El mal hábito de sentirse ofendido por todo

Vivimos tiempos donde ofenderse por todo es la nueva norma. Las redes sociales tienen buena culpa de ello



  Todos hemos conocido a alguien que tiende a sentirse ofendido por todo. Es muy difícil tratar a este tipo de personas, ya que en cualquier momento se pueden mostrar molestas por algo que jamás se nos había pasado por la cabeza que pudiera molestarles.

  Lo complicado es que muchas veces se sienten molestos o incómodos por hechos o situaciones que realmente no lo merecen. Ya sea por una broma insignificante, un pequeño olvido o por el uso de una palabra que a ellos les resulta intolerable. 

 En algunas ocasiones lo que existe es un estado de extrema susceptibilidad. En otros, simplemente se ha asumido el hábito de sentirse ofendido por todo.


  Sin embargo, si descubres que a menudo te disculpas sin saber muy bien por qué, es probable que esa persona te esté manipulando emocionalmente, haciendo palanca en tu sensación de culpabilidad.

  Si a menudo te preguntas: ¿Qué habré hecho mal? ¿Cómo pude haberle ofendido? O siempre te disculpas con la misma persona usando frases como “Disculpa si algo de lo que he dicho o hecho te ha ofendido”, es probable que estés siendo víctima de una manipulación.

  Y es probable que detrás de esa situación se encuentre una persona muy susceptible, que se ofende por todo pero intenta culpar a los demás.

  Esa persona no suele gestionar bien las diferencias de opinión ni la crítica constructiva, por lo que reaccionará poniéndose a la defensiva e intentando minar tu seguridad.

 Esa actitud termina bloqueando las relaciones con los demás, además de generar mucho sufrimiento, casi siempre de manera innecesaria.


Las razones para sentirse ofendido por todo


  El sentimiento de ofensa tiene lugar cuando percibimos que los demás nos tratan con deprecio e inferioridad. También cuando no nos reconocen, o no reconocen lo que hacemos. Ciertamente esto ofende, pero, si somos sinceros, es el pan de cada día.
 
  Sin embargo, para algunas personas este tipo de situaciones resultan intolerables. No lo pasan por alto, sino que se detienen en ello. Sentirse ofendido por todo puede obedecer a diversas causas. Estas son algunas de ellas:


Sentimiento de inferioridad. 


 Cuando la autoestima no es sólida y no hay un ego fuerte, es posible que alguien llegue a sentirse ofendido por todo.

  Le parece como si los demás quisieran recordarle constantemente que es inferior. Sin embargo, es su complejo el que lo lleva a sentirse así.

Pensamiento rígido. 


  Corresponde a quienes piensan que las cosas se deben decir o hacer de una sola manera. 

 Cuando algo no cumple con esos parámetros, sienten que el orden ha sido quebrantado y se ofenden. Además, suelen ser muy susceptibles a los ataques en contra de sus creencias.


Egocentrismo.


  Dar una excesiva importancia al yo hace que nos volvamos un poco paranoicos. Terminamos asumiendo que todo gira a nuestro alrededor y que los demás siempre están comentando, mirando o señalando lo nuestro.

  Es recomendable tener cuidado al tratar temas como la religión, la sexualidad, las ideologías políticas o los nacionalismos. Son temas que despiertan todo tipo de susceptibilidades. Mucho más si alguien suele sentirse ofendido por todo.


Las ofensas y su verdadera importancia


  Muchos dicen: “Nadie te ofende. Eres tú quien se ofende”. Tienen razón. Cada quien tiene derecho a pensar, opinar y decir lo que considere. Hay un límite, por supuesto. 

  La violencia psicológica es inadmisible. Pero entre la violencia psicológica y una opinión o una actitud que no nos gusta, hay un gran trecho. Nadie puede vivir sanamente y sentirse ofendido por todo a cada instante.

Para ofender a alguien, se necesitan dos


  Damos por sentado que cuando alguien se siente ofendido, la culpa es nuestra. Le hemos ofendido con nuestras palabras, actitudes y/o comportamientos. 

 En realidad, esa es solo media verdad. Toda ofensa implica la existencia de “botones rojos” en el otro. Por eso, lo que puede ser una ofensa para algunas personas, para otras no lo es.


  Eso no nos exculpa. No se trata de cometer un sincericidio, decir lo primero que nos pasa por la cabeza y luego pensar que es el otro quien debe procesarlo de la mejor manera. Sin embargo, en todo conflicto, siempre hay dos partes, por lo que no es justo colocar la responsabilidad solo en una de ellas para hacerla sentir culpable.

  Somos responsables por nuestras palabras, pero no por lo que los demás interpreten. 

 Debemos esforzarnos por hacer llegar nuestro mensaje de la mejor manera posible, pero no tenemos la culpa de los “botones rojos” ajenos y, sobre todo, no estamos obligados a callar cuando algo nos atañe directamente solo porque la otra persona es muy susceptible. Después de todo, quien mucho traga al final se ahoga.


  Por supuesto, el problema surge cuando quien intenta manipularte son las personas más cercanas, aquellas que más te importan y en quienes confías. 

 Es difícil que caigas en las redes de manipulación de un extraño, pero cuando median las emociones, es más fácil ceder a esas tácticas. 

 Si ves que tus palabras pueden haberle hecho mal a una persona que quieres, es probable que tu primer impulso sea disculparte, aunque no sepas muy bien por qué.

Sin embargo, de esta manera pierdes una oportunidad preciosa para que vuestra relación crezca y, en su lugar, contribuyes a la manipulación y las conductas infantiles que terminan desgastando cualquier tipo de relación.


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