Cuando las relaciones se enfrían: la distancia emocional

Existen mil y un motivos por los cuales se puede romper una relación, pero los conflictos no son uno de ellos, a pesar de que normalmente los culpamos de las rupturas. 




  En realidad, los conflictos suelen ser solo la excusa, las relaciones se rompen porque no sabemos gestionar esos conflictos, de manera que terminan generando una distancia emocional insalvable.

  En ese momento en que la persona siente que algo extraño pasa porque comienza a ver cosas que no le gustan de su pareja pero antes no lo percibía, se generan sentimientos de duda y confusión, casi todos atraviesan por esto en algún momento.

  Cuando las relaciones se enfrían y surge la distancia, debemos ser consecuentes. A veces merecerá avivarse esa relación en otros casos, deberemos dejar ir con respeto y sabiduría emocional.

  La mayoría de esas rupturas o distancias no se dan siempre de forma brusca y de un día para otro. 

 Por lo general, los finales vienen precedidos por un sutil y progresivo distanciamiento. La falta de complicidad, las miradas que ya no se buscan y las risas que ya no bifurcan en las mismas cosas suelen ser las primeras pistas.

  La distancia emocional siempre duele y más si hay una parte que sigue alimentando y creyendo en dicho vínculo. 

 No obstante, cabe señalar que, a menudo, también la otra parte sufre al acumular cierta sensación de culpa o remordimiento. Sea como sea, en todas estas situaciones hay algo que queda en evidencia: nuestra deficiente habilidad para gestionar los finales.

  Una resolución adecuada siempre facilita el avance hacia esa nueva etapa. En caso contrario, y más si estamos obligados a hacer frente al ghosting (ser abandonados de forma brusca y sin explicación) nos puede costar un poco más superar dicha experiencia. 

 Sin embargo, todos tenemos en nuestro interior los recursos adecuados para hacer frente a este tipo de vivencias.


EL AMOR QUE PASA DE LA DULZURA A LA AMARGURA


  Se necesita inteligencia emocional para comprender que es normal que todas las parejas pasen por etapas. En algún momento se acaba la dulzura de la luna de miel que sentían vivir, para dar paso a los defectos que aparentemente empiezan a emerger.

  Así, en un estudio publicado por Charlene Belu y Brenda H. Lee, de la Universidad de Cambridge, señala que pocas cosas suelen ser tan complejas para el ser humano como dejar ir una relación.

  Algo que pudo demostrarse en este trabajo es que, a menudo, necesitamos saber o clarificar bien el por qué de ese final, para poder rehacer nuestra vida.


Formas negativas de finalizar una relación


  Tal y como hemos señalado al inicio, la dinámica más dañina e inadecuada para afrontar el fin del vínculo es desaparecer sin decir nada. El ghosting es, a día de hoy, una práctica recurrente que se experimenta tanto en relaciones de pareja como de amistad.

- La culpa no es tuya es «mía». 


 Con esta frase tan conocida y recurrida elegimos liberar a la otra persona de toda (supuesta) responsabilidad, para hacer uso de excusas como «tú mereces algo mejor», «esto me supera y creo que no te doy lo que necesitas». 

 Todo ello es un modo de camuflar una sencilla evidencia: que nuestros intereses son otros, que ya no amamos a la otra persona.


- El iceberg quebrado. 


  El recurso del iceberg es otra de las estrategias más comunes. Se trata simplemente de permitir que la relación se enfríe cada día más, negando evidencias, dando largas hasta que finalmente, esa relación ya congelada termina hundiéndose y quebrándose por sí misma.

  Ahora bien, en todos esos casos, tanto para avivar el vínculo y salvarlo como para darlo por finalizado, necesitamos ser personas emocionalmente competentes. Y esa materia no se enseña en las escuelas.  

Porque cada vínculo, ya sea de pareja o de amistad, merece ser respetado en cualquiera de sus etapas. Saber dejar ir con integridad y respeto, también dice mucho de nuestra calidad humana.

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