Madres tóxicas: estas 7 características las vuelven insoportables

Madre no hay más que una, pero en ocasiones pueden generar mucho malestar a sus hijos. La mayoría de los padres y las madres hacen todo lo posible porque sus hijos crezcan sanos y felices, pero incluso siendo así, a veces cometen errores.




  Desafortunadamente, hay padres que van más allá del error ocasional y que pueden llegar a convertir la infancia de sus hijos en una experiencia muy negativa para ellos. En este caso, hablamos de lo que se conoce como “madres tóxicas”

¿Por qué las madres se comportan de forma tóxica con sus hijos?


  Muchas madres no se comportan de forma tóxica a propósito. En ocasiones las causas de ese comportamiento se hallan en la infancia que ellas mismas tuvieron.

  Cuando profundizamos un poco en su historia, encontramos que durante su niñez fueron controladas en exceso por sus progenitores o que estos las humillaban, maltrataban o se mostraban distantes emocionalmente.


  Como tenemos la tendencia a imitar el estilo educativo con el que crecimos, la historia se repite otra vez, pero en esta ocasión la víctima se convierte en verdugo. Se trata de un ciclo en el que la madre pone en práctica las formas de educar y amar que le inculcaron en su niñez, porque son las únicas que conoce. 

  Aunque resulta curioso que muchas de estas madres afirman que jamás les harían a sus hijos lo que les hicieron a ellas pero, sin darse cuenta, terminan adoptando el repertorio de comportamientos que tanto aborrecían.


Madres tóxicas voluntaria o involuntariamente: sus características


  Saber identificar los casos en los que alguien se comporta como una madre tóxica es muy importante para ponerle freno a la situación y hacer que esta persona adulta re-aprenda a educar de manera adecuada. 

  Estas son algunas de las señales que pueden ser útiles a la hora de identificarlas. No todas tienen por qué darse a la vez, pero ofrecen una pauta sobre su comportamiento.


1. Fijación con los roles de género


  Algunas madres tóxicas lo son porque sienten que deben pasar a sus hijas el legado cultural de lo que se supone que representa ser mujer. 

 Es por eso que, sin darse cuenta, presionarán a sus hijas para que adopten una actitud sumisa ante los hombres y para que conciban las tareas del hogar como una responsabilidad suya (independientemente de sus preferencias reales). 

  Normalmente las figuras paternas tóxicas extremadamente conservadoras no se preocupan tanto en educar a sus hijas en este sentido, sino que dejan esta tarea a las madres.


2. La ilusión del "príncipe azul"


Un problema derivado del anterior es que las madres tóxicas de perfil muy conservador educan a sus hijas en la idea de que no serán felices sin un hombre a su lado. 


  De este modo, se las educa para que sientan tristeza y pesar si por el motivo que sea se encuentran solteras durante un tiempo que estiman excesivo, y llegan a involucrarse en relaciones de pareja simplemente para escapar de la soltería.


3. Personalidad controladora


   Estas madres se niegan a reconocer que sus hijos son una persona independiente, con una personalidad propia y capacidad para tomar decisiones. Básicamente, el hijo se convierte en una extensión de ellas mismas, y debe estar dispuesto a hacer todo lo que ella desee. 

 Estas madres pretenden controlar cada aspecto de la vida de sus hijos, incluso lo que deben pensar y sentir. Normalmente imponen esas reglas se “por tu propio bien, porque solo una madre sabe lo que es mejor para su hijo”. 

  El resultado de ese control excesivo suele ser una persona terriblemente insegura, que vive con una sensación de impotencia perenne.

  Y es que la madre, al no validar sus palabras y comportamientos durante la infancia, le inculcó la idea de que no era capaz de tomar las decisiones por sí mismo y confiar en su juicio.


4. La proyección sobre los hijos e hijas


  Esta es una característica que comparten tanto las madres tóxicas como sus análogos masculinos: la tendencia a creer que su descendencia ha de llegar a ser el "yo ideal" que ellos nunca llegaron a ser.

  Es por eso que, en ocasiones, muchos padres y madres apuntan a sus hijos a una cantidad tal de actividades extraescolares que estos últimos terminan exhaustos y sin tiempo ni ganas que dedicar a lo que les gusta de verdad.

  Además, como las madres tóxicas y los padres tóxicos perciben a su descendencia teniendo en cuenta siempre el hecho de que pertenecen a una generación, se plantean esto como una carrera contra el tiempo: quieren hacer que sus hijos sean perfectos en el mínimo tiempo posible. 

 Por eso, en ocasiones, empiezan a "entrenar" ciertas capacidades de estos cuando son muy pequeños, antes de los 7 u 8 años, y les obligan a seguir practicando a lo largo de los años.


5. El desconfiar de los amigos


  Algunas padres tóxicas pueden llegar a asumir tanto el rol de mujer protectora que prohíben a sus hijos e hijas entablar una amistad con personas que consideran sospechosas, aunque sea por su simple apariencia. 

 Esto, por supuesto, produce una frustración intensa en los pequeños, que pueden aprender que las amistades se llevan en secreto, creando así un cerco entre el círculo de amistades y la familia que en la vida adulta puede conllevar el aislamiento de este último.

  Además, en algunos casos, los criterios por los cuales se establece que un amigo o amiga es aceptable llega a ser una muestra de racismo, con lo cual se inculcan a su descendencia este esquema mental discriminatorio ya desde sus primeros años.




6. Actitud pasivo-agresiva


  La madre tóxica es reconocible por el cambio en sus estados de ánimo, que oscilan entre la pasividad o la agresividad. Esto se produce porque busca la estrategia o hace cambios en ella para conseguir lo que quiere de sus hijos e influenciarlos.

  También puede producirse otro extremo: la madre permanece pasiva y mantiene su forma de educar porque no comprende que sea rechazada ni tiene en cuenta la experiencia previa y situaciones conflictivas que se hayan podido producir.


7. Indiferencia


 Existen madres que, en vez de ser controladoras, son exactamente lo contrario. En muchas ocasiones disfrazan de permisividad lo que en realidad es indiferencia o pocas ganas de gestionar choques de intereses entre ellas y los pequeños. 

El resultado de esto suelen ser pequeños que presentan el Síndrome del Emperador y, de adultos, personas indefensas en la vida adulta, que caen fácilmente en la frustración y con baja tolerancia a las situaciones generadoras de ansiedad.


Fuente: Arturo Torres para Psicología y Mente / Rolloid / Rincón de la psiciología
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