfrute nuestro presente, e imagine y motive nuestro futuro. 

  Que se enamore de mi lado oscuro, de todos esos demonios que no me dejan dormir, y altere los latidos de mi corazón, agite mi respiración, alimente mis sueños e ilusiones, revolucione mis neuronas y encienda mis pasiones; que su presencia me cautive y que sus palabras y caricias me enloquezcan.


   No quiero a alguien que cosa mis alas, ni repare mi alma, pues sería una encomienda egoísta que alguien ajeno a mí repare lo que yo misma causé, quiero a alguien que me complemente y no que me complete, porque yo misma me completo día a días, y además  estoy consiente de que nadie tiene la obligación de arreglar mis despojos, ni llenar mis propios vacíos.

  No quiero entregar mi corazón por una porción limitada de tiempo, con el temor de que, en cualquier momento, deje de latir y se resigne al dolor. No quiero que se lleven una parte de mí y me dejen un agujero en el pecho.

  No busco a alguien que me haga feliz, sino a alguien con quien compartir mi felicidad y perder la poca cordura que me queda.


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