Un estudio de Harvard revela que el calor hace un 13% más lento a nuestro cerebro

Para todos aquellos que nos quejamos del frío y odiamos el invierno, hay malas noticias: el calor no le hace ningún favor a nuestro cerebro, mientras que el frío lo beneficia. Pero ¿por qué?



   A medida que el termómetro se eleva, disminuye nuestra capacidad para afrontar las tareas cotidianas. Es una relación inversamente proporcional. A muchas personas les cuesta un esfuerzo enorme realizar las actividades diarias cuando hay calor. Durante los días sofocantes 

   Las altas temperaturas no sólo se filtran en nuestro cuerpo y producen toneladas de sudor y agotamiento, sino que también lastran las funciones de nuestro cerebro.

  Si eres de esas personas y sientes que cuando hay calor no puedes pensar con claridad, como si tus neuronas se “derritiesen”, podrías tener razón, literalmente. Neurocientíficos de Harvard han comprobado que el calor del verano no nos ayuda precisamente a pensar mejor. 


El calor nos impide pensar con claridad 


  Estos investigadores reclutaron a 44 personas, la mitad de las cuales vivía en una casa con aire acondicionado. Las sometieron a un test para evaluar sus capacidades cognitivas apenas se levantaban. 

  Los resultados no dieron lugar a dudas: las personas que durmieron sin ningún tipo de climatización, expuestas al calor, obtuvieron puntuaciones peores. Exactamente, su tiempo de reacción se redujo en un 13,4% y sus habilidades cognitivas disminuyeron un 13,3%. 


   Estas personas se sometieron a las pruebas en pleno verano, durante un periodo de 12 días, cinco de los cuales fueron afectados por una intensa ola de calor. 

 Sin embargo, lo interesante es que los efectos del calor se mantuvieron luego de que el calor desapareciera, una media de 48 horas más. 


  Otro estudio realizado en Oregon también demostró que el calor es uno de los principales enemigos de nuestra inteligencia.

   Estos investigadores compararon los resultados de los estudiantes en las pruebas realizadas en habitaciones frías, a una temperatura agradable y calurosa. 

  Descubrieron que las variaciones de unos grados provocaban cambios en su desempeño: a 16 grados los estudiantes puntuaban 76%, a 22 grados 90% y a 27 grados 72%. 


¿Por qué el calor afecta tanto nuestro desempeño cognitivo? 


   Nuestro organismo trabaja para mantener una temperatura corporal normal. Cuando tenemos demasiado calor, se activa un mecanismo para enfriar el cuerpo. Para ello, se consume glucosa, que también es la principal fuente de energía que usa nuestro cerebro. 

   Curiosamente, gastamos más energía en enfriar el cuerpo que en calentarnos cuando tenemos frío.

   Obviamente, una vez que usamos nuestras reservas de glucosa para regular la temperatura corporal, el cerebro tiene menos glucosa para usar, lo cual significa que tardamos más en responder y se afecta nuestra capacidad para resolver problemas y tomar decisiones. 


  Investigadores de la Universidad de Virginia también comprobaron los efectos de la temperatura en nuestra capacidad para tomar decisiones. Algunos participantes estaban a 20 grados y otros a 25, dado que la temperatura ideal es de 22 grados, en ambos casos el organismo debía trabajar para regular la temperatura corporal. 

  La tarea consistía en identificar errores ortográficos y gramaticales en un artículo. Las personas en la habitación más fría identificaron el doble de errores que quienes estaban en la habitación más calurosa. Sin embargo, lo más interesante aún estaba por llegar. 


  A continuación, les pidieron que eligieran el plan telefónico más beneficioso entre dos opciones. El 50% de quienes estaban en la habitación más fresca eligieron el plan más conveniente, en comparación con el 25% de quienes estaban en la estancia más calurosa. 

  Por supuesto, los efectos del calor no son solo físicos. Las temperaturas elevadas suelen generar un estado de incomodidad psicológica que también afecta nuestra atención y nos impide concentrarnos. 

 Es difícil mantenerse concentrados en una actividad cuando se suda a mares o estamos pensando en cómo refrescarnos o en lo incómodos que nos sentimos. 

   

¿La temperatura ideal? 


  Aproximadamente 22 ºC, si hacemos caso a otros estudios. A partir de 26 ºC nuestro cerebro comienza a desconectar (con una caída de la productividad del 9%).

  Lo mejor en las circunstancias estivales es disponer de espacios más acondicionados: otro trabajo ilustró cómo los empleados de edificios con certificado ecológico y bien ventilados superaban en rendimiento a aquellos que no disfrutaban de sus ventajas. 

  Agua, temperatura idónea y mucha paciencia: las recetas para que tu cerebro continúe laborando en las tediosas condiciones del verano.

Pero no seamos tan drásticos, disfrutar del clima cálido no echará a perder tu cerebro, solamente lo hará un poco más lento. Así que si tienes mucho calor, evita tomar decisiones importantes, y en invierno, ¡a disfrutar del vigorizante frío!


Cedeño, J. G. et. Al. (2018) Reduced cognitive function during a heat wave among residents of non-air-conditioned buildings: An observational study of young adults in the summer of 2016. PLOS Medicine. 
Cheema, Amar & Patrick, V. M. (2012) Influence of Warm Versus Cool Temperatures on Consumer Choice: A Resource Depletion Account. Journal of Marketing Research; 49(6): 984-995. 
Perez, J. et. Al. (2010) Does Temperature Impact Student Performance? Room temperature and its impact on student test scores. Healthy Schools.

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