Nuestro peor error ortográfico es no saber poner punto final

A veces nuestros peores errores ortográficos no los cometemos al escribir, sino en nuestra vida real,  y es cuando no sabemos cómo poner un punto final a situaciones que no necesitamos ni nos hacen bien. 





   La enseñanza que debemos tomar de esta frase es poner en práctica nuestro coraje, porque ese es el punto de partida para poder crecer.

  Tenemos que aprender cómo cerrar ciclos y relaciones, a pesar de lo difícil que pueda resultar, en especial porque casi nunca podemos tener la certeza de hacer lo correcto al dejar atrás a ciertas personas o momentos que alguna vez nos hicieron sentir bien.


  Pero llega un punto es que es necesario terminar etapas y hasta resulta inevitable hacerlo.

  Eso de “lucha por lo que realmente quieres hasta el final” puede ser muchas veces nada más que una excusa para nuestro temor e inseguridad emocional por tomar decisiones definitivas. Y eso hace que sea tan difícil de llevar adelante.


Nuestro peor error: dejar los puntos suspensivos donde debemos poner punto y final


  Esa mala costumbre de poner puntos suspensivos en cada ocasión que no sabemos o no queremos terminar con algo acaba por impedirnos crecer y aceptar las decisiones que tarde o temprano tendremos que tomar. Y lo más probable es que más tarde será aun más incómodo y difícil.

  Si no nos abrimos a lo nuevo nunca veremos el verdadero esplendor de la vida. Si no nos abrimos a la posibilidad de dejar ir y soltar lo que ya no nos hace bien, nos ahogaremos en la incapacidad de liberarnos y seguir adelante.

  La resistencia y la tenacidad son muy valiosas, pero cuando se convierten en un obstáculo que nos estanca en nuestro camino, se parecen más a una terquedad que nos impide disfrutar de nuestras propias vidas y emociones.

  Y no debemos dejar que la negación nos impida verlo. Estaremos dejando que falle nuestro coraje y esa carencia de recursos emocionales nos encerrará en una realidad emocional que será cada día más negativa.  


 Así, mientras insistimos en creer que la situación es “algo temporal” y rechazamos tomar la decisión necesaria que nos marcan nuestros sentimientos  y pensamientos, solo estamos dejando que la situación empeore ante nuestra postergación.

   La verdad es que una ruptura de relaciones o con el pasado no es nada para tomar a la ligera, y es natural que demoremos llevarla a cabo.  

 Aun así y a pesar de que pueda ser necesaria, al hacerlo primero nos sentimos confundidos ante la nueva situación, irritables o heridos. Incluso podemos dudar de haber hecho lo correcto en una primera etapa. 

  Pero si estábamos en una relación que no nos hacía felices, ¿qué estábamos ganando ya en esa situación? 


  Seamos realistas: si esperamos  que lo bueno llegue, tenemos que dejar ir lo que nos estanca. Y jamás podremos seguir adelante con pesadas cargas que nos anclan.


  Dejar ir. Decir adiós. Soltar. Simples palabras con profundas implicaciones y que necesitan no menos grandes acciones. Esas metáforas comunes nos enseñan que no vale la pena permanecer en situaciones que nos hacen sufrir. 

  Nunca vayas ni te quedes donde sabes que no te quieren. Esa es una lección que debemos aprender desde pequeños, así cuando sea necesario priorizaremos nuestro bienestar emocional y nuestro corazón por sobre las apariencias o el qué dirán.



  Cualquiera daría cualquier cosa por mantener las posibilidades abiertas. Sin embargo no queda más remedio que poner un punto final donde tantas veces dejamos esos puntos suspensivos que mantenían la cuestión sin resolverse.    

 Se trata de un principio que no debemos abandonar por nuestra salud emocional, para valorarnos y proteger nuestro corazón. Ir por la vida en primera persona al momento de priorizar nuestros sentimientos, no por egoísmo, sino por salvaguardarnos.

Sin perder la ilusión ni la alegría, pero tampoco dejando que el temor o la desidia decidan por nosotros. Muchas veces es complicado y triste deber poner ese punto final a nuestras historias. Pero si no lo hacemos no dejamos que empiecen nuevas historias que pueden ser aún mejores y más maravillosas.




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