A los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos

Cuando una persona está triste tendemos a atosigarle a preguntas sobre qué le pasa, qué le ha hecho sentir así, cómo se encuentra, cómo podemos animarle, etc. Sin embargo, a veces a los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos.



  Porque cuando nos sentimos mal y nos vemos envueltos en una tormenta de tristeza que se hace presenta en nuestros ojos tristes, nuestra mente y nuestro cuerpo necesitan del apoyo emocional de nuestros amigos y de las personas que son queridas por nosotros.

  Muchas veces las personas no necesitamos palabras que nos animen sino corazones pacientes que nos escuchen y que nos brinden un abrazo cuando atravesamos momentos emocionalmente complicados.

  O sea que la mejor manera de ayudar a una persona que está triste es simplemente ofreciéndole sin palabras nuestra presencia, echando una mano a su hombro y mirándole desde el cariño y la sinceridad.

  Porque hay momentos en los que las palabras sobran y lo único que necesitamos es que nos dejen tranquilos, poder respirar y poner orden a nuestros pensamientos, pues al fin y al cabo la tristeza facilita la introspección.


La felicidad es una decisión y puede ser constante si así lo quieres.


  Los momentos difíciles son transitorios, lo que se mantiene es tu actitud ante las circunstancias que se presentan en tu vida.

  Asume tus momentos de tristeza con dignidad y toma consciencia de todas las personas que te apoyan y que están dispuestos a darte ese abrazo que tanto necesitas para reconfortar tu alma y tu corazón, luego agradece por la bendición de tener ese apoyo incondicional y deja a un lado el dolor que pudiste haber sentido.

  La vida no es blanca y negra, debes aprender que existen matices en ella y que tu capacidad de adaptación hará que puedas sobrepasar todas estas etapas.

 La tristeza es un sentimiento difícil de ocultar, así que recibe todos los abrazos que sean necesarios para recomponer tu corazón. La vida es maravillosa y todo pasa.

La tristeza, latido de un lenguaje universal


  La tristeza es la emoción de la pena, de la pérdida y del daño. Una experiencia que, si bien es negativa, resulta saludable para nosotros, pues inspira una autoconciencia mayor sobre todo aquello que nos rodea.

  Esta experiencia emocional crece y permanece cuando percibimos que nos encontramos en soledad, pues se acrecienta el desánimo y genera una cuesta o montaña cada vez mayor que nos cuesta asumir y que puede llegar a patologizarse y materializarse en un estado emocional insano.

 Lo que nunca debemos hacer es contener y reprimir esa tristeza que tan solo aumentará. Tenemos que aprender a expresarla, a no avergonzarnos de ella y a permitir que salga para así liberarnos de ella.


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