El miedo también nos enseña a ser valientes


A lo largo de la vida todos los seres humanos se encuentran expuestos a experimentar las diversas formas y manifestaciones del miedo.




  La valentía no es una opción en la vida. La mayor parte de las veces es una obligación, la única salida cuando los miedos alzan muros demasiado altos y cercan nuestro bienestar, nuestra calma e incluso las perspectivas de futuro.

  El mundo está lleno de héroes anónimos, de individuos desconocidos que protagonizan auténticas gestas privadas al sobreponerse por sí mismos a la adversidad.

  Todos conocemos a alguien a quien admiramos porque ha sobrellevado de forma estupenda un hecho traumático. Puede que sea porque ha superado una enfermedad, una pérdida, una separación. O quizá un accidente o un momento delicado difícil de explicar.


 Al sentir miedo por primera vez, las personas suelen congelarse debido a la sensación de temor. Pero con el tiempo son capaces de encontrar dentro de sí mismos, la fuerza para hacerle frente a ese sentimiento.

 Señala un proverbio chino que quien teme sufrir, ya sufre el temor. Los miedos son esos espacios de nuestra arquitectura psicológica en los que confluyen gran parte de lo que somos.

  El miedo nos salvaguarda de los peligros, media en muchos de nuestros comportamientos y es, a menudo, ese sustrato del que decidimos desprendernos un buen día para aprender a ser valientes.


La valentía que nace desde el miedo

  La sensación del miedo puede tener una base racional o irracional, los cuales pueden tener su origen en experiencias traumáticas del pasado o fobias. Y por increíble que parezca el experimentar este temor es capaz de hacer que las personas se sientan más vivas.

  Especialmente considerando que el miedo es parte de todos los seres humanos y es imposible vivir una vida libre de este sentimiento. 

 Dado que existen diversos objetos, animales o situaciones que pueden causar temor o angustia en los individuos, pero ahí es donde entra en juego la fortaleza mental y la valentía de cada persona.



  Es común que nuestros miedos se entremezclen con el estrés. Es esa bruma ligera que nos acompaña día tras día llenando de grises cada cosa que hacemos. 

  Hay miedo a no llegar a nuestros objetivos, temor a defraudar a ciertas personas, angustia por lo que pueda o no pueda pasar mañana; está el murmullo de la incertidumbre inflamando la preocupación.

  El paso del tiempo es un aliado para quien pone de su parte. También para quien decide abrirse de nuevo al mundo a pesar de sus heridas internas habiendo obtenido un aprendizaje sobre lo sucedido.


  De esta forma, no importa cuántas veces un individuo se enfrente ante un escenario que le genere angustia, ya que una persona valiente posee la capacidad de encontrar en su propia mente la fuerza para levantarse y mantener la frente en alto ante los desafíos, riesgos y peligros presente en su vida.
 
 Valentía no es ausencia de miedo. Ser valiente implica en realidad permitirnos avanzar a pesar de los miedos, caminar junto a ellos restándoles poder.

  Es por ello que el temerle al miedo es una clara señal de derrota para cualquier individuo, dado que en su mente ya se enfrenta a un escenario con resultados negativos. 


 Mientras que aquellos que se enfrentan a sus miedos de frente, demuestran una gran valentía y fortaleza mental, al ser capaces de encontrar la motivación para perseguir el éxito y seguir avanzando.


Lo importante es sentirnos orgullosos por todo lo conseguido. Sentirnos dignos por cada cosa que tenemos, que nos define y que da forma a la hermosa persona que hoy se refleja en nuestro espejo: tú mismo.


El Club de los Libros Perdidos. Con la tecnología de Blogger.