La madrugada pertenece a los enamorados, a los soñadores y a los lectores

En la madrugada nuestros pensamientos vuelan como telegramas en busca de destinatarios. Es esa línea mágica entre la noche y el día donde habitan los lectores empedernidos, los soñadores melancólicos, las mentes creativas y esos amantes que entre caricias y confidencias se desnudan en ropa y en emociones…



  La madrugada, como podemos ver, no es solo el territorio de los insomnes o los noctámbulos. En realidad, es un escenario especialmente evocador para nuestro cerebro.

  Es entonces cuando se siente libre de estímulos exteriores para conectar con espacios mucho más íntimos, libres y creativos. De hecho, incluso nuestra bioquímica cerebral se ve alentada por otros engranajes muy diferentes a los que nos rigen a lo largo del día.

Dormir de día, trabajar de noche 


  "Nuestro cuerpo es sensible a interrumpir el llamado ritmo circadiano de actividad-reposo. Este funciona como un reloj biológico que sigue el ciclo de que durante el día uno está despierto mientras que por la noche se debe  dormir", afirmó el especialista.  
  
  También dicen que al que madruga, Dios le ayuda, pero quienes son aves nocturnas también tienen muchos beneficios por ser como son y es tiempo de que sean reconocidos. Atención: no estamos en contra del sueño reparador. 


  Dormir el número de horas adecuadas es indispensable para la salud física y mental de cualquier humano, pero si tu ritmo de vida te permite permanecer despierta por más tiempo, puedes tener una predisposición natural para hacerlo.

  Así transcurren tus días en general: permaneces en vela hasta muy tarde y no importa lo mal que te sientas durante el día o cuánto trabajo esté pendiente, nunca habrá mejor momento que la noche para recuperar tu energía y ponerte al día con los proyectos. 

 Para ti no hay nada como estar despierta hasta la madrugada, porque en esos momentos de paz sin distractores es cuando las ideas surgen y tu imaginación se dispara como a ninguna hora del día.


Y esa característica ¡es signo de tu inteligencia! 


  De acuerdo con un artículo publicado en The Huffinton Post, quienes se alejan del patrón normal de sueño son considerados más inteligentes que el promedio.

  Esta conclusión es apoyada por una investigación que sugiere que quienes crean nuevos patrones evolutivos (comparados con quienes se apegan a los patrones normales desarrollados por nuestros ancestros) son los más desarrollados.
 
  Lo anterior tiene mucho sentido. Después de todo, los primeros en cambiar o en buscar la novedad son siempre los más progresistas e inteligentes en las sociedades. 

  Investigadores de la Universidad de Madrid, después de analizar los patrones de sueño de mil estudiantes, encontraron que quienes se acostaban más tarde (y en consecuencia despertaban más tarde) tuvieron una mayor puntuación en pruebas de razonamiento inductivo, que están asociadas con la inteligencia general.

  Son muchas las personas que llegan a la cama descansadas, pero en lugar de dormir, en lugar de rendirse al placentero refugio de la almohada, sienten cómo sus mentes se encienden y se afinan. Como radares esperando captar señales de las estrellas. 


 Es un momento donde la lectura apetece, porque se hace más vivida, porque entre ese mar de letras y nuestra mente hay una arteria invisible que bombea con más fuerza. Lo mismo ocurre con nuestra creatividad o incluso con el amor.

  Porque a esas horas en que la ciudad se apaga es cuando las emociones se encienden con más intensidad.

Experimentan las partes del día en las que están más despiertos


  Por otra parte, si en cambio eres de las personas que se levantan de madrugada, por ejemplo cuando te levantas a las 6 de la mañana, por lo general ya estarás rendida para las 5 de la tarde. Puedes empezar el día con mucha energía pero hacia mediodía ya estarás de salida.

   En un estudio de la Universidad de Bélgica se midió la actividad cerebral después de que 15 madrugadores y 15 trasnochadores despertaron y al pasar 10.5 horas.

  Ambos grupos tuvieron el mismo nivel de energía al despertar, pero 10 horas más tarde los madrugadores presentaron actividad baja en regiones del cerebro relacionadas con la atención y el reloj circasiano, en comparación con los desvelados.


La madrugada, el hogar de los soñadores


  Dicen que la madrugada es el hogar de los soñadores, ese momento en que las estrellas cuchichean entre sí y donde algunos, tiene la facultad de poder escucharlas. Incrustados como estamos en esos horarios titánicos y poco conciliadores que acabamos de describir, apenas tenemos tiempo para estos momentos.

  Sin embargo, es común que llegado el fin de semana nuestro cerebro nos demande un rincón propio, unas horas de más donde liberarse.

El proceso por el cual lo consigue, es sencillamente fascinante.


Por la noche tu cerebro funciona a otro ritmo


  La corteza cerebral es esa área donde se concentran una serie de  regiones responsables de tareas como la atención, planificación, la memoria de trabajo o las recompensas.

  Es un área que está muy activa por el día gracias a un aporte regular de dopamina. No obstante, cuando la oscuridad acaricia nuestra glándula pineal, ese aporte disminuye e invita al recogimiento.

 La corteza cerebral, por así decirlo, se desconecta o entra en estado de «stand by» porque ya no hay tantos estímulos externos que procesar, que gestionar o que afrontar.

  La noche, así como la madrugada, son instantes de sutil complacencia para un cerebro que desea enfocarse en otras áreas. Es entonces cuando se abren los umbrales de esos rincones fascinantes como son la imaginación, la emoción, la introspección o la reflexión.

Es el momento de «otro» tipo de energía


  Seguro que tú mismo lo habrás experimentado más de una vez. Irte a la cama con algún problema, falto de ideas o preocupado y de pronto, despertar al amanecer con la mente clara y despejada como la superficie de un espejo.

  Las respuestas empiezan a llegar. La inspiración florece, las emociones se afinan, nuestra capacidad para sentir, conectar ideas o visualizar imágenes mientras estamos sumidos en la lectura, se intensifica más aún.

 No es magia ni ninguna capacidad sobrenatural. Es el motor de nuestra neuroquímica que ve en la noche el instante perfecto para focalizar toda su energía y recursos en el propio cerebro.


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