El secreto de los libros de autoayuda es mentirte para que seas "feliz"

Lucrar con los sentimientos de insatisfacción —prácticamente generalizada— es la nueva forma de las editoriales para mentirle al lector.


 

"La vida siempre duele. Resistir el dolor para hacer el bien a los que te importan: ¿no se trata de eso la vida?"

Gregory House

  En la sociedad se ha malinterpretado el concepto de autoestima. Imaginar que tenemos alas con las cuales aplaudirnos está lejos de ser un método de crecimiento personal.

   Al encender la televisión, notamos que una de las ideas que se intenta imponer es la del hombre presuntamente exitoso y sonriente, que carga un portafolio negro como una madre a su bebé.


  Vivimos en una época que se puede definir como el escenario perfecto para la frustración, por lo que debemos reflexionar sobre la falsa idea del amor propio.

  Seguramente más de una vez nos hemos preguntado “¿cómo puede ser tan feliz ese desgraciado?”. A lo que podemos concluir lo siguiente: la autoestima demasiado alta suele ser una cualidad de los incompetentes. 

 Hoy en día, pareciera que a la soberbia se le ha dotado de valor, y a las personas humildes, reflexivas y conscientes se les encasilla e infravalora.


   Lo anterior ha permitido el surgimiento en el mundo de las letras de supuestos escritores disfrazados de profetas y terapeutas que recorren los medios de comunicación con el apoyo ferviente de una sociedad triste a la que se le vende una supuesta receta para vivir y ser feliz. 

  Lucrar con los sentimientos de insatisfacción —prácticamente generalizada— es la nueva forma de las editoriales para mentirle al lector; ya que, dotada de una gran cantidad de público, la autoayuda se ha convertido en uno de los géneros más vendidos en las principales librerías del país. 


  Seguir el camino actual es muy peligroso porque los principales recintos, escalafones y espacios comienzan a estar reservados para estos gurús; ignorando con ello las grandes obras y escritores de nuestro tiempo. 

  Es muy triste para los lectores curiosos observar la ingenuidad con la que las nuevas generaciones se saturan de esta clase libros, todo con la complicidad de una industria que comienza a desdibujarse, y en la que el editor desaparece para ceder su lugar al mercadólogo y hombre de ventas, actualizado en las principales novedades. 

  Pero, no podemos culpar al lector, sin educación de calidad en las aulas, al ser presa fácil de la publicidad. 


  Con las actuales políticas de educación que buscan disminuir y hasta desaparecer la carga de asignaturas de humanidades, los adolescentes ansiosos por encontrar respuestas en una etapa de formación personal, caen sin remedio en libros carentes de sentido y empatía para apaciguar el rugir del alma.

  Entre youtubers, influencers, empresarios, lifestylers y fanáticos de lo esotérico, ¿dónde queda la buena literatura? ¿Dónde se esconden los escritores que te hacen crecer y enriquecen tu educación sentimental?


  Después de una exhaustiva búsqueda podemos verlos, perdidos en los últimos estantes como en un cementerio. Nada de lo que podamos estar orgullosos se logra fácilmente, y encontrar buenos libros debe ser un logro que todo gran lector debe tener como uno de sus hábitos. 

 Si no podemos controlar lo que se nos ofrece a manos llenas, sí tenemos la responsabilidad de hurgar en un recinto lleno de libros para encontrar ese tesoro digno de ser leído en una vida tan corta.


  La infelicidad no tiene por qué asustarnos, sin ella no podríamos pensar ni deshacernos del ego. 


  Levantarnos cada mañana —como el fuego intermitente de una vela víctima del viento—, nos debe llamar a observarnos en un espejo diario; de mirar con el tiempo a alguien mejor, y recordar lo difícil que fue el día anterior. 

  La vida nos lleva sin remedio hacia adelante, aún en contra de nuestra voluntad; y fallar en el intento sin perder el impulso, nos llevará a lograr nuestras metas. Resistir e insistir, como nos enseñaron los grandes artistas, como única magia para lograr el éxito —si es que tal palabra puede existir en un mundo finito e imperfecto, pero único y hermoso.

    El escritor argentino Adolfo Bioy Casares decía que los malos libros son irremediables, así que cambiar nuestros hábitos como lectores es una tarea digna de emprender. 



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