26 FRASES DE SIGMUND FREUD QUE TE VAN A HACER PENSAR

Sigmund Freud fue un médico neurólogo austriaco de origen judío y considerado como padre del psicoanálisis, además de ser una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX. Sin embargo muchas personas cuestionan sus investigaciones sobre el psicoanálisis, incluso dicen que que sus teorías son una locura debido a cómo relaciona muchas cosas con la madre.



  A pesar de todas las controversias que siempre despertaron sus ideas, Freud terminó convirtiéndose en una de las figuras más influyentes del pensamiento contemporáneo y aún cuando no todos están de acuerdo con su psicología, lo cierto es que entre muchas de sus frases hay algunas que tienen completa razón, entre las más célebres están las siguientes:

  Sigmund Freud dedicó su vida a reflexionar e investigar profundamente las relaciones humanas, mientras era alabado por muchos y odiado por otros tantos. Estas son sus frases más celebres sobre el amor, la psicología, la vida, los sueños y mucho más.



1.

“La única persona con la que deberías compararte es con la persona que eras ayer. Esa es la persona a la que debes superar y en la que debes fijarte para ser mejor”.

2.

“Entramos en el mundo solos y lo dejamos solos”.

3.

“He sido un hombre afortunado en la vida: nada me resultó fácil”.

4.

“Cada uno de nosotros tiene a todos como mortales menos a sí mismo”.

5.

“La primera persona que lanzó una maldición en vez de una piedra fue el creador de la civilización”.

6.

“Antes de que te diagnostiques con depresión o baja autoestima, primero asegúrate de no estar rodeado de idiotas”.

7.

“Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”.

8.

“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida: una es hacerse el idiota y la otra serlo”.

9.

“De nuestras vulnerabilidades vienen nuestras fortalezas”.

10.

“La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”.

11.

“No hay en la vida nada más costoso que la enfermedad y… la estupidez”.

12.

“Quien piensa en fracasar, ya fracasó antes de intentar; quien piensa en ganar, lleva ya un paso adelante”.

13.

“La meta de la vida es la muerte”.

14.

“El que sabe cómo esperar no necesita hacer concesiones”.

15.

“Ser totalmente honesto con uno mismo es un buen ejercicio”.

16.

“Cuando la inspiración no viene a mí, hago medio camino para encontrarla”.

17.

“Cuanto más perfecto parezca un hombre por fuera, más demonios tiene dentro.”

18.

“Si quieres vivir, prepárate para morir”.

19.

“Las emociones no expresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas”.

20.

“No existe ningún punto de partida si no se sabe bien a donde ir”.

21.

“Los hombres son más morales de lo que piensan y mucho más inmorales de lo que pueden imaginar”.

22.

“Solo la experiencia propia hace al hombre sabio”.

23.

“El primer signo de estupidez es la completa falta de vergüenza”.

24.

“No siempre estamos libres de cometer los mismos errores de los que nos reímos de los demás”.

25.

“Las multitudes no han conocido jamás la sed de la verdad. Exigen ilusiones, sin las cuales no pueden vivir”.

26.

“Cada persona tiene un deseo que no dice a los demás, y un deseo que no confiesa ni siquiera a sí mismo”.


29 comentarios:

  1. Nunca me ha caído bien Freud, pero dudo que varias de estas frases las haya dicho él.

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    1. La ignorancia siempre es atrevida ..

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    2. Clara, sobre todo cuando la ignorancia no da la cara. :)

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    3. Y a quién le importa de quién son las frases?... lo importante son las mismas frases...

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  2. existe mucha mitologia sobre el freud ese

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  3. nos ladran los perros sancho eso es señal de que cabalgamos no es de el quijote y todo el mundo le atribuye la frase a cervantes

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    1. Miguel de cervantes savedra es escritor. Y fuel el quien escribio el quijote de la mancha. Por lo tanto? El dicho de LOS PERROS LADRAN SANCHO. SEÑAL QUE CABALGAMOS.es de Cervantes

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    2. es un poema de Goethe que dice lo de los perros que ladran.

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    3. Quien escribió primero, Geothe o Cervantes?

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  4. Bonitas frases. Lástima por la absurda idea de atribuirle todo eso a un tipo con tantos problemas mentales como Freud.

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  5. Freud fue un científico como pocos...como dice muchas verdades a veces les cae mal a más de uno...


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    1. Nada científico. La psiquiatría estaba lejos de serlo.

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  6. "En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira" Campoamor

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  7. q buena frase .- el primer signo de estupidez es la falta de verguenza. es una obra maestra a la explicacion de los drogadictos homosexuales alcoholicos y todo tipo de pendejos q no solo no tienen verguenza sino q hasta estan orgullosos de serlo

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    1. A lo que veo es que te hace falta mucha verguenza

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    2. Ernesto y a ti no te da verguenza de ser tan pendejo?

