La actitud es contagiosa: rodéate de quien saque lo mejor de ti

Si la actitud es lo más importante que llevamos puesto, entonces cuida bien de que nadie desnude tus propósitos y que nadie desgaste de «imposibles» tus puntos fuertes y tus ribetes de esperanzas. 



  No permitas que desabrochen tus anhelos al hacerte creer que «tú no vales, tú no puedes o tú no mereces». Nuestra actitud representa un porcentaje muy importante de la capacidad de influencia que tenemos sobre lo que nos sucede, así que no lo hagas, no permitas que te roben tu mejor vestido.

  La actitud es una parte importante de nuestras vidas, pues forma parte de cómo te presentas ante el mundo. Sin embargo, no es un temario de escuela, nadie te enseña cual es la mejor actitud ante los problemas ni con tu entorno. Tampoco te explican que debido a una buena o mala actitud se te pueden abrir o cerrar puertas.

  De hecho, la realidad es que tu actitud forma parte de tu personalidad y tu entorno es capaz de percibirte y hacerse a una idea, de quién eres y cómo eres.


  Dicen que cuando repiten una mentira más de mil veces se convierte en verdad, y en ocasiones, a nuestro al rededor tenemos personas que no creen en nosotros o que no nos desean bien, y nos terminan perjudicado.

  No definirán quienes somos, pero si nos repiten que no podemos alcanzar una meta, pueden ayudar a desmotivarnos. Todo lo contrario pasa con aquellos que nos desean el bien, nos suman, nos motivan a intentar eso a lo que quizá no nos atrevemos.

  La aptitudes suman, no hay duda, demostrar que podemos hacer bien una tarea concreta es muy gratificante, es cierto. Sin embargo, lo que «multiplica» son las actitudes, porque son ellas las que marcan la diferencia entre un buen día y un mal día, son ellas las que nos confieren optimismo cuando todo está en nuestra contra.


  Muy pocas veces se enseña a cultivar una buena actitud y se corrigen las malas actitudes. Se les da prioridad al conocimiento y a las aptitudes, cosechando el crecimiento técnico dejando de lado el aspecto humano de las personas. 

  Esta decisión lleva a que las actitudes buenas o malas se acentúen y  pasen a ser parte de tu “forma de ser”.

  Esta acción, crea el escenario perfecto para justificar tus actitudes bajo el “así es como hago las cosas”, entre otras excusas. Y no se reconoce el valor de estas opiniones para el crecimiento personal.


  Sea como sea, lo que sí debemos tener claro es que la actitud es un valor personal en el que trabajar a diario. Porque cuando menos lo esperemos, puede flaquear o lo que es peor, puede debilitarse por la influencia nociva de esas terceras personas.


 La vida siempre pondrá ante nosotros diez, cien, doscientos retos cotidianos… Hay que ver estas pruebas como desafíos de los que aprender para invertir en nuestro crecimiento personal, en nuestro equipaje de vida, ahí donde sentirnos auténticos protagonistas del propio bienestar logrado.


Fuente: Guía de Salta / UPSCL / La mente es maravillosa / Ignis
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