A veces, es mejor tener paz que tener razón

A veces nos olvidamos de cuál es el objetivo de debatir y, debido a ese olvido, solemos pagar un precio demasiado alto: nuestra paz y nuestro bienestar psicológico.




Sé selectivo en tus batallas, a veces conviene más tener paz a tener razón


  Tener la razón, salir ganando, estar en lo cierto, tener la seguridad de que somos perfectamente capaces de discernir mucho mejor que los demás y además confiar plenamente en nuestra opinión, defenderla y discutirla, es una costumbre muy arraigada en el ser humano, sentimos la necesidad permanente de defender nuestras creencias, de mantener una seguridad en nuestras opiniones y de rebatir todo aquello que pensamos va en contra de lo que pensamos o creemos en la vida.

  No te enfrasques en tener la razón, no la busques, no hay nada que defender, solo lo que creemos es, no significa que lo sea, podemos ser justos, compasivos, brillantes, sin tener que esperar que todo el mundo nos de la razón, la reconozca y además se solidarice con nuestra causa, podemos vivir con nuestra razón y aceptar las razones de los demás, no es necesario quitarle validez a ninguna opinión, a ningún juicio, pues cada quien tiene sus propias creencias y conceptos.



¿Es más importante tu paz o tu «victoria»?


  La respuesta parece fácil, pero en la práctica, cuando se tocan temas sensibles, cuando el orgullo está muy presente, cuando no nos comunicamos con templaza y reflexión, ahí es cuando desvirtuamos el sentido de exponer nuestros argumentos y escuchar abiertamente los ajenos.

  Algunas personas tienen la sabiduría suficiente de poder ver las distintas circunstancias de manera clara y de proyectar la consecuencia de sus acciones, por lo tanto, son capaces de tener una actuación pertinente asumiendo la consecuencia de sus actos, se dan cuenta cuando ya no es necesario insistir en tener la razón a fuerza.


  Los seres humanos tenemos una alta resistencia a sentirnos vulnerados, a doblegarnos, lo que en el fondo es una cuestión relativa al ego y no a nuestra propia condición humana, pues nada cuesta aceptar, escuchar, trascender las cosas y dar la razón a la otra parte cuando amerite, lo que además es algo muy subjetivo, pues es un tema de enfoques.
 
  Cuando dos personas expresan sus diferencias al exponer sus argumentos y abren su mente para escuchar y comprender los de la otra persona es probable que ambas terminen su diálogo habiendo aprendido algo. 

  Sin embargo, si esta motivación no se da en alguna de las dos partes (o en ninguna), no solo será difícil aprender, sino que el estrés y la tensión prevalecerán.

  Aprender de la sabiduría, cada día, día a día, momento a momento, sin juicios, sin criterios, sin creencias, solo un espacio único y limpio para escuchar y recibir.


 El perdón siempre debe estar bajo puntos de acuerdos, no solamente es ceder para dejarle toda la razón al otro ya que nosotros también tenemos situaciones que nos aquejan y nos desestabilizan que deben ser cambiadas.

  La paz es algo que se debe construir desde la individualidad y así contagiar a otros con la misma sensación. Seguro que desde el puesto que cada uno tome y asuma, será de gran ayuda y utilidad para una sociedad libre de conflictos y de guerra.

  Ser selectivo es una cualidad que nos puede ahorrar sufrimiento. En este caso, la virtud de elegir cómo y con quién discrepamos puede proteger algo tan valioso como nuestra paz interior.


Fuente: Rincón del Tibet - Sarah Espejo  / La mente es maravillosa por Alberto Álamo / Mente asombrosa
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