Cuando menos te lo esperas todo sale bien


Cuando menos te lo esperas encuentras la fuerza en tu interior, te levantas, decides vivir y te pones a ganar. Porque después de la tormenta siempre llega la calma, no hay excepciones a esta regla.




  Pensar que las cosas pueden salir bien es, en realidad, una idea y una necesidad que debemos instalar cada mañana en nuestra mente, del mismo modo que nos tomamos el café o recurrimos a esa vitamina con la cual sentirnos mejor.


  Algunos hablan de la suerte, otros hablarán del trabajo duro y a otros cuantos les parece que tiene todo que ver con la ley de la atracción.

  No importa a qué lo atribuyas, las cosas buenas tienen una forma de llegar cuando menos las esperas y cuando ya habías perdido toda esperanza



  Es más que ser positivas, se trata de un modo de vida en el cual permitirnos la oportunidad de conseguir lo que merecemos.

  De abrir la puerta a esas esperanzas que no son solo humo, sino cosas tangibles que de vez en cuando ocurren, y no solo por la casualidad.

  Es así de fácil: el creer en ti misma propicia pensamientos positivos que son la clave y el origen de todo lo que logras, de todas las metas que cumples y de todas las situaciones positivas que se hacen presentes en tu vida. 


  Entonces, de lo que se trata es de comprender que no consiste en ir rápido por la vida, sino en caminar con calma, en aprender de cada momento, por malo que sea, porque cada suceso nos tiene que decir algo.
 
  Si algo sabemos es que vivir es complicado, pero resistir el vaivén de nuestro barco en alta mar lo es aún más. Sin embargo, lo cierto es que no hay caminos intransitables, pues si nos tropezamos mil veces, es obligado levantarse mil y una.

La capacidad de aceptar lo imprevisto

  Un pensamiento flexible, abierto y positivo que no se victimiza de sus fracasos o sus pérdidas es reflejo de una mente capaz de crear su propia realidad. 
 Cuando menos lo esperas sale todo bien porque así te lo permites, porque eres artífice de tu día a día y no te pones muros en tu crecimiento personal.

  En ocasiones nos cuesta mucho dejarnos llevar. Asumir y aceptar que pueden llegar cosas imprevistas supone, a su vez, aceptar que muchas de las cosas que nos rodean escapan a nuestro control.


  Cuando dejas de soñar parte de ti desaparece para siempre y lo que debemos hacer es exactamente lo contrario. Vive cada momento con simpleza y acepta lo que te da la vida, mira el potencial que todo tiene en el presente y aprenderás a vivir sin expectativas.

  Aceptar lo imprevisto es confiar, confiar en que las cosas buenas pueden llegar y que somos meritorios de todo aspecto positivo que nos traiga la vida.

  En ocasiones todo sale bien sin que sepamos muy bien por qué pero, si lo analizamos un poco, nos daremos cuenta de que somos nosotros quienes lo hemos propiciado.


  Como se dice, en el tocar fondo de la vida, la clave es no mentirse, admitir y aceptar lo que nos negamos a ver, valorar lo que la tristeza viene a decirnos y sanar nuestras heridas emocionales.

  No escuches a quienes te digan frases negativas. No hagas caso de los que te dicen que no puedes hacer esto o aquello o que se ve mal. Tú puedes hacer lo que quieras y es así como las cosas buenas llegarán a ti cuando menos lo esperes. 


  Sufrimos más de la cuenta por lo que no tiene solución, y aceptar que nuestra vida está en continuo movimiento es la manera de impulsarnos y salir a flote para ver el sol. Nos hemos roto y nos han quebrado, pero hemos sido capaces se soldar esas heridas, de perdonar y de perdonarnos.


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