El único signo de superioridad que conozco es la bondad

El único signo de superioridad que conozco es la bondad, dijo supuestamente una vez el gran Beethoven. Y es que ser buena persona es la única inversión que nunca quiebra y siempre enriquece, tanto a uno mismo como al mundo.



  Hay quien dice que las buenas personas hoy en día son un descuido de la naturaleza, pero lo cierto es que cada uno, en el fondo, manejamos nuestras propias bondades, sonriéndole al mundo de la manera más bella que sabemos y podemos.

  Así, la bondad se ve y se percibe en las miradas limpias, en los actos sinceros y en toda aquella sabiduría que se desprende en la cercanía y en la ilusión de cambiar el mundo, de hacer justicia y de apropiarse de la generosidad.


 Hay gente buena que huele a humildad, que parece tener magia en los bolsillos y que no sabe de egoísmos o dobles sentidos. 



 Estamos seguros de que cuentas con una o dos personas con estas características. Son pocos pero, sin lugar a dudas, no necesitas a más, porque te lo dan todo.


La confianza en la bondad ajena es el testimonio de la propia bondad


  De vez en cuando llegan a nosotros oídos bonitas historias llenas de ternura y de eso que llamamos “humanidad”. Los grandes actos nos iluminan y nos estremecen, y es que son el fiel reflejo de aquello que nos une.

  Hay personas a las que se les nota su capacidad para contagiar buen humor y motivación. Muchas veces atraen la atención de los demás (sin pretenderlo) simplemente por cómo se mueven y cómo hablan, y otras, desde un papel discreto, hacen que el ambiente se llene de optimismo y humor.


  La autenticidad se trata en última instancia de aquellas cualidades que muestran un funcionamiento no defensivo saludable y madurez psicológica. Esas son las cualidades que debemos buscar.


 El poder de la empatía


  Un hombre vio cómo dos mujeres lloraban en la mesa de al lado. Encontró una manera de contribuir a mitigar su dolor y a hacerlas sonreír pidiéndole al camarero que le pasara la cuenta de sus consumiciones.



 Pagar el café a quien lo necesite


  En los últimos años se ha vuelto a la vieja costumbre napolitana de dejar cafés pagados en las  cafeterías o bares para que aquellas personas que lo necesiten y no puedan costeárselo. Pregunta en tus locales habituales si puedes hacerlo y cambia el día de mucha gente.

 Se le da tanto valor al buen humor de las personas que transmiten energía positiva porque todo el mundo sabe que su felicidad es genuina. 

  Es decir, que los momentos de alegría que proporcionan están muy cotizados, porque en el momento en el que aparecen ya se sabe que son verdaderos, y no una simple artimaña para caer bien.


 Eso significa que estas personas no modifican su encanto y su manera de expresar alegría dependiendo de con quién estén tratando y, si lo hacen, será para fingir seriedad, no lo contrario.
 
  Una parte de la empatía que muestran estas personas consiste en interesarse de manera genuina por la vida de los demás, lo cual implica que se preocupan por sus aciertos y fracasos y en muchas ocasiones tratarán de ofrecer ayuda desinteresada simplemente para ver cómo el prójimo se empieza a sentir mejor.


 Estos dos chicos rescataron a un cordero del mar


  Aquellas personas que arriesgan su vida para salvar las de los demás se merecen un aplauso inmenso. Sin duda son estas historias las que más nos emocionan y nos sensibilizan.

  Ser “gente bien” es un modo de no vivir para los demás. Pero resulta que las personas estamos hechas para darnos a los demás. Nuestra naturaleza humana lo reclama para ser feliz.


La confianza que no traiciona, que sabe unir vínculos


  La gente buena, la gente que enriquece nuestra vida ayudándonos día a día a ser mejores personas establece con nosotros un vínculo muy íntimo y especial.

 Un aspecto que debemos tener en cuenta es que nadie lo da todo a cambio de nada. Si alguien es bueno contigo, responde de la misma manera. Se trata de hacer equipo, de equilibrar la balanza donde todos ganen y nadie pierda.

Evita cargar pesos ajenos que no sirven de nada y que limitan tu crecimiento personal. Porque el mundo está lleno de buenas personas, y si por la razón que fuera no encontraras a ninguna, no olvides nunca ser tú una de ellas. La mejor.


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