Un niño feliz grita, corre, salta, ríe y hace travesuras

Correr, gritar, saltar, reír o hacer travesuras son algunas de las cosas que, como padres, hemos de saber gestionar y canalizar ya que forma parte de su vitalidad y aprendizaje



  Hay personas que no toleran a los niños y  hasta se ponen muy mal cuando un pequeñín aparece en su camino, y ni hablar de lo mucho que se molesta si el niño llora o hace ruido, y aunque nunca lo confiesan abiertamente, basta con ver sus caras para darnos cuenta que quisieran no tenerlos cerca.

  Me pregunto, ¿cómo eran ellos de niños?, me encantaría explicarles que un niño feliz grita, corre, salta, ríe y hace travesuras. 

  Cuando un niño se la pasa bien su risa es franca, abierta y ruidosa. Ellos no se preocupan por el “qué dirán”, por el contrario, manifiestan su alegría y sí, a veces eso puede ser “molesto” para algunos adultos.



  Los niños se comportan de acuerdo a su edad, si un pequeño está callado y no juega, entonces sí hay que alarmarnos.

  Tanto silencio puede ser en realidad un grito de ayuda. Los niños son grandes maestros, aprendamos de ellos. Te enseñan a decir lo que sientes y a reír a carcajadas por las cosas más. 

Los niños felices son extrovertidos


 En la mayoría de los casos esto es así, pues viven en un eterno presente, sobre todo cuando son pequeños. Sus emociones no tienen filtros y por tanto las expresan sin más.


Consecuencias de limitarlos:

  

Déjalo  gritar


  Si lo obligas a callar, a hablar bajo y a quedarse quieto, con el tiempo se convertirá en un adulto temeroso de expresar sus ideas, se mostrará inseguro en sus decisiones y lo pero aprenderá a reprimir sus emociones.

Déjalo reír 


  Al mundo le faltan sonrisas sinceras y contagiosas, con el tiempo aprenderá que hay lugares en los que se puede reír a carcajadas y lugares en los que se debe guardar silencio. Poco a poco aprenderá las reglas sociales, pero hoy, no le quites la libertad a la que ya renunciaste. 


Déjalo llorar 


  Expertos afirman que el llanto se atiende, no se censura ni tampoco se ignora. Si un pequeño quiere llorar permítele  hacerlo, más si se encuentra en los primeros meses de vida, el llanto es el único lenguaje que conoce para ser atendido.

  Los niños aprenden a través del juego, del ensayo-error, de la imitación y de la observación de las actitudes de los adultos. 

 Pero también nos enseñan a reconectar con nuestras emociones, a disfrutar de placeres simples, a enfocarnos en lo importante y, sobre todo, a ser mejores personas.



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