La triste historia de Malva Marina, la hija que Pablo Neruda abandonó

 Malva Marina, la hija que el gran Pablo Neruda abandonó y a la que llamaba Vampiresa de tres kilos, "un ser completamente ridículo decía él." La verdad sobre esa hija discapacitada que tanto avergonzaba al escritor, a juzgar por el secretismo con que rodeó su corta existencia, comenzó a trascender a cuentagotas hace menos de quince años.



  Esta es la historia de Malva Marina Trinidad Reyes, muerta en Holanda a los ocho años, la única hija que tuvo Pablo Neruda, con su primera esposa, María Antonia “Maryka” Hagenaar.

  Malva Marina, ocultada y repudiada por su propio padre, uno de los más grandes poetas de la historia. Malvita, como la trataban en familia, vino al mundo en Madrid en 1934 y murió a los ocho años en Gouda, la ciudad holandesa que da nombre al famoso queso. 

  Fue hija de Pablo Neruda, «única y legítima -señala la socióloga y profesora de Español Leonor Ruiz Martínez, autora del blog Microcríticas Literarias-, fruto de su matrimonio con Maria Hagenaar Vogelzang - Maruca-, con la que se había casado en Java» cuatro años antes. 


Neruda y la Guerra Civil española


  Era el 18 de agosto de 1934, dos años antes de que estalle la Guerra Civil española. Malva acaba de nacer en un hospital madrileño. Y en principio nada hace suponer que aquella criatura de gran cabeza, a la que han bautizado como Malva Marina Trinidad Reyes Basoalto, más que unir a sus padres, supondrá el comienzo de una tragedia. 

  Malva, flor de agua que crece cerca del mar, nació con una cabeza desproporcionada, fruto de una hidrocefalia que anunciaba una muerte prematura, irremediable. «Una criatura (¿lo era?) a la que no se podía mirar sin dolor», la describió el poeta Vicente Aleixandre. 


   La verdad sobre esa hija discapacitada que tanto avergonzaba al escritor, a juzgar por el secretismo con que rodeó su corta existencia, comenzó a trascender a cuentagotas hace menos de quince años.

  En 2008, cuando dimos las primeras noticias en este diario, no se conocían imágenes de su tumba, en el Oude Begraatplats, el viejo cementerio católico desafectado en las afueras de Gouda, donde no ingresaban nuevos vecinos desde 1973.  

   El nacimiento de una hija enferma estaba fuera de todos sus cálculos. Primero la ocultó -«es un ser perfectamente ridículo», llegó a decir, «una especie de punto y coma»- y después borró a la «vampiresa de tres kilos» de su vida, abandonándola para siempre. Cuesta entender que del autor de Cien sonetos de amor nacieran tales palabras, y por eso las opiniones al respecto son diversas.



  Neruda y Maruca se casaron en Java el 6 de diciembre de 1930, cuando él era entonces cónsul de Chile en la isla. Sería una luna de miel corta y con final traumático. 

 Chile lo reclama y, de vuelta a Santiago, la capital donde Neruda se corrió sus grandes farras, el cambio de vida resulta un infierno para la flamante esposa. 

  El poeta no tarda en reencontrarse con sus amigos juerguistas del pasado y vuelve a la dolce vita, en compañía de escritores, pintores, músicos y mujeres, su pasión y perdición. 

   Maria Hagenaar, embarazada, sin amigos y con un marido al que sólo ve al amanecer, se rebela. Ya no soporta más ausencias e infidelidades y quiere volver a Europa. Neruda, para aplacarla, echa mano de influyentes amigos del Gobierno y consigue que lo envíen a Madrid.  


La bienvenida de Lorca


  En la quinta planta de la Casa de las Flores, entonces símbolo del vanguardismo urbanista, la tranquilidad parece reinar. Malva, dicen los médicos, sigue creciendo a buen ritmo en el vientre primerizo de Maruca. Faltan tres meses para su llegada al mundo. Y Neruda, el futuro padre, dedica más horas a organizar tertulias en su casa que al consulado.

  Hasta que nace Malva y ya únicamente los íntimos -Federico García Lorca, Rafael Alberti, quien le había conseguido el piso de alquiler en Argüelles, Vicente Aleixandre...- eran bien recibidos. 


  Al parecer, al comienzo Neruda no era muy consciente del alcance de la enfermedad de su hija, a la que consideró «una maravilla» al poco de nacer. De esa ceguera propia de padre debutante dan fe las palabras de un Vicente Aleixandre sorprendido, tal vez asustado, quien tras visitar a la recién nacida trazó con palabras la radiografía de aquel cuerpecito «con cabeza feroz, crecida sin piedad...».

   Dice así: «Salí a la terraza corrida y estrecha, como un camino hacia su final. En él, Pablo, allá, se inclinaba sobre lo que parecía una cuna. Yo le veía lejos mientras oía su voz: "Malva Marina, ¿me oyes? ¡Ven, Vicente, ven! Mira qué maravilla. Mi niña. Lo más bonito del mundo"


  Brotaban las palabras mientras yo me iba acercando. Él me llamaba con la mano y miraba con felicidad hacia el fondo de aquella cuna. Todo él ciega dulzura de su voz gruesa. Llegué. Él se irguió radiante, mientras me espiaba. 

