Las personas que usan anteojos son más inteligentes, según la ciencia

Un estudio de análisis genético sobre 300 000 personas arroja que el uso de gafas o lentes de contacto están asociados a un alto nivel de inteligencia general.



  “Cerebrito”, “cuatro-ojos”, “ratón de biblioteca”... son, desde hace décadas, apelativos frecuentes (y, por desgracia, despectivos) que se usan para referirse a las personas que necesitar usar gafas por algún defecto de la visión (erróneamente asociado a obligar a los ojos a leer demasiado).

  La relación entre los problemas de visión y el desarrollo intelectual fue asumido de manera universal sin la necesidad de una reafirmación empírica... hasta hoy.


¿Qué sucede cuando la propia ciencia confirma el vínculo entre el uso de las gafas y la inteligencia?


  Un informe de la Universidad de Mainz, en Alemania, reveló que las personas que mejor se formaron académicamente desarrollaron un mayor grado de disfunción visual.

   Por ende, una mayoría de los adultos que hoy usan anteojos, dedicaron un mayor tiempo de su vida a los estudios.

  "Quedamos absolutamente sorprendidos porque, hace 50 años atrás, pensábamos que la miopía y otras disfunciones visuales estaban estrictamente relacionadas a la genética. Y ahora vimos que no es tan así", reveló Alireza Mirshahi, uno de los líderes de la investigación.


A más libros, menos visión


  El estudio fue realizado a unos 4.658 personas de entre 35 y 74 años de diferentes ciudades de Alemania.

  Cada participante que alguna vez había sido sometido a una cirugía de corrección ocular debía someterse a un examen y luego los resultados se compararían de acuerdo a la edad, el sexo y el nivel educativo.



 Los resultados de estas pruebas revelan que 36 de estos rasgos de salud tienen una relación directa con la cognición, y por tanto, con la inteligencia. 

 De la muestra de más de 300 000 participantes, el grupo de personas con una función cognitiva más alta tenía un 28 % más de probabilidades de necesitar gafas o lentes de contacto y un 32 % más de ser miope. 

  Además de la propensión a utilizar gafas, otros rasgos de salud habituales en las personas inteligentes son la hipertensión, el ataque al corazón, la angina de pecho, el cáncer de pulmón o la artritis.


 También encontraron que este grupo de individuos tiene un 30 % menos de probabilidades de sufrir un trastorno depresivo y un 17 % más de posibilidades de vivir más tiempo.

Uno de cada dos de los encuestados que lograron el título universitario, padece problemas de visión




  "Pudimos ver que el factor genético cumplía un rol en la prominencia a la deficiencia visual. Sin embargo, notamos que el factor ambiental era mucho más importante", agregó Mirshahi.


  Por su lado, la oftalmóloga danesa Nina Jacobsen, una de las más prestigiosas de Europa, se mostró sorprendida con la nueva investigación: 

"Se confirma, de esta manera, que hay una relación clara entre el tiempo que uno le dedica al estudio y el desarrollo, en diferentes niveles, de la miopía".

El debate


  La comunidad científica todavía se mantiene cauta respecto a la relación directa entre la lectura y el desarrollo de enfermedades de la vista.


  Los datos de un incremento de los problemas visuales es real: sólo en Estados Unidos, la cantidad de gente con problemas de visión creció en cuatro décadas del 25% al 41% de la población. En tanto, en algunos países de la Asia Oriental se registraron casos de miopía en el 90% de los adolescentes.

  Muchos encuentran el motivo en la permanencia constante frente a una pantalla de TV, computadora, tablet, celular o algún que otro libro. 

  Sin embargo, aún faltan detalles para asegurarlo: "El foco hay que ponerlo en descifrar qué tipos de lecturas o pantallas están relacionados directamente con estos problemas. Y qué tipo de daño generan. Eso aún no se ha definido por completo", afirmó Susan Vitale, epidemiologista del Instituto Nacional del Ojo en Bethesda, Maryland.


  "Cuando se ve a alguien con anteojos, no sólo se piensa que es alguien inteligente, sino se le adjudica un grado de honestidad. De inmediato los asumimos como callados y que no generarán ningún problema", analizó la especialista en relaciones estadounidense.

“Detectamos una superposición genética significativa entre la función cognitiva general, el tiempo de reacción y muchas variables de salud, como la vista, la hipertensión y la longevidad”.


 “El tiempo de reacción se correlaciona genéticamente con la función cognitiva general, y da cuenta de su asociación con la salud”, detalla el estudio.


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