Quien tenga un “porqué” para vivir podrá superar casi cualquier “cómo”. Los 7 pilares de la Resiliencia

“Aquel que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”
― Friedrich Nietzsche


  La resiliencia no es un rasgo de la persona que nazca con ella, ni forma parte del temperamento típico de esta.

   Se trata de un proceso en el que el individuo entra en una dinámica de interacciones con los demás y con el entorno de manera que es capaz de superar las adversidades.

  El hombre puede encontrar una razón para sentir y para vivir por más que transite las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento. 


  Quien tenga un “porqué” para vivir podrá superar casi cualquier “cómo”. Ya que en la búsqueda de ese sentido se encuentra la motivación que nos llena de razones para vivir.

  La resiliencia es una actitud, una capacidad que tenemos los seres humanos de afrontar y sobreponernos antes situaciones adversas (pérdidas, daño recibido, pobreza extrema, maltrato, abuso sexual, circunstancias excesivamente estresantes o victimizantes, etc.).

  Pero no es una capacidad innata del ser humano, ni una forma de entender y afrontar la vida que aparece por sorpresa, ni tampoco es una técnica automática que se activa ante la adversidad.

  La resiliencia supone de un aprendizaje, una alta capacidad de adaptación ante los obstáculos del entorno y exige también la capacidad de poder recuperar el desarrollo vital que se tenía antes de producirse la circunstancia traumática.


El 89% de las personas intentaron hacer esto al menos una vez en su vida


Una vez que intentes hacerlo, ya nunca podrás parar

  Pero éste no es un proceso inmediato, esta capacidad implica sufrimiento, pero al asumir esta actitud es la mejor forma de adaptación que conoce el ser humano. Consiste en un proceso de elaboración, no de borrado, supone integrar la pérdida, no olvidarla.

  En la mitad del camino hacia la resiliencia aportamos y sacamos lo mejor de nosotros mismos, nos crecemos ante la adversidad y es al final del mismo cuando podemos hablar de recuperación y por tanto de felicidad. 




 Dotar a nuestro camino de sentido significa disponer de todas las respuestas que puedan ir surgiendo a través de la evolución y del desarrollo personal.

  No debemos olvidarnos que nosotros mismos somos los responsables de lo que hacemos, de lo que reímos, de lo que amamos pero también de lo que sufrimos y de lo que lloramos.


Los siete pilares de la resiliencia:


1. Introspección: hace mención a preguntarse a sí mismo y darse una autorespuesta honesta.

2. Independencia: se define como la capacidad de establecer límites entre uno mismo y los ambientes adversos; alude a la capacidad de mantener distancia emocional y física, sin llegar a aislarse.


3. La capacidad de relacionarse: incide en la habilidad para establecer lazos íntimos y satisfactorios con otras personas. Aquí encontraríamos cualidades como la empatía, la sociabilidad.

4. Iniciativa: implica exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes. Se refiere a la capacidad de hacerse cargo de los problemas y de ejercer control sobre ellos.


5. Humor: alude al hecho de encontrar lo cómico en la tragedia. El humor ayuda a superar obstáculos y problemas, a hacer reír y reírse de lo absurdo de la vida (Jauregui, 2007).

6. Creatividad: es la capacidad de crear orden, belleza y finalidad a partir del caos y el desorden. 

 En la infancia se expresa con la creación de juegos, que son las vías para expresar la soledad, el miedo, la rabia y la desesperanza ante situaciones adversas.

7. Moralidad: se refiere a la conciencia moral, a la capacidad de comprometerse de acuerdo a valores sociales y de discriminar entre lo bueno y lo malo.



  Estos pilares son algunas herramientas que podemos utilizar para poder luchar, cambiar y adaptarnos ante las dificultades. Es fundamental tener en cuanta que somos seres cambiantes y no estáticos.

   Y que por más que una experiencia negativa puede ser traumática, lo que suceda a partir de ella depende de cada persona. Cada uno tiene la opción de elegir y cambiarla en una victoria o desmoronarse con ella.

   Enseñar a los niños a relativizar y a ver los errores y los contratiempos como una oportunidad para aprender y mejorar les guiará por el camino de la resiliencia, pero no desde la negación de sus emociones, sino desde empatía hacia lo que sienten y su mundo emocional, transmitiéndoles nuestra confianza en que ellos pueden afrontar la adversidad y superarla.


Fuente: Naxio
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