La adicción al celular de los padres podría dañar el futuro de los hijos


Todos están padeciendo cierto nivel de adicción a los teléfonos móviles, pero pocos padres saben el daño intelectual y emocional que esa adicción puede provocarle a sus niños, especialmente a los más pequeños.







   Según estudios de neurociencia, en los primeros tres años de vida es cuando más rápidamente se desarrollan las capacidades lingüísticas, emocionales, sociales y motoras del cerebro. 

  
  Por ejemplo, en ese periodo se forman entre 700 y 1 000 nuevas conexiones neuronales por segundo.


  El desarrollo del vocabulario comienza entre los 15 y los 18 meses y continúa hasta los años preescolares. Interacción cara a cara: estimula el aprendizaje y el desarrollo emocional.


  En un artículo de la pediatra Jenny Radesky del Boston Medical Group, señala que el uso desmedido de teléfonos celulares por los padres está afectando no solo cuánto hablan con sus hijos pero también cómo se relacionan con ellos. 

  Radesky indica que tras décadas de investigación, se ha concluido que las interacciones cara a cara de padres con los hijos, desde sus primeros días de vida, son muy importantes para el aprendizaje, comportamiento y desarrollo emocional.

  A través de la interacción cara a cara, los niños pequeños desarrollan no solo el lenguaje, pero también aprenden sobre sus propias emociones y cómo regularlas. 


  Al observarlos, aprenden a cómo tener una conversación y a cómo leer las expresiones faciales de los demás y, eventualmente, a ser mejores comunicadores.


“En una sociedad democrática, los ciudadanos necesitan tener
unos conocimientos básicos de las cuestiones científicas,
de modo que puedan tomar decisiones informadas
y no depender únicamente de los expertos”
Stephen W. Hawking.




  Algunos expertos creen que ciertos usos podrían estar alterando negativamente el cerebro de los niños, y les preocupa que se resienta su capacidad de atención, así como su motricidad, sus aptitudes lingüísticas y su visión, especialmente en los niños menores de 5 años, cuyos cerebros se encuentran en pleno desarrollo.

  Las empresas de tecnología y los desarrolladores de aplicaciones están poniendo en práctica todas sus habilidades de marketing para abordar el problema, y colocan en sus productos palabras como "educativo" o "e-aprendizaje", a menudo sin ninguna base científica. Entonces, ¿qué pueden hacer los padres?

  


Recomendaciones básicas


  Empecemos por el final viendo cuáles son las recomendaciones básicas sobre este tema, y luego pasaremos a analizar por qué se dan estas recomendaciones. 

  Tras examinar la evidencia científica disponible sobre la exposición de niños a TV y otras pantallas, la posición de la Academia Americana de Pediatría (AAP) es rotunda: evitar totalmente la exposición a la TV y otras pantallas antes de los 2 años de edad.

   La television y otros medios (digitales) de entretenimiento deben ser evitados en bebés y niños menores de dos años. El cerebro del niño se desarrolla rápidamente durante estos primeros años, y los niños aprenden mejor de las interacciones con personas, no con pantallas.


   Para los más mayores, recomienda crear zonas en el hogar libres de pantallas y limitar su exposición total combinada a un máximo de una o dos horas, siempre que el contenido sea de calidad y adecuado a su edad:

  La AAP recomienda que los padres establezcan “zonas libres de pantallas” en el hogar, asegurándose de que no hay televisión, ordenador o videojuegos en los dormitorios de los niños, y apagando la televisión durante las comidas. 

 Los niños y adolescentes deberían usar estos medios durante no más de una o dos horas diarias, y siempre con contenidos de alta calidad. 

 Es importante para los niños emplear su tiempo en juegos al aire libre, lectura, aficiones y uso de su imaginación en situaciones de juego libre.


  Para el Dr. Jack Shonkoff, de Harvard, la atención de los padres se requiere a cualquier edad. Cuando un bebé escucha a la gente a su alrededor hablándole por unos meses, al poco tiempo comienza a responder con sonidos, balbuceos, o chillidos.

   ¿Has notado la forma en que un bebé reacciona cuando le miras a los ojos y le hablas de forma afectiva y calmada? Sus ojos se iluminan, generalmente sonríe y empieza a parlotear con más entusiasmo.

 
  Shonkoff destaca que la importancia de hablar y escuchar a los niños no debe disminuir en la medida que crecen. Todo lo contrario, los padres deben hacer un esfuerzo por interactuar de forma más afectiva y poner reglas en casa para limitar el tiempo que los niños dedican a ver la tele, jugar video juegos o con la computadora.

   Estas actividades no estimulan el área del lenguaje del cerebro de la misma manera que una conversación cara a cara. 

  Es alarmante pensar que sean los propios padres que por desconocimiento les estén negando a sus niños el estímulo que necesitan, y por ello limitando sus oportunidades futuras.


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