El ritual de brujería que está acabando con los colibríes en México

La gran demanda de “hechizos para el amor” ha llevado al ave a convertirse en una mercancía más dentro del mercado negro.



  El colibrí, también conocido como picaflor, es una de las aves más bellas del mundo. Si has tenido la oportunidad de ver uno de cerca inmediatamente quedas atrapado entre sus colores y los rápidos aleteos (sus alas se mueven 55 veces por segundo).

  Esta ave es originaria de América y a lo largo de la historia ha tenido un papel muy importante en la cultura, no sólo por su belleza.

 Un ritual de brujería amenaza con acabar con los colibríes en México. Se trata de los famosos “amarres”, que son realizados por  brujos y que prometen atrapar a una persona deseada.


  En la actualidad cinco de las 58 especies de colibrí que existen en México se encuentran en riesgo, informó la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.


  Según publicó Infobae, en ese país se pueden encontrar mercados y brujos que dicen ser expertos en “amarres”. Además, ofrecen rituales o amuletos en los que se usa el ave muerta, a la cual untan con miel, se le envuelve el ropa interior, se coloca debajo de la almohada de ser amado o incluso se sirve en alguna sopa.




  El lugar más común en donde se trafica con colibríes es el Mercado de Sonora, en la Ciudad de México. Donde los puedes encontrar entre los 200 y 350 pesos cada uno, y pueden conseguirse vivos o muertos. 

  La modalidad del trabajo de amarre con colibríes es bien conocida: para su preparación se utilizan dos aves, un macho y una hembra, que se colocan juntos, a veces envueltos en ropa interior de la persona que se pretende hechizar. El bulto resultante se introduce en un pequeño costal rojo y se llena de miel.



  Según una investigación de Rene Ebersole para National Geographic, periodista independiente cuya línea de trabajo los últimos dos años es el tráfico de aves, un colibrí muerto puede valer 50 pesos y un amarre con ambas aves, hasta 600 en el Mercado de Sonora.


  Se les relaciona con el amor porque "siempre están comiendo néctar de las flores para atraer a otros colibríes a que tomen de ese mismo néctar para que polinicen a las plantas, es decir, les ayudan a las plantas a mover su polen para poder realizar la reproducción y la producción de los frutos" según una investigadora de la UNAM.

Tristemente, el uso del colibrí para estos rituales no es exclusivo de México, National Geographic publicó en abril pasado el caso de una mujer en California que vende amuletos hechos de colibrí "para despertar la pasión".


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