"Solo una mente estrecha puede sentir envidia por los logros de otros", sentencia un filósofo

 Una de las virtudes que ensalza la cultura tradicional china es la generosidad, que es, no por nada, el opuesto a uno de los vicios sobre los que ésta más alecciona: la envidia. Sin duda, los actos de envidia marcan muchos de los hechos más despreciados de la historia humana.




  Cuando una persona generosa ve los méritos de otros, los alaba, piensa en qué aspectos él o ella se queda corto y trata de mejorarse tomando aquellos méritos como referencia. Generosidad es sinónimo de mente amplia.

  Solo una mente estrecha puede sentir envidia por los logros de otros. Una persona así vive cansada, preocupada por quién la superará hoy y qué va a perder mañana. Se siente mal tan solo porque otros han mostrado un carácter sobresaliente.

  Podríamos buscar las causas, y tratar de razonar el motivo, pero al final siempre acabaríamos llegando a la misma conclusión, envidiamos lo que no podemos tener, envidiamos lo que el vecino tiene y nosotros no, lo envidiamos todo.

  Las posesiones materiales para transmitir status, no son más que una muestra de la inseguridad del individuo . El marketing , utiliza la envidia y las inseguridades para obtener beneficios económicos a través del consumismo.

Algo que debería parecer tan obvio, tiene a la población completamente cegada.


La envidia, ¿otro tipo de celos patológicos?


Envidia y celos: las diferencias


  Se suelen confundir los términos celos y envidia; pero no son lo mismo. Reconocer sus particularidades es importante para tratar de combatir estos sentimientos tan agotadores y contaminantes para nuestra salud emocional y mental.

  En este sentido, según el filósofo John Rawls; la base de la diferencia radica entre la posesión y el deseo de poseer. Así, mientras que se envidia un objeto que se desea conseguir, los celos implican un fervoroso deseo de conservar lo que uno ya tiene. 

 Es importante aclarar que el objeto de deseo no siempre es una cosa; puede ser un sentimiento; una persona; una ambición; un estilo personal; unos logros en la vida, etc.

  En las relaciones laborales, sociales y de entorno; los celos patológicos se suelen mezclar con la «envidia»; y la envidia no es menos destructiva que los celos que ocurren en una relación de pareja. A veces se reconocen características muy similares en ambos sentimientos.


La envidia como algo que se da por hecho


  La envidia es soportada socialmente como un mal que abunda; y es cierto, de hecho se dice que «la envidia es el deporte nacional» y es triste trivializar con esto.

  La envidia es una enfermedad muy común, pero no deja de ser un sentimiento patológico que denota carencias emocionales, inseguridades y temores. Sentimientos todos que consiguen hacer mucho daño.

  Respecto a la envidia podemos decir que es la madre del resentimiento. Es un sentimiento que cuando se sufre, no se busca que a uno mismo le vaya mejor que a otros; sino que al otro le vaya peor.

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  La persona que es objeto de esa envidia o celos, casi siempre es desconocedora de que genera ese sentimiento; pero recibe una respuesta negativa en su entorno. Respuesta producida por el envidioso, quien se encarga de envenenar al entorno común.

  La envidia de cosas materiales, es un sentimiento de frustración por no tener ‹algo›; y el afán de que ese ‹algo› sea suyo.


  Esto puede llegar a implicar el deseo de privar de ese ‹algo› al otro en el caso de que el objeto en disputa sea el único disponible («ni tuyo ni mío»). Este sentimiento es también muy similar a la respuesta del celoso patológico en una pareja que rompe («si no eres mío o mía, no serás de nadie»).

  La persona envidiosa cuenta mentiras sobre la persona a la que envidia o siente celos de ella.  Minimiza el privilegio que el otro tiene por ser poseedor de ese ‹algo›. En ocasiones la envidia puede hacer que el envidiado muera a manos del envidioso o celoso patológico.


 La envidia y los celos son sentimientos cuyo fruto es absolutamente negativo; tanto en el que es objeto de dicha envidia o celos y en el que la sufre. Es una losa constante y una insalvable amargura.


Fuente: Bles / Línea y salud
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