Con el tiempo aprendemos a querer más pero a menos gente

Según nos hacemos mayores nos damos cuenta de que, en materia de amistad, prima más la calidad que la cantidad, y solo aquellos que valen la pena permanecen ahí con el paso del tiempo



  Conforme crecemos, descubrimos que la amistad es una de las bendiciones más grandes que la vida nos otorga, pero también aprendemos a observar con una lupa distinta, y preferimos quedarnos sólo con las personas que valen la pena y nos aprecian sinceramente aunque las contemos con una sola mano.

  Con el tiempo descubrimos que aquella persona que creímos muy cercana nos traiciona, o de buenas a primeras hay relaciones que se resquebrajan por los celos o la envidia. 

  Hemos adquirido la capacidad de discernir entre aquellas amistades que están ahí siempre y las que sólo permanecen por conveniencia; nos hemos vuelto más selectivos y nuestro grupo de verdaderos amigos termina por reducirse de manera drástica.


La amistad cuanto más profunda, más placentera


  Es muy común sentirse solo pero acompañado. Del mismo modo podemos afirmar que es frecuente que esta sensación se haga más habitual y presente según vamos cumpliendo años.

 De hecho hay estudios que lo afirman: cada año que pasa nos ayuda a primar la calidad sobre la cantidad.

  Digamos que acabamos seleccionando y anteponiendo a aquellas personas con las que cuadramos mejor y que sentimos que nos aportan un bienestar más pleno a todos los niveles: social, emocional, cognitivo, etc.

  De alguna manera nuestro concepto de amistad va cambiando a lo largo de la vida. Cuando somos pequeños todos son nuestros amigos, excepto si un día nos enfadamos por un juguete. 


  Da igual porque ninguna afrenta es duradera, lo cual de adultos nos resulta verdaderamente enternecedor observar.

  Conforme crecemos, descubrimos que la amistad es una de las bendiciones más grandes que la vida nos otorga, pero también aprendemos a observar con una lupa distinta, y preferimos quedarnos sólo con las personas que valen la pena y nos aprecian sinceramente aunque las contemos con una sola mano.

  Con el tiempo descubrimos que aquella persona que creímos muy cercana nos traiciona, o de buenas a primeras hay relaciones que se resquebrajan por los celos o la envidia. 

  Hemos adquirido la capacidad de discernir entre aquellas amistades que están ahí siempre y las que sólo permanecen por conveniencia; nos hemos vuelto más selectivos y nuestro grupo de verdaderos amigos termina por reducirse de manera drástica.


  Compartimos las alegrías


  Los amigos verdaderos son los primeros en celebrar nuestros triunfos, y también acompañarnos en nuestras penas.

No nos interesa tener muchos amigos, sino sólo los mejores


  En este punto de nuestras vidas hemos aprendido que la amistad es algo demasiado importante como para abrirle la puerta a cualquier persona, así que seleccionamos entre aquellos que pueden ser confiables  y brindarnos cariño y los que no; mientras que a los 15 o 20 años lo único que nos interesaba era conocer gente nueva y experimentar.


Amistades cálidas, puras y sinceras

  
  Eso es lo que buscamos en na amistad. Ya no importa tanto estar pegados todo el día porque en ocasiones deseamos experimentar esa sensación de estar solos pero sentirnos acompañados; buscamos personas que nos aporten bienestar, estabilidad y cosas positivas a nuestra vida.

Somos 


  Existen vínculos impuestos, que en las sociedades occidentales, básicamente están asociados a la familia, en los cuales debería reinar el afecto y éste trascender en el tiempo… 

  Y luego están nuestras querencias elegidas, que corresponden a las personas cuya esencia se adhiere a la nuestra y que con un tanto de cuidado contaremos con ellas a lo largo de la vida.

  Las decepciones en las relaciones interpersonales son muy frecuentes, en todo caso donde el ego tome participación, podrá un vínculo resultar amenazado. 


  Las personas con frecuencia velan por sus propios intereses, enaltecen el dinero por encima de la amistad, violan códigos, irrespetan acuerdos, engañan, traicionan y mienten y esto, dependiendo de la magnitud de la experiencia abrirá paso a la ruptura del cariño y del respeto.
 
  Lo ideal sería ir por la vida cultivando relaciones de calidad, incrementando nuestros afectos y procurando el bien para todo el que interactúe con nosotros, pero la realidad es que en muchísimos casos el tiempo nos dice que la situación ideal puede inclusive traducirse en utópica. 

  Porque a medida que vamos conociendo a la gente, nos damos cuenta de que muchas personas resultan descartables y unos cuantos podemos y vale la pena atesorarlos con el máximo cuidado para que permanezcan en ese lugar especial que tienen en nuestros corazones.


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