Acostar temprano a los niños mejora la salud mental de los padres, lo confirma la ciencia

Un grupo de científicos de la Universidad de Londres, llevó adelante una serie de experimentos a lo largo de años, procurando determinar el vínculo entre distintos hábitos de sueño en los niños y las consecuencias de los mismos cuando llegaron a la adolescencia.



  “¡No quiero ir a la cama, déjame un poco más!”, son palabras con las que prácticamente todos los padres están familiarizados y que se reproducen más o menos todas las noches cuando llega la hora de acostar a los niños.  

   Sin embargo, cada hora de más que los niños pasan despiertos cuando deberían estar durmiendo, no solo les pasa factura a ellos sino también a los padres, quienes a menudo sufren de privación del sueño, como confirmó un estudio realizado en la Academia Americana de Neurología y la Georgia Southern University. 

  Estos investigadores hallaron que el 45% de las mujeres que tenían hijos dormían menos de seis horas diarias. Además, por cada niño en casa, se duplican las probabilidades de que las madres duerman mucho menos de lo que necesitan para recuperar fuerzas. 

  Es probable que con niños en casa, dormir 8 horas de un tirón te resulte una misión imposible, pero si quieres proteger tu salud mental, deberías acostar a tus hijos más temprano. Por su bien y por el tuyo. Lo confirma la ciencia. 


El sueño y la relajación no son lujos sino necesidades 


  Investigadores del Instituto de Investigación Infantil Murdoch, en Australia, analizaron las entrevistas realizadas a unos 10.000 niños y sus padres, para evaluar su estilo de vida, salud mental y calidad del sueño.

  Las primeras entrevistas se llevaron a cabo cuando los pequeños tenían entre 4 y 5 años, luego se realizó una segunda cuando tenían entre 6 y 7 años y finalmente cuando tenían entre 8 y 9 años de edad. 

  Después de analizar todos los datos, los investigadores encontraron que los niños que se iban a la cama más temprano tenían una mejor calidad de vida y eran más saludables, en comparación con los pequeños que se acostaban más tarde. Los padres también se beneficiaban de ese horario de sueño ya que reportaban una mejor salud mental. 

Por eso, si quieres cuidar bien de tus hijos, debes comenzar cuidando bien de ti. 


¿A qué hora deben acostarse y cuánto deben dormir los niños? 


  Los investigadores explican que los niños rinden mucho más y se sienten mejor cuando tienen horarios de sueño consistentes que se convierten en buenos hábitos.

  El sueño profundo, por ejemplo, estimula la segregación de la hormona del crecimiento, razón por la cual los bebés pasan al menos el 50% del tiempo durmiendo. 

  También se ha comprobado que el sueño facilita el aprendizaje ya que consolida las conexiones neuronales, y también potencia la concentración. 


  De hecho, los pequeños de menos de tres años que duermen menos de diez horas por la noche, tienen tres veces más probabilidades de desarrollar problemas de hiperactividad e impulsividad a los 6 años. 

  Los niños deberían ir a la cama a las 8:30 de la noche y despegarse de las pantallas al menos una hora antes ya que estas inhiben la hormona que facilita el sueño.

  Los niños en edad preescolar deberían dormir entre 10 y 13 horas mientras que a los niños en edad escolar le bastan entre 9 y 11 horas de sueño. 




Lo mejor es no muy tarde, pero tampoco demasiado temprano



  Del análisis de conducta y evolución de los niños surgió una pauta común: los que cuando tienen tres años se acuestan tarde, más adelante tienen problemas para resolver asuntos en materias como matemáticas y lectura, en comparación con los que se acuestan más temprano. 

 Para los técnicos la falta de sueño puedo alterar los procesos naturales y afectar el cerebro principalmente en la incorporación de nueva información.

  “La rutina parece ser realmente importante para los niños” afirma Sacker, que enfatiza la importancia de hacer a una edad temprana aunque “nunca es tarde”.


  Destacó también que del estudio surge que poner a los niños a dormir muy temprano, sobre el atardecer por ejemplo, es indiferente a los efectos de su evolución futura y no se considera que tenga mayores efectos beneficiosos para el cerebro.


Sullivan, K. (2017) Living with children may mean less sleep for women, but not for men. American Academy of Neurology. 
Edwars, B. (2014) Growing Up in Australia: The Longitudinal Study of Australian Children Entering adolescence and becoming a young adult. Family Matters; 95: 5-14.
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