Personas arrogantes: La soberbia que nace de la ignorancia y la inseguridad

Cuando nos relacionamos con los demás, hay que entrar en una especie de juego de tensiones en el que se hay que hacer encajar la perspectiva de uno mismo, por un lado, y la de los demás, por el otro.

 

  Las personas arrogantes son aquellas que fracasan a la hora de tener en cuenta la perspectiva de los demás, y esto se nota tanto en su vida social como en el malestar que causan en los demás. ¿Cómo reconocerlas? 

  Características de las personas arrogantes


  A la hora de detectar señales que nos ayuden a determinar si estamos o no frente a una persona arrogante, estos rasgos te pueden servir como orientación, si bien cada individuo es un mundo.

¿Cómo es una persona arrogante? 


  La persona arrogante puede parecer atractiva y agradable al inicio ya que suele transmitir una imagen de seguridad y confianza.

   Por eso, es normal que caigamos en sus redes, hasta que nos damos cuenta de que todo comienza a girar a su alrededor y dejamos de sentirnos bien en su compañía ya que cada vez nos sentimos más pequeños y menospreciados. 


1. Deseo exagerado de recibir elogios 


  Un rasgo distintivo de la gente arrogante es que buscan constantemente la admiración de los demás. La arrogancia se alimenta de los halagos, por lo que estas personas siempre intentarán sacar a colación sus logros, ya sean reales o ficticios. 

 Por eso, no les gustan las personas seguras que se muestran indiferentes y no caen rendidas a sus pies. 

2. Hablar constantemente de sí mismo 


  La arrogancia está íntimamente vinculada al egocentrismo. Por eso, el tema preferido de una persona arrogante versa sobre sí misma. Esta persona intentará acaparar la conversación para atraer la atención sobre sí. 

 Cuando el tema cambia, intentará reconducirlo hacia sus logros, aunque ello implique interrumpir a los demás. Obviamente, esta persona no muestra mucha empatía, asume las relaciones interpersonales en un solo sentido: los demás deben dar y ella solo debe limitarse a recibir. 


3. No reconocer los errores ni aceptar las críticas 


  La gente arrogante defiende su autoestima a capa y espada, por lo que no suele reconocer sus errores. Nunca se equivocan y siempre encuentran una justificación cuando les hacen notar algún error o defecto.

 La culpa siempre es de otra persona o de las circunstancias, no asumen sus responsabilidades. Por supuesto, tampoco aceptan las críticas. Cuando ven venir una crítica, asumen una actitud defensiva y ni siquiera escuchan lo que les dicen. 

4. El perdón no existe en su vocabulario 


  Dado que las personas arrogantes no hacen nada mal, les resulta muy difícil pedir perdón o disculparse. Para ellos, el problema siempre radica en la otra persona, por lo que no es extraño que aunque se hayan equivocado, esperen o incluso demanden una disculpa.

  Esa actitud arrogante es una de las que más problemas genera en sus relaciones interpersonales y la que hace saltar todas las alarmas. 


5. Intolerancia hacia lo diferente 


  Las personas arrogantes critican a los demás, enfatizan los errores y debilidades de quienes no cumplen con sus altos estándares. El problema es que su autoestima se apuntala sobre los “defectos” ajenos ya que necesitan hacer sentir inferiores a los demás para sentirse superiores. 

 En la base de esa intolerancia se encuentra un pensamiento arrogante y dicotómico. A menudo estas personas piensan que las cosas solo se pueden hacer de un modo, lo cual revela una falta de profundidad y perspicacia para apreciar la diversidad. De hecho, la peor arrogancia es la que proviene de la ignorancia. 

6. Sobrecompensar las debilidades 


  En el cuadro que dibuja cómo es una persona arrogante no puede faltar el temor a que los demás descubran sus puntos débiles, por lo que adoptará una estrategia para sobrecompensarlos con actitudes arrogantes.

  Por eso, suelen hablar alto, quieren imponer sus ideas sin dar lugar al diálogo y ocultan sus inseguridades tras comportamientos que denotan poder. “El saber y la razón hablan, la arrogancia y la ignorancia gritan”, dijo Arturo Graf. 


7. Actitud intimidante 


  Se ha comprobado que la gente arrogante también es socialmente dominante. Estas personas no tienen reparos para expresar su ira, sobre todo contra los más débiles emocionalmente, hasta el punto que llegan a usar estrategias de intimidación para imponer sus puntos de vista y hacer valer su “superioridad”.

  A menudo la actitud arrogante e intimidante se sustenta en técnicas de intimidación intelectual. 

¿Cómo tratar a una persona arrogante? 


  Si permites que las personas arrogantes entren en tu vida y les das demasiada importancia, pueden terminar haciendo añicos tu autoestima, haciéndote sentir inferior y de escasa valía. Sin embargo, dado que no puedes escapar de ellas, lo más inteligente es aprender a lidiar con sus actitudes arrogantes. 

1. No cedas el control. 


 Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento. Por tanto, se trata de detectar los mecanismos psicológicos que pone en marcha la persona arrogante y no permitir que hagan mella en ti.  

2. No le sigas el juego. 


  La soberbia se alimenta de los elogios y la admiración. Por tanto, la actitud arrogante se combate eliminando el combustible que le permite crecer.  


3. Defiende tu postura. 


 Es importante saber qué batallas merece la pena luchar y cuáles solo nos reportarán un malestar innecesario. Cuando valga la pena, mantente firme en tu postura.  

4. Haz que se mire al espejo. 


 Si las palabras o actitudes de la persona arrogante te han dañado, no tengas miedo en colocarla delante de un espejo, en el sentido figurado.  

5. Ríete. 


  El sentido del humor es una excelente coraza contra las personas que, de manera consciente o inconsciente, quieren hacernos daño. 


Lockhart, K. L. et. Al. (2017) Overoptimism about future knowledge: Early arrogance? The Journal of Positive Psychology; 12(1): 36-46. 
Fetterman, A. K. et. Al. (2015) Interpersonal arrogance and the incentive salience of power versus affiliation cues. European Journal of Personality; 29(1): 28-41. 
Johnson, R. E. et. Al. (2010) Acting superior but actually inferior?: Correlates and consequences of workplace arrogance. Human Performance; 23(5): 403-427. 
Krueger, J. (1998) Enhancement Bias in Descriptions of Self and Others. Personality and Social Psychology Bulletin; 24 (5): 505–516.
El Club de los Libros Perdidos. Con la tecnología de Blogger.