Hay algo mucho más atractivo que el físico: la personalidad

Por suerte, no a todos nos gusta el mismo tipo de personas. La belleza es subjetiva y quien resulta atractivo para algunos puede resultar indiferente para otros.



  El atractivo físico siempre atrae, llama la atención y deslumbra, sin embargo, solo la personalidad llega al corazón y enamora. Es ella quien nos confiere carácter, fuerza, tenacidad y esa seducción que llega al alma y que afianza el vínculo de las almas gemelas, de esas personas que ven lo que es invisible a los ojos.

  Son muchos los libros, cursos y estudios que nos intentan revelar cuál es el tipo de pareja afectiva que más nos conviene en base a nuestra personalidad. Ahora bien, si hay algo que todos sabemos es que nadie puede ir con “filtro mental” intentando seleccionar quien sí y quién no. 

 El amor no suele pedir cita previa, simplemente llega, y lo hace a menudo con un “pack” bien completo: con un tipo de personalidad, un pasado, unos valores y una identidad.


El atractivo se expresa desde dentro hacia afuera


  Si tu no eres un chico malo, te gustará saber que el atractivo va desde adentro hacia afuera, porque realmente el atractivo físico tiene que ver con cómo te sientes tú respecto a ti mismo. 

  Las personas que pasan menos tiempo intentando mostrar una apariencia ficticia de sí mismos para gustar a los demás, pierden un tiempo valioso en encontrarse y desarrollarse en distintos campos de su vida. Cuando uno conecta consigo mismo, también es más fácil que conecte con los demás.


La personalidad que seduce es fiel a sí misma y respeta


  Un error que llega a cometer mucha gente es mostrarse de un modo distinto a como es en realidad para seducir, para encontrar pareja. 

  A veces, incluso se dejan de lado los propios valores para lanzarse al vacío de una relación presa de esa borrachera inicial del enamoramiento. Ahora bien, los desenlaces de estos inicios suelen ser, por supuesto, fatales.

- La personalidad que enamora, que trasciende y que deja marca es aquella que tiene como principal raíz la integridad.

- Si no le agradas a alguien por como eres, el mundo no se termina. De hecho, empieza: has descartado a alguien que lo único que podía traerte es infelicidad.


- Ser fiel a uno mismo no está reñido con ser fiel a la persona que amamos. Solo así amaremos con respeto, solo así daremos a entender que “tus necesidades son tan importantes como las mías”.

- Nunca intentaremos cambiar la forma de ser de la persona que amamos. No quieras que sea más simpático, que deje a un lado sus costumbres, sus rituales. De hacerlo, lo convertirás en una persona que no es, en alguien que dejará de quererse a sí mismo y por supuesto, hasta a ti.

Tal y como suele decirse, la belleza siempre llama la atención, pero la personalidad es la que enamora el corazón. Cuidemos pues de que esa personalidad sea siempre auténtica, sin fisuras y segura de sí misma. Solo así construiremos relaciones más duraderas y por supuesto, felices.


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