El chisme muere cuando llega al oído de la persona inteligente

 El mecanismo siempre suele funcionar del mismo modo: hay un hipócrita que crea un chisme para que el chismoso lo difunda y el ingenuo lo crea sin resistencia. La epidemia de los rumores solo termina cuando por fin, llega al oído de la persona inteligente, a ese corazón vacunado que ni atiende ni responde a lo que no tiene sentido.



  El chisme no requiere pruebas. La opinión pública construye más a partir de impresiones que de hechos, por lo tanto, una mera acusación basta.

  Además, el rumor tampoco requiere la existencia de grandes logros por el chismoso, a éste le basta que su víctima luzca mal.

  En la mayoría de grupos de la vida cotidiana, existen personas dañinas para la sana convivencia, personas que con su envidia y sus chismes, acaban con el ambiente ameno que los otros pretenden vivir.


   El chisme o rumor suele ser utilizado siempre de la misma manera, sale de la boca de un mal intencionado para que el chismoso lo difunda y el inocente se trague el cuento. 

  Afortunadamente esto siempre acaba cuando llega a los oídos de alguien que es lo suficientemente inteligente para saber que esto no es nada provechosos y por ende no merece respuesta alguna.
 
   En un libro publicado en 1947 por el psicólogo social Gordon Allport titulado “La psicología de los rumores” se nos explica algo realmente curioso: los chismes sirven a diversos grupos de personas para cohesionarse entre sí y posicionarse frente a alguien. A su vez, estas conductas les son placenteras, liberan endorfinas y logran combatir el estrés.


 El chisme se convierte en muchos casos en un mecanismo de control social que otorga cierto poder a quien lo practica. Se posiciona en el centro de atención de ese grupo de personas que toleran y aplauden el chisme, o cualquier  información sesgada, como un poco agradable modo de distracción.
 
  Tal y como suele decirse, los chismosos no saben ser felices. Están demasiado ocupados en camuflar sus amarguras en tareas vanas y superfluas donde validar inútilmente sus autoestimas.  


La psicología del chisme implacable

  El chisme es un pasatiempo para algunos que sufren de trastornos narcisistas de la personalidad.

   La psicología del chisme y de los rumores está de plena actualidad. Pensemos, por ejemplo, lo rápido que llega a “contagiarse” un rumor fundado o infundado en el mundo de las redes sociales. 

  Internet es ya como un auténtico cerebro donