Los traumas severos de la infancia son de por vida

Los neurocientíficos ya comprenden mucho mejor las características asociadas a los traumas de infancia. Esto posibilita el tener ya mejores terapias para superar dichos eventos del pasado.





  Los niños pequeños no solo experimentan y codifican el trauma durante el evento, sino que también lo experimentan repetidamente más tarde en la vida como resultado de la representación afectiva y somática.
 
  Sin embargo, buscar culpables solo nos hará perder energía. Es fundamental que nos demos permiso para enfadarnos y aprendamos a perdonarnos. Al sanar nuestras heridas podremos ir por el mundo sin ocultarnos.

  Ninguna etapa es más intensa, maravillosa y vulnerable a la vez, que nuestra infancia. Esas primeras experiencias marcan por siempre no solo gran parte del rumbo de nuestra vida, sino también, la visión que tenemos de ella.


Los traumas desde una etapa inicial


  Sigmund Freud planteó hace más de 100 años en las descripciones de sus casos clínicos, que no solo los niños pequeños sino también los bebés sufren traumatizaciones endógenas y exógenas y que estos estados psicológicos abrumadores se almacenan en la memoria y pueden obstaculizar su desarrollo posterior o incluso hacer que carezcan de él.


  Sin embargo, Freud, que se habilitó en neuropatología en 1895, así como en el conductismo en ese momento, aún no tenía a su disposición los métodos de investigación neurológica actuales que se han desarrollado por más de 30 años para tratar las condiciones de salud mental de sus pacientes además del tratamiento psicoanalítico.

  Por lo tanto, que los pacientes tuvieran memoria del trauma en cuestión siguió siendo un requisito previo para llevar (y empezar) un tratamiento exitoso en el psicoanálisis hasta la década de 1990.



Experiencia de dolor y separación


 Las experiencias dolorosas que desarrollamos a lo largo de nuestra vida conforman nuestras heridas emocionales. 

 Generalmente, nos cuesta afrontar problemas emocionales como separaciones, traiciones, humillaciones, abandonos o injusticias.

  Lo cierto es que es probable que muchos de nosotros aún no hayamos cerrado esas heridas emocionales. Nos siguen doliendo e intentemos enmascararlas con el maquillaje de la vida.


  No nos percatamos de que solo estamos ignorándolas y que cuanto más esperemos, más se agravarán. Esto es mucho más complicado cuando todavía no nos hemos dado cuenta de que estamos heridos.


  La ignorancia sobre las heridas emocionales, unida al miedo a revivir nuestro dolor, no nos permite ser nosotros mismos.Esto nos obliga a interpretar un papel que tenemos poco o nada estudiado y que no nos corresponde.

  Las consecuencias frecuentes de los traumas infantiles también son síntomas nuevos, especialmente los miedos similares a la fobia o la agresividad que no estaban presentes antes del evento traumático.


Separación o divorcio de padres  


  Si bien en la actualidad gran parte de la población vivió la separación de sus padres porque las relaciones de pareja no son para siempre -y no tendrían por qué serlo-, es importante que todo se explique a los niños con claridad para que no repercuta emocionalmente de una forma negativa.


Negligencia emocional  


  Es fundamental, en nuestro desarrollo emocional, sentirnos importantes, especiales, amados. 

 Negligencia emocional significa que, aunque nadie esté haciéndole al niño exactamente algo malo, tampoco es fuente de fuerza, protección y soporte.  Eso a la larga repercutirá.


Abuso emocional  


  El abuso es verbal, pueden existir amenazas que mantengan con miedo a la víctima, pero no hay violencia física.

  Muchos adultos lo hacen sobre los niños sin detenerse a pensar en lo que están haciendo; incluso pensando en protegerlos, pero a la larga, esa persona vivirá con miedo. 

Abuso físico  


  La violencia física se cumple. Golpes, cachetadas, sacudones. No es necesario aclararlo, la violencia física no solo repercute en la salud física sino en la emocional. 

Superar una infancia difícil


  Los psiquiatras hablan de «la vulnerabilidad biológica». Es decir, todas esas experiencias traumáticas o negativas del pasado han quedado incrustadas en nuestra experiencia y también a nivel cerebral. 

  Cada uno de nosotros afrontamos nuestro pasado traumático de un modo diferente. Puede que para algunas personas dichos eventos sean un revulsivo que superar y por el que luchar día a día. 

 Algo que asimilar, aceptar y afrontar para que la vida le de una nueva oportunidad, y ser feliz de nuevo.


  Los traumas de infancia no se resuelven porque sí, o al menos rara vez lo hacen. Es necesario trabajar con ellos para que no terminen invadiendo la personalidad vetando por completo el crecimiento, la capacidad de ser felices. 

  A día de hoy los neurocientíficos ya conocen mucho mejor los mecanismos del trauma y ello, es sin duda un avance a nivel terapéutico.

Así, estrategias basadas en la salud emocional, en la autoestima y esos enfoques basados en la psiconeurología del trauma dan buenos resultados.


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