Carta a mi abuelo que está en el cielo y nunca dejaré de extrañar

La felicidad que uno siente al compartir momentos especiales con sus abuelos es única, así como es único el dolor que deja su partida. 



  Cuando somos jóvenes, es muy natural que creamos que las cosas son fáciles y divertidas. A medida que crecemos, la vida nos enseña que nada es para siempre y que lo mejor que podemos hacer es vivir aquí y ahora con nuestros seres queridos antes de que cualquier otra cosa suceda.

  Si te identificas con lo anterior y ya has perdido a un ser querido, deja de lamentarte, pues esos seres maravillosos que en vida nos dieron tanto, ahora son ángeles que nos protegen, por lo que debemos agradecer y sentirnos bendecidas por haber formado parte de su vida. 


  Esta carta es para todas esas personas que nos amaron cuando estuvieron a nuestro lado y que ahora nos cuidan desde el cielo. Esta carta es para ti, mi ángel de la guardia, a quien jamás dejaré de extrañar.

  Los abuelos son como los segundos padres y cuando dios decide que es momento de que ellos vayan al cielo a sentarse a su derecha, seguramente es una de las situaciones más dolorosa que uno puede vivir, así como fue el caso de Tiara Gómez, colaboradora de UPSOCL, una columnista que decidió escribir una carta a su abuelo que no deja de extrañar.


¿Quieres saber que decía la misiva? Entonces no dejes de leer:


  Mi cobardía me llevó a no despedirme de ti, tal vez, por eso es que aún no asimilo que ya no estás.Que sólo te encuentras en uno de tus tantos viajes, disfrutando de tu vida, pero no veo fotos, no veo cartas.

  Hoy, ya soy una mujer. Pero sigo extrañando los momentos más grandiosos de mi niñez. Nunca voy a olvidar tu sonrisa cuando me veías llegar a tu casa.

  Siempre malcriando a tus nietos, aún cuando tus hijos te decían que no. Las patatas fritas de media mañana y los chocolates de postre, nunca decías que no a un nieto tuyo.


  Hasta ahora, me siento en el patio de tu casa e imagino que estás escuchando tu música clásica, sentado frente al computador leyendo las noticias diarias. Pero no, no estás aquí, te encuentras de viaje. 

 En un viaje sin regreso, donde encontraste la paz que tanto buscaste. No me envías e-mails, pero se que estas mirándome. No hay fotografías, pues claro, en el cielo no hay cámaras.

  ¿Cómo estarás? ¿Será que en el cielo también te sientas a fumar tu pipa y sigues leyendo las novelas que te apasionan? Tú no me extrañas, pues me ves todos los días. Pero, aquí todos notan tu ausencia.


  En la casa, en los almuerzos familiares siempre te recordamos, contando anécdotas simpáticas que terminan en lágrimas en el rostro de la abuela. Si, 7 años y aún nos duele.

  Te fuiste rápido, sin presenciar mi culminación académica, mi primer empleo, y me duele que no estés para mi boda. Te hubiera encantado conocer a mi novio, y me hubiera fascinado que mis hijos conozcan a su bisabuelo.


Sólo una cosa te pido, cuando llegue mi hora espérame en la puerta del cielo. Porque es a ti el primero a quien buscaré en ese momento


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