En mi casa se dan besos y abrazos, se dan las gracias y los buenos días

La casa, el hogar, es el primer entorno social que nuestro hijo se va a encontrar. Más allá de la decoración física se halla todo un mobiliario emocional.



  Son muchas las personas, o mejor dicho las familias, quienes a diario dan lo mejor de sí mismos para hacer que todo vaya tal y como debería ser, pero otras no lo hacen de esta manera sino que se basan en algo mucho más del espectro de los sentimientos.

  A su vez, algo que como madres y padres deberíamos tener muy claro desde un principio es el tipo de enfoque que vamos a seguir en la crianza.

 Cada palabra, cada acto y cada gesto va quedar impreso no solo en el cerebro de ese pequeño, sino también en ese tejido sutil e invisible que conforma un hogar.


  Los expertos en el clima psicológico de un entorno, saben que las interacciones creadas entre los miembros de un grupo social, como es una familia, construyen casi sin saberlo toda una atmósfera donde a menudo, puede hacerse una rápida lectura emocional. 

  A veces,basta con ver un rostro o el tono de voz con el que se comunican los integrantes de una casa para saber si allí reina la felicidad o si es la infelicidad la que inunda los suelos y las paredes.


Nada mejor que la familia, nada mejor que estar en su casa


  Como ya es sabido, las familias pueden muchas veces ser nuestros mejores amigos e incluso nuestro peor enemigo, pero eso no quiere decir que esto no se pueda resolver, si hacemos las cosas bien, es más posible de lo que crees.

  Son muchos quienes consideran que el secreto de tener una muy buena relación familiar se basa en el cariño y en el respeto de los unos con los otros y sí, esto puede ser así, aunque creas que es algo sin significado alguno, tiene más significado de lo que crees.

  Una buena relación familiar hace un entorno perfecto para el crecimiento de nuestros niños y es que al fin y al cabo, el hogar es el primer entorno en el que este se desenvuelve.


 Mi casa es pequeñita, pero los corazones que habitan en ella son muy grandes

  
  Hay casas que son más grandes por dentro que por fuera. Hay casas donde basta con cruzar el umbral para aspirar el equilibrio, el afecto impreso en los rostros, el respeto flotando en el ambiente y la felicidad de un niño que crece pensando que está en un castillo.

  Esos son sin duda los hogares más felices, ahí donde por lo general, se dan estas características sobre las que vale la pena reflexionar unos instantes.

  Como padres y madres, debemos tener en cuenta que enfoque seguiremos para criar a nuestros pequeños y es que cada acto, cada palabra tanto queda en el cerebro de nuestro pequeño como también en los tejidos de la casa.


  De nada sirve que unos padres se traten mal y le den amor a sus hijos, el amor debe ser expresado en todos los ámbitos y por todas las personas que habitan dentro de ese hogar, el amor debe sentirse, ese equilibrio y ese respeto, las emociones positivas.

Al tener un lugar así, con un ambiente de este tipo, propiciamos el crecimiento adecuado de nuestros hijos, y esto sin duda será maravilloso tanto para ellos como para nosotros.


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