  ¡Mira, mira! Yo me acerqué del todo y entonces el hondón de los encajes ofreció lo que contenía. Una enorme cabeza, una implacable cabeza que hubiese devorado las facciones y fuese sólo eso: cabeza feroz, crecida sin piedad, sin interrupción, hasta perder su destino...».

  Muy pronto, cuando comenzó a tomarle el pulso al mal de la niña, la desilusión de Neruda fue en aumento. Se fue alejando más y más de su hija, y también de su esposa.  


  A un mes del nacimiento de su hija le confiesa por carta a su amiga Sara Tornú, esposa del poeta argentino Pablo Rojas Paz, con la que Neruda habría mantenido algún flirteo: 

  «Oh Rubia queridísima... La chica [Malva] se moría, no lloraba, no dormía; había que darle con sonda, con cucharita, con inyecciones, y pasábamos las noches enteras, el día entero, la semana, sin dormir (...) Aquella cosa pequeñilla sufría horriblemente, de una hemorragia que le había salido en el cerebro al nacer. Pero alégrate, Rubia Sara, porque toda va bien; la chica comenzó a mamar y los médicos me frecuentan menos...».

  Con este testimonio vemos que mucho de lo que dicen los nuevas hipótesis sobre el abandono de su hija, no estarían relacionados con un desprecio hacia ella.


  Tras una etapa plagada de desencuentros, infidelidades de él y de rechazo hacia su hija, en 1936 el poeta abandona definitivamente a su mujer y a su niña para irse a vivir con Delia del Carril, la Hormiguita.

   Las deja casi sin dinero en Montecarlo, ciudad a la que llegan huyendo de la Guerra Civil. Maruca cruza toda Francia con su niña enferma hasta llegar a Holanda, donde se instala en la ciudad de Gouda. 


  Madre e hija pasan hambre y penurias. Maruca vive en pensiones y trabaja en lo que encuentra mientras a su niña la deja al cuidado de una familia cristiana. Suplica a Neruda que le mande dinero para poder darle de comer a su hija: «Mi último centavo lo gastaré en enviar esta carta».


  Maruca, solo se comunicará con él en inglés. (My dear pig, lo llama ella en sus cartas una vez separados, para reclamarle -sin éxito durante años y, aún así, con inaudita cortesía- la cuota alimentaria para la hija).

  La hija olvidada por el nobel de Literatura murió el 2 de marzo de 1943 en Gouda, donde está enterrada, lejos del mar donde crece la flor de la Malva Marina. Tenía ocho años. 


  Su madre, a través del Consulado de Chile en La Haya avisa a Neruda de la muerte de la pequeña y le pide reunirse con él. El silencio fue su respuesta.

   A pesar de todo, Neruda no debería ser considerado un héroe ni un canalla, sino un ser humano como cualquiera. Pero también eran humanos de ese tiempo Schindler, Wallenberg y tantos otros salvadores.

   En Chile, algunos destacan que el Partido Comunista holandés trabajó mucho años para guardar el secreto y reducir el daño colateral que ensombrece la figura de Neruda, en el panteón del comunismo.


Sin embargo, desde la página oficial de Pablo Neruda hacen un descargo desmintiendo esta historia y afirman que:



  "Es falso que el poeta haya abandonado a su mujer y a su hija a la miseria. Está documentado por cartas de la misma Maruca Hagenaar y por documentos consulares, que el poeta nunca dejó de enviarles una mesada. 

  Ésta, al principio era en dólares, pero la misma Maruca la solicitó en otra moneda, ya que no podía cambiar dólares en la Holanda ocupada por los nazis."


Y agregan: 


   "Advertimos aquí una clara intencionalidad: se usan testimonios, como los del poeta Vicente Aleixandre, que muestran a un Neruda lleno de ternura hacia su hija, o una carta del mismo poeta a su amiga argentina Sara Tornú, en la que le relata su angustia por la enfermedad de la niña, y sus desvelos por el cuidado de ella, como una especie de enajenación del poeta. 

  La crónica dice textualmente:

   “Al parecer, al comienzo Neruda no era muy consciente del alcance de la enfermedad de su hija, a la que consideró «una maravilla» al poco de nacer.” 

  Así, sobre la base de esta conjetura y de una lectura prejuiciada de los testimonios que muestran a Neruda como un padre preocupado por su hija, se construye la imagen de este padre que al salir de su “ceguera” repudia y oculta a su propia hija.


  Se omite el testimonio principal, el poema “Enfermedades en mi casa”, dedicado a la enfermedad de su hija, que es un poema de dolor, que muestra a un poeta que lejos de estar enceguecido por la vanidad paterna, está plenamente consciente de la enfermedad de su hija.

 
  Además, un poeta que quiere ocultar a su hija, no pondría un poema dedicado a ella, en uno de sus libros más importantes, Residencia en la tierra 2, que fue el que le dio reconocimiento en España, entre sus pares de la generación del 27."


Fuente: El mundo / Clarín / Vanguardia
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