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  8. ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO EN QUE LA MAYORIA DE LAS LOCURAS DE TODOS ES CULPA DE LOS PADRES, PRINCIPALMENTE DE LA MADRE. LO MEJOR ES NO IMITAR AUNQUE ES MUY DIFICIL NO CAER EN LOS MISMOS ERRORES DE NUESTROS PADRES.

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    1. Es muy fácil echarle la culpa a los demas. Para empezar la culpa no existe...Lo que si existe es la responsabilidad. De mayorcitos ya no podés ir por la vida creyendo que todas tus cagadas son por culpa de tus padres. Mejor empezar a hacerse cargo de sus propias cosas

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  9. Gente...Freud no perteneció al período paleolítico....Si se le atribuyen esas frases es porque las habrá dicho, dejó miles de escritos. Me parece una estupidez esa manifestación de duda

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  10. Yo estoy en el final de mi camino y comparto más mis día,con mi ignorancia.......

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  11. Elogio de la dificultad. E. Zuleta. “La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de Cucaña.

    Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.

    Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, si no fuera porque constituyen el modelo de nuestros propósitos y de nuestros anhelos en la vida práctica.

    Aquí mismo, en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad.

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  12. Garantizada, de las reconciliaciones totales, de las soluciones definitivas. Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos; que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y, por lo tanto, en última instancia, un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.

    Adán, y sobre toda Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso; nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.

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  13. Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia —por la desgracia— de alguna revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro, la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta, y el terror de los medios que procurarán su conquista. Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atrevieran a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos. En lugar de discutir un racionamiento, se lo reduce a un juicio de pertenencia al otro —y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo—, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la Razón que consiste en la petición de un fundamento último e incondicionado de todas las cosas, así también hay un verdadero abismo de la Acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la ‘causa’ absoluta, y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.

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  14. Ahora sabemos, por una amarga experiencia, que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus orgías de fraternidad no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico: que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficacia macabra. Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular —todos lo son— como la designación misma de la realidad, y los otros como ceguera o mentira.

    El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por participación, separan un interior bueno —el grupo— y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda la angustia, se distribuye mágicamente la ambivalencia en un amor por lo propio y un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida, la más espantosa facilidad. Y cuando digo aquí facilidad, no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificios, que sus miembros aceptan o desean el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad, sin embargo, porque lo que el hombre teme por encima de todo no es la muerte y el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el amor y el respeto.

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  15. Un síntoma inequívoco de la dominación de las ideologías proféticas y de los grupos que las generan o que someten a su lógica doctrinas que les fueron extrañas en su origen, es el descrédito en que cae el concepto de respeto. No se quiere saber nada del respeto ni de la reciprocidad, ni de la vigencia de normas universales. Estos valores aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como signos de que se ha abdicado a las más caras esperanzas. Porque el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas. Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia puede disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa. No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una crítica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra. Nuestro saber es el mapa de la realidad, y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia, las normas y las leyes de cualquier tipo son vistas como algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la Promesa, y por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuando ya no se cree en la misión incondicionada.

    Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es generalmente que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se había desechado o estimado sólo negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. Se olvida entonces que la crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el solo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior.

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  16. Lo más difícil, lo más importante, lo más necesario, lo que de todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial, es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho. Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias. sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.

    Hay que observar con cuánta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica; es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasos y los errores propios, y los del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él. En el caso del otro aplicamos el esencialismo: lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación de su ser más profundo: en nuestro caso aplicamos el circunstancialismo, de manera que aun los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura. El es así; yo me vi obligado. El cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar este resultado. El discurso del otro no es más que un síntoma de sus particularidades, de su raza, de su sexo, de su neurosis, de sus intereses egoístas: el mío es una simple constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferiríamos que nuestra causa se juzgue por los propósitos, y la adversaria por los resultados.

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  17. Y cuando de este modo nos empeñamos en ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo.

    La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. Significa por el contrario que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa.

    En el carnaval de miseria y derroche propio del capitalismo tardío se oye a la vez lejana y urgente la voz de Goethe y Marx que nos convocaron a un trabajo creador, difícil, capaz de situar al individuo concreto a la altura de las conquistas de la humanidad. Dostoievski nos enseñó a mirar hasta dónde van las tentaciones de tener una fácil relación interhumana: van no sólo en el sentido de buscar el poder, ya que si no se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común se produce lo que Barho llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga un sentido. Dostoievski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón.

    Pero en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el sicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores: surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones: surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado.

    Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto: “También esta noche, Tierra, permaneciste firme./ Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor. / Y alientas otra vez en mí / la aspiración de luchar sin descanso / por una altísima existencia”.

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