Formas en las que destruyes la autoestima de tus hijos

Una buena autoestima se desarrolla principalmente con el reconocimiento de nuestros puntos fuertes, pero también de nuestros límites.



  Si en vez de decir a tu hijo “te quiero” y “bien hecho”, usas con más frecuencia “siempre haces todo mal” o “nunca debiste nacer”, detente. Estás destruyendo la autoestima del niño.

  Hoy sabemos que la confianza en uno mismo y el sentimiento de sabernos amados permiten afrontar mejor los fracasos y las desilusiones que inevitablemente llegan a la vida de cada ser humano.

  Para que un niño adquiera una imagen positiva de sí mismo, va a necesitar de sus padres porque ellos serán quienes jueguen el rol principal en la construcción de esta confianza.


  Los niños necesitan de nosotras apoyo y empuje todo. Aunque nos parezca una tontería, para los ellos no lo es en absoluto. Unas palabras de aliento, el decirles qué camino tomar y mucho amor es lo que todo niño debe tener.

  La autoestima es uno de los bienes intangibles más apreciados del ser humano. Sin ella, somos incapaces de realizar una valoración positiva de nosotros que nos permita desarrollarnos en el ámbito social. Además de auto protegernos, y amarnos.


  Nuestras palabras y acciones muchas veces no están formando seres humanos capaces sino ocasionando una profunda tristeza y una baja (o a veces nula) autoestima.

  Los niños aprenden y crecen a cada paso, algunas veces tropezarán y caerán. Unas veces podrás protegerlo, pues es lo que seguramente toda madre o padre quiere, pero otras veces no. Hay que enseñarlos a levantarse y sobreponerse.


Insistes constantemente en sus errores


  Sin errores no hay aprendizaje. Vivir se trata de cometer errores, darse cuenta de ello y aprender cuál es el camino correcto. 

  Sin embargo, si en vez de motivarlo a aprender, insistes constantemente en señalarlo por sus errores, no solo destruyes la autoestima de tu hijo: también minas las posibilidades de aprendizaje.

Lo comparas con otros niños


  Con las comparaciones destruyes la autoestima de tu hijo. Comparar a un niño con un hermano o con otro niño de la escuela o el vecindario es un ataque fulminante.

  Un niño no necesita oír de sus padres «Tu amigo juega es mejor que tú» o «Mira qué buena estudiante es tu hermana«. Ni lo ayudas a mejorar ni a esforzarse más, solo le haces creer que es «inferior» al otro, cuando es único.


Esperas y exiges el éxito


  Exiges a tu hijo altas calificaciones y no toleras que no lo logre. Mides las capacidades de tu hijo en función de la nota que aparece en el boletín escolar. No valoras el esfuerzo que realiza, ni el compromiso ni la responsabilidad.

  Si tus hijos fracasan o se equivocan, no buscas entender las razones. Prefieres renegar de sus capacidades y, en los casos más extremos, hasta de tu paternidad o maternidad.

Exiges obediencia absoluta


  Los padres controladores que no admiten sino la obediencia ciega son muy negativos para los hijos. Los niños deben cumplir normas ciertamente, pero también tienen derecho a opinar y a que su punto de vista sea escuchado.


Te burlas o minimizas sus sentimientos


  Un niño que se siente mal por alguna circunstancia, no le fue bien en un examen o peleó con un amigo no necesita que sus padres se burlen o minimicen sus sentimientos. La burla lastima. La desvalorización de sus sentimientos lleva al niño a pensar que no te importan sus problemas.

La autoestima motiva e inspira


  El psicólogo venezolano Pablo Ríos Cabrera, en su libro titulado Psicología: la aventura de conocernos, comenta que la autoestima está relacionada con las expectativas y el éxito.

  Es decir, la autoestima nos impulsa a crecer, perseguir nuestras metas con la finalidad de alcanzar el éxito en las mismas.

  Por ejemplo, imaginemos que nuestra hija desea ser astronauta. Ella se formará ciertas expectativas al respecto en las cuales visualiza cómo su sueño estará realizado.

  Si la niña logra esto, se trata de un indicador de una autoestima saludable. Si, al contrario, se le dificulta demasiado generar expectativas en las cuales se vea haciendo realidad su sueño, Houston, tenemos un problema.


¿Cómo ayudarlos?


  Muchas veces sabemos lo que no debemos hacer pero no tenemos claro qué debemos hacer. ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a fortalecer su autoestima? Aprovecha tu influencia sobre tus hijos y contribuye a hacer de ellos seres confiados y seguros. Te dejamos algunos consejos.

- Lo primero, dile que confías en él.

- Valora sus esfuerzos. ¡El esfuerzo muchas veces es más importante que el resultado! Y eso aplica tanto a grandes como a chicos.

- No se trata de festejar todo lo que hace, sino de notar y hacerle notar que ves lo bien que ha hecho un trabajo o lo importante de que haya encontrado una solución a un problema. Esto es muy importante para él.


- Tal vez en algún momento debemos enfrentarnos al hecho de que tu hijo tiene dificultades para realizar algo en concreto. Todos tenemos limitaciones y de hecho nadie puede hacer absolutamente todo bien. Es importante destacar el progreso, el esfuerzo y el empeño puesto es mejorar.

- Explica a tu hijo que un error no tiene que verse como un fracaso, y un fracaso puede ser la oportunidad para generar algo nuevo y mejor. Muéstrate orgulloso de él aunque se equivoque y reflexionen juntos sobre cómo hacerlo mejor la próxima vez.

- Ya desde muy pequeños nuestros hijos pueden realizar pequeñas tareas en el hogar. Ordenar sus juguetes, hacer su cama, lavar su taza. Darle responsabilidades es una oportunidad para que desarrolle sus habilidades y se sienta orgulloso de sus logros.

- Pasa tiempo con tus hijos. Sabemos que las obligaciones que tenemos son muchas y también los padres estamos muy exigidos, pero darle tiempo de calidad a nuestros hijos les hará saber que te interesas por ellos.


- Demuestra a tu hijo que lo amas sin condiciones y que tu cariño no está condicionado a sus logros o a su apariencia física.

- Deja que tu hijo te cuente cómo se siente y exprese sus sentimientos. ¡Anímalo a esto!

- Intenta que tu hijo aprenda a conocerse a sí mismo. Ayúdalo a descubrir cuáles son sus mejores condiciones.

- Permite que de a poco vaya tomando sus propias decisiones. Puedes empezar por dejar que escoja qué ropa ponerse, por ejemplo.

- Anímalo a aceptar desafíos acordes a sus posibilidades.

- Sé realista en cuanto a las expectativas que tengas sobre tus hijos.

  Como adultos ya hemos atravesado éxitos y fracasos y sabemos que son inevitables. Podemos guiar a nuestros hijos, pero no podemos ponerlos a salvo de todo lo que pueda acontecer en sus vidas. Ellos deben transitar sus propias experiencias.


  Poco a poco aprenderán a desarrollar mayor autonomía, habilidades y competencias que les harán vivir éxitos y también fracasos, algo a lo que no debemos tener miedo, porque es importante destacar que es una forma de volver a empezar.

  La perseverancia no está instalada en nuestros hijos. Es normal que los niños no quieran hacer un segundo intento en algo con lo que no les fue bien. Y precisamente nuestro rol es el de animarlos a volver a intentarlo.

  Estimularlos y reconocer el esfuerzo, que ya en sí mismo es un logro, los hará sentirse especiales y cuando veamos la alegría reflejada en una sonrisa será nuestro turno de recibir una cuota de autoestima al deleitarnos disfrutando de los frutos de todo lo que hemos sembrado como padres.



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