Estos son los síntomas de la “Bancarrota Emocional” que debes prevenir

¿Te has sentido con más problemas de los que puedes enfrentar a la vez? Si viéramos la vida como tu cuenta bancaria, con la que puedes pagar las facturas, comprar cosas, acceder a servicios y tener un estilo de vida más o menos cómodo, entonces la bancarrota emocional se daría tu cuenta está en números rojos, y ya no puedes pagar nada.  



  La bancarrota emocional es un concepto más desconocido que la insolvencia económica pero es tan habitual y real como esta, sobre todo en la sociedad actual, cuyas exigencias, expectativas y ritmo puede terminar drenándonos emocionalmente. 



¿Qué es la bancarrota emocional? 


    La bancarrota emocional es un estado en el que no somos capaces de expresar, procesar, compartir y/o aceptar nuestras emociones. 

  Simplemente perdemos la capacidad para gestionar nuestros estados emocionales, estos nos controlan, convirtiéndose en una fuerza superior a nosotros.

  En algunos casos podemos caer en la indiferencia emocional, sentir que todo nos resulta ajeno y que no podemos corresponder con el mismo afecto a las personas más cercanas. 

  En otros casos la bancarrota emocional se manifiesta a través de riadas de sentimientos negativos que no logramos contener. 


Algunos de los signos más evidentes de la bancarrota emocional son: 


1. Te irritas por cosas intrascendentes que en otras circunstancias hubieras obviado. 

2. Reprimes tus emociones, hasta que no puedes más y explotas. 

3. Cambios repentinos de humor que no puedes explicar, pasando de la euforia a la tristeza o de la motivación a a la apatía. 

4. No aceptas determinadas emociones, te culpas por experimentarlas y las rechazas, lo cual crea un sentimiento de culpa. 

5. No logras compartir tus estados emocionales con los demás, te encierras en ti mismo pensando que nadie podrá comprenderte. 

6. Te sientes distante emocionalmente de las personas que te quieren porque no logras establecer un vínculo afectivo y empático. 

7. Haz desarrollado una especie de indefensión aprendida porque no ves la salida al estado en que te encuentras. 


El camino hacia la ruina emocional 


    Muy pocas personas quiebran de la noche a la mañana y no es diferente en el caso de la bancarrota emocional. 

   Aquí también, lo más usual es que la bancarrota emocional sea el resultado de un proceso lento, el resultado de pequeños problemas, y obstáculos que se se fueron acumulando sin que te des cuenta y lo que no te ha dado la oportunidad de reaccionar a tiempo. 

 De hecho, es probable que en cierto momento te preguntes cómo has podido llegar hasta ese extremo, pero al mirar atrás todo te resulte bastante confuso. 


Existen más probabilidades de perder el autocontrol emocional cuando: 


- Haces demasiadas cosas, ocupas demasiado tus jornadas hasta el punto que no te dedicas tiempo para cuidarte y recargar tu batería emocional. 

- No le prestas atención a las señales de alarma, piensas que has perdido la paciencia por culpa de los demás sin asumir tu cuota de responsabilidad. 

- Postergas el autoanálisis pensando que todo se resolverá mañana, cuando logres un aumento de sueldo, tu pareja sea más comprensiva, termines de pagar la hipoteca… De esta manera arrastras una carga de insatisfacción emocional que terminará explotando. 


   El camino más seguro hacia el sufrimiento es hacer planes sobre lo que esperas que pase, en lugar de tomar nota de lo que realmente está sucediendo. 

  De hecho, en muchos casos la bancarrota emocional es el resultado de un profundo agotamiento psicológico, de haberse resignado a sufrir esperando tiempos mejores cuando podíamos haber hecho algo para mejorar nuestra situación. 



Los terribles efectos de la bancarrota emocional 


   En primer lugar, el estrés emocional que genera esta situación puede llegar a terminar causando trastornos como la ansiedad o la depresión o incluso puede desencadenar problemas de salud. 

   Cada vez que no aceptas, procesas, compartes o expresas tus sentimientos y emociones, estás generando estrés en tu cerebro, el cual se reflejará en tu cuerpo. Vivir en un estado de bancarrota emocional puede enfermarte y posiblemente acortar tu esperanza de vida. 

  La frialdad emocional o las explosiones emocionales también dañarán tus relaciones y dejarán cicatrices en las personas más cercanas. Como resultado, esas relaciones terminan deteriorándose o rompiéndose definitivamente. 


¿Cómo evitar la bancarrota emocional? 


- Ponte en el presupuesto. 


 Sería ideal que pudieras sanear tu economía emocional. Es probable que de vez en cuando mires al pasado añorando ese tiempo en el que todo era más tranquilo. 

  El problema es que las creencias y los comportamientos que te metieron en problemas en un principio, probablemente se mantendrán. 

   No es raro que justo cuando piensas que has saneado tus cuentas, aparezca una nueva cosecha de gastos, que cuando piensas que finalmente has recuperado el control emocional, otra situación te lo vuelva a arrebatar.


   Esa situación se evita proyectando un presupuesto sólido; es decir, siendo conscientes de hasta dónde podemos llegar y deteniéndonos mucho antes del punto de no retorno. ¿Cuántas horas de trabajo son demasiadas? ¿Cuántos encuentros con una persona problemática puedes soportar? 



- Impulsa tus ingresos emocionales. 

  Todo presupuesto tiene dos partes: ingresos y gastos. Hasta ahora hemos hablado de cómo reducir ese gasto, pero también puedes potenciar tu salud emocional. 

  Descubre qué actividades te ayudan a reponer la energía emocional perdida. Algunas personas necesitan paz y tranquilidad, otras requieren actividad y emoción. Para algunos, la soledad es una necesidad imperiosa pero otros necesitan estar rodeados de personas. 

Encuentra lo que sea mejor para ti e invierte en lo que te hace feliz. Eso te permitirá crear una especie de colchón emocional, que se llama resiliencia, y que te ayudará a enfrentar los momentos más difíciles sin perder el control.


Fuente: Visita la nota completa de Jennifer Delgado Suárez para Rincón de la psicología
El Club de los Libros Perdidos. Con la tecnología de Blogger.