La cultura del resentimiento y la envidia en Argentina

Lo que hoy se les enseña a los muchachos en la mayoría de las escuelas, públicas y privadas, es que el Estado tiene que intervenir para redistribuir el ingreso. Basta con revisar alguno de los manuales que leen los muchachos en los colegios para advertir que lo que se les transmite es que unos son pobres porque otros son ricos.



Autor: Johnny Sánchez, CPA y Economista

  Puesto de otra manera, la causa de la pobreza de unos es la riqueza de otros, con lo cual, la “justicia social” viene a resolver esta situación mediante el monopolio de la fuerza y el Estado debe usar el monopolio de la fuerza para violar el derecho de propiedad. En rigor en algunos casos es cierto que unos son pobres porque otros son ricos.

 Me refiero a los políticos corruptos que utilizan el Estado en beneficio propio generando amplios bolsones de pobreza.

  O incluso los mismos políticos generan deliberadamente pobreza para que los pobres dependan de las dádivas que le dan los demagogos, con lo que logran tener un voto cautivo.

 En este sentido, justamente los gobiernos más corruptos de la historia de Argentina se basan en el populismo, durante más de 80 años, se han llenado la boca con la palabra justicia social y redistribución del ingreso, pero sus principales responsables se volvieron millonarios en el poder y dejaron en la pobreza a una parte de la población.


  Pero volviendo a la educación de nuestros hijos, en general les enseñan la cultura del resentimiento y de la envidia.

  No se concibe que haya gente que progresa porque se esfuerza más, es más inteligente, observadora, trabajadora, etc.
Eso no se explica y solo se los señala como los culpables de la pobreza de los otros.

  Hemos ido creando una cultura con valores tan perversos que el estado se ha transformado en el gran enemigo de la libertad y la prosperidad.

  Esa cultura de quitarle a unos para darle a otros se ha transformado en un gigantesco gasto público que tiene como contrapartida una fenomenal carga tributaria que ahoga toda inversión, en la destrucción de la moneda y en el constante endeudamiento del estado que termina en acuerdos con el FMI, cada 10 años en promedio.


  Si tenemos a un tercio de la población sumergida en la pobreza y a una clase media agonizando es porque los políticos han ofrecido lo que el mercado demandaba para conseguir su voto: populismo.

  Y ese populismo nace de los valores que se vienen transmitiendo en nuestro sistema educativo, mayormente copado por los progres que han instaurado los valores de la envidia y el resentimiento. Insisto, basta con leer alguno de los manuales de ciencias sociales que se dan en los colegios para advertir son un verdadero atentado al progreso.

 En definitiva, la larga y profunda decadencia de Argentina viene de un constante deterioro de las instituciones en el sentido que le di al comienzo de esta nota.

  Ese deterioro es consecuencia de una demanda de instituciones de pésima calidad que surgieron de un mercado electoral o pasividad ante los golpes de estado, que mayoritariamente demandó populismo. Pidió que el Estado le quitara a otro para darle a un tercero. Es decir, demandó gasto público y presión impositiva asfixiante.


  Y cuando la presión impositiva no alcanzó, la destrucción monetaria fue insuficiente y el endeudamiento se acabó.

  Todo ese destrozo institucional condujo a escasas inversiones, fuga de capitales en busca de seguridad jurídica y gran estímulo para vivir de la cultura de la dádiva y desestimulo para trabajar dado que el estado nos confisca nuestro trabajo con la carga impositiva. El resultado es pobreza, desocupación e indigencia.

  Por eso, si bien hay una parte de los docentes que se esfuerzan, los que hoy se llaman trabajadores de la educación y hacen paros por razones políticas son responsables, en gran medida, de haber generado esta situación de pobreza e indigencia alarmantes porque han sembrado la envidia y el resentimiento en vez de la cultura del trabajo, del esfuerzo, del desarrollo de la capacidad de innovación y de la iniciativa.

No digo que todos los docentes, pero una parte importante han creado esta Argentina de envidia y resentimiento sembrando la pobreza y la indigencia.
Por eso, antes de hacer paro, deberían reparar en el mal que le han hecho al pueblo dominicano al inculcar valores que llevaron a la destrucción económica que hoy vemos con toda claridad.

 Si Argentina tiene que pensar por dónde debe comenzar su reconstrucción de largo plazo, no tengo dudas que tiene que ver con la educación.

Es decir, hay que revisar los valores que hoy les pudren la cabeza a nuestros hijos.



ACLARACIÓN:


 Esta nota pertenece a Johnny Sánchez, CPA y Economista, que como la fuente citada indica, se refiere a República Dominicana, pero es asombroso el parecido y lo adaptable al contexto argentino. El populismo puede tener diferentes raíces, pero los frutos de corrupción y degradación social, son siempre los mismos.
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