Sabios consejos para poder manejar las emociones en tu vida

Cuando la inteligencia emocional fue estudiada por primera vez, sirvió como el eslabón perdido en lo que al éxito se refiere.



  La Inteligencia Emocional, es un concepto que surgió en los años 80 gracias al psicólogo Daniel Goleman, la figura que popularizó este concepto. Este tipo de inteligencia se entiende como la habilidad de identificar, comprender y regular las emociones propias y las de los demás.

  Durante las últimas tres décadas, muchos estudios han demostrado que ser emocionalmente inteligentes significa gozar de una mayor salud mental y un mejor rendimiento, y por eso se aplica tanto en el ámbito clínico y terapéutico como en el laboral, educativo o deportivo.


Cuando hablamos de éxito, la inteligencia emocional es un factor clave para lograrlo.


  Las emociones siempre tienen una causa, ya sea una causa externa (un evento que nos hace felices o agresivos) o una causa relacionada con estados biológicos (como fatiga o falta de sueño) o incluso representaciones mentales (cuando pensamos en una situación, podemos sentir vergüenza por lo que hicimos, o miedo, tristeza, culpa, ira, etc.).

  Consideramos que las emociones son un modo preverbal de respuesta a las situaciones: a menudo aparecen antes de que nuestros pensamientos lleguen a nuestra mente, por ejemplo, cuando estamos enojados o tememos que nuestro cuerpo se tuerza y reacciona antes de que empecemos a mentalizar.


  Las emociones aparecen en nuestra mente a través de un sentimiento corporal y pensamientos o un cambio en nuestra visión del mundo.

  Aquí es donde pueden engañarnos por primera vez: es posible que tengamos la impresión de que es el mundo lo que plantea un problema, mientras que es nuestra visión del mundo bajo la influencia de emoción.

  Y luego, en una tercera vez, están las consecuencias de las emociones. Todas las emociones conducen a los llamados programas de tendencia a la acción. La ira empuja por acciones agresivas o violentas, la tristeza empuja la retirada. 


Los sabios consejos


  Afinemos nuestra atención para tomar conciencia de nuestras emociones negativas a medida que surgen. De lo contrario, se asientan y se extienden como veneno. 

  De hecho, es mucho más fácil trabajar en nuestras pequeñas molestias, nuestras pequeñas tristezas, nuestras pequeñas preocupaciones, nuestras pequeñas vergüenzas, que en las grandes llamas de las mismas emociones.

  Vamos a conocer mejor nuestras emociones. Los que contribuyen a la felicidad y el que la destruye. Esta atención y este conocimiento de las emociones nos darán poder sobre nuestras vidas.




Centrémonos en las emociones positivas como un antídoto para las emociones negativas.


  Liberémonos de emociones desagradables para dejar espacio a las emociones agradables. Al eliminar el odio, el resentimiento, la codicia y otras emociones perturbadoras de nuestro espacio mental, se da lugar al amor altruista, la alegría y la paz interior. 

  Amemos todas las emociones. Son señales de nuestras necesidades. Las emociones desagradables se activan cuando nuestras necesidades no se satisfacen, mientras que las emociones agradables nos dicen que estamos en el camino hacia nuestra realización.

  Cultivemos emociones agradables porque nuestro nivel de felicidad depende de la proporción entre éstas y las emociones desagradables. Es beneficioso para nuestra moral tener 2 a 3 veces más emociones placenteras que emociones desagradables.


  No consideremos la emoción como un adversario. Vamos a verlos eclosionar y desaparecer. En el caso de las emociones dolorosas, acéptelas y note su presencia para liberarnos de ellas.

 Práctica: es entrenando para observarlos que mejora. La meditación de atención plena ayuda mucho en esto.


Aclaremos la mente: para conocer la alegría, deshagámonos de los malos hábitos, los reflejos, los miedos, la codicia … por simplicidad.



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