Trata a tus hijos como te gustaría ser tratado y no te equivocarás

‘Trata a los demás como quieres que te traten’ es un principio de moral que a muchos padres se les olvida aplicar con sus hijos. Pensando que ellos tienen el poder sobre los hijos, olvidan que ellos no tienen poder sobre ellos, lo que tienen es la responsabilidad de convertir a esos preciosos niños en adultos de éxito. 



  A través de su propio ejemplo y con una buena guía que les señale el camino correcto, pero con la flexibilidad suficiente como para poder respetar la idiosincrasia individual.
 
  Estás irrespetando a un hijo cuando no escuchas sus opiniones, cuando no le pones los límites que necesita y dejas que haga lo que le viene en gana, cuando crees que por ser niño o niña no tiene preocupaciones.

  ¿Te gustan los gritos, los regaños, los reproches? A los niños tampoco, como no les gusta que revises sus cosas, leas sus diarios, o te entrometas en sus vidas al grado de querer vivirlas por ellos o ellas. 


  También es muy importante que enseñes a tus hijos a demostrar amor, pues si un niño o niña no recibe muestras de afecto jamás podrá darlas.

  A veces queremos creer que niños y niñas estarán bien mientras tengan resuelto el aspecto material de alimento, vestido y hasta juguetes, pero más que cosas, te necesitan a ti, pues no son personas en miniatura, son seres entendiendo el mundo.

  Así que si los tratas como tales, no te equivocarás. Tu hija o hijo merece ser tratada con el arte de la escucha, la paciencia y la grandeza del afecto. 

  El instinto de una madre o la capacidad natural de un padre a la hora de intuir las necesidades de sus propios hijos es sin duda la mejor estrategia a la hora de educarlos. 

 Los niños llegan al mundo con una bondad innata, así que merecen ser tratados con respeto para salvaguardar esta nobleza de corazón, atendiendo con naturalidad y sin miedo cada acontecimiento que nos traiga el día a día.


Los niños son buenos por naturaleza


  Los niños son buenos por naturaleza, cuando llegan al mundo son como un libro en blanco que hay que escribir. 

 Tu ejemplo y tus enseñanzas como padre o madre será el contenido de ese maravilloso libro. Los niños son nobles y para que sigan siéndolo tienes que tratarles desde lo más profundo de tu corazón con afecto y sin inseguridad.


Los niños son buenos


  No tengas miedo de ser padre o madre, habrá días que sean mejores que otros. Tampoco te obsesiones si no puedes apuntarle al mejor colegio de la zona o si no puedes comprarle lo mismo que tienen sus amiguitos de escuela… Ellos no necesitan nada material para ser felices, te necesitan a ti.

  Tu hijo necesita entender al mundo a través de tus enseñanzas. Ellos actúan dependiendo de sus necesidades emocionales y jamás actuarán por maldad.

 Si crees que un niño no se está comportamiento bien, deja por un momento el comportamiento a un lado e intenta escuchar las emociones que se esconden detrás de esa mala conducta.


La crianza autorregulada: comprender y acompañar


  La crianza autorregulada se nutre directamente de las teorías del apego formuladas en su día por el psiquiatra Wilhelm Reich.

   Ahora bien, a día de hoy vuelven a estar de actualidad porque ensalzan una serie de conceptos clave mediante los cuales, conectar mucho mejor con la infancia, con sus tiempos, con sus necesidades.

  Una madre es más eficaz que nunca cuando confía en su instinto, cuando lee en los ojos de su hijo aquello que de verdad necesita.


  Lo interesante de este enfoque es que se entiende la autorregulación como sinónimo de vida, de la necesidad de tomar contacto primero con nuestra propia complejidad personal para entender que también el niño tiene sus necesidades, sus propios conflictos generados, a veces, por una sociedad que no comprende la infancia ni al infante.

  La interacción con sus entornos a través de los cinco sentidos y de las relaciones con sus iguales mediante la alegría, también nos ofrece un modo interesante de favorecer su desarrollo psicosocial.

 No obstante, y sea como sea el enfoque con el que elijamos criar a nuestros hijos, no debemos olvidar algo tan sencillo como tratarlos con esa fórmula mágica certera e infalible: el amor.


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