Si te tratan mal, recuerda que hay algo mal en ellos, no en ti

Si alguna vez te tratan mal, recuerda que la responsabilidad no es tuya. Recuerda que son ellos los que están errando, los que tienen «algo mal» en su interior. No eres tú. No es tu culpa, tampoco tu responsabilidad.



  Nada, absolutamente nada, justifica un maltrato, un mal gesto, una mala palabra. Sin embargo, tristemente nos ocurre con frecuencia que damos validez a las malas palabras y malos gestos de los demás.

  Si quien nos trata mal pertenece a nuestro círculo más cercano, debemos dejarle claro que, si no cambia de actitud, tendremos que alejarnos para primar nuestro bienestar.


  Cuando otorgamos atención a estos comportamientos, las personas que nos tratan mal pueden enorgullecerse incluso de su manera de proceder, creyendo que son válidos y que sus malas palabras son el reflejo de la realidad. 

 Sin embargo, nada más lejos de la realidad, pues sus actos reflejan su oscuridad y sus conflictos internos.


¿Por qué lo mejor es ignorar a las personas que nos tratan mal?


  Las palabras que buscan herir, los juicios, las opiniones no solicitadas y las críticas lanzadas directamente contra nosotros no deben recibir crédito alguno. 

 Porque no ofende el que quiere, ofende el que puede y si atendemos a esas personas que nos tratan mal, les estamos dando la oportunidad de herirnos, tanto en ese momento como después.

  Como se suele decir, “lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro”. Así que antes de darle importancia a aquellos “consejos”, “opiniones” o “críticas” que no nos aportan bondad, utilidad o verdad, debemos plantearnos las intenciones de la persona que tenemos delante.


  Cuando alguien nos trata mal, tenemos tres opciones: reaccionar con inteligencia, dejarnos avasallar o reaccionar con agresividad.

  No es fácil gestionar esta situaciones de alta intensidad emocional donde se activan áreas muy concretas de nuestro cerebro.

  Sin embargo, ese malestar que nos generan no es en vano para nosotros, pues de todo se puede extraer un significado. Y es que eso de que algunas personas llegan a nuestra vida para enseñarnos a no ser como ellos es una gran verdad.


 Porque el respeto mutuo y los buenos tratos son valores indispensables para recorrer de manera saludable la vida, para sentirse pleno y en paz con uno mismo. En sus mismas acciones, las personas que tratan mal a otras, tienen su castigo. 

  Quien te trata mal no merece tu tiempo ni tus preocupaciones, ni mucho menos estar dentro de tu círculo social. Sin embargo, hay personas especialistas en crear problemas, en extender su mal humor y su desprecio hacia quienes menos lo merecen.


Me doy permiso para recordar quién soy y lo que valgo


 Cuando alguien nos trata mal, lo hace cruzando los límites de lo permisible. Se vulnera nuestra autoestima a través del desprecio, de las palabras agresivas, de la humillación e incluso del engaño.

  En primer lugar, no debemos tomar como una realidad las valoraciones ajenas. Hay que recordar que somos capaces de realizar todo lo que nos propongamos. Una autoestima fuerte es una parte fundamental de nuestro bienestar, y no debemos dejar que traten de socavarla.


  Lo que alguien diga de nosotros NO nos define. Así pues, vale la pena racionalizar un poco esas agresiones manteniendo el equilibrio.

  La traición, la frialdad y la prepotencia son puñales afilados que, al clavarse, duelen con intensidad. Sin embargo precisamente lo más doloroso es conocer desconociendo a aquellas personas que te rodearon en un tiempo.

  Hay personas que acabas descubriendo cuando se muestran de verdad, cuando ya no te necesitan y reflejan su verdadero interés por ti.

  Al reconocer que hay personas que nos tratan mal, podremos analizar la situación y anticiparnos a sus reacciones e intenciones. Por lo tanto, nuestro escudo está conformado por la capacidad de ignorar y de anticipar esas malas palabras o malas acciones. 



  Uno puede hallar consuelo y refugio en muchas cosas, pero el mejor modo de sanar heridas es rodearnos de personas que nos aman y respetan de verdad y que, a su vez, merecen ser amadas.

Quien te trata mal no merece tu tiempo ni tus preocupaciones, ni mucho menos estar dentro de tu círculo social. Sin embargo, hay personas especialistas en crear problemas, en extender su mal humor y su desprecio hacia quienes menos lo merecen.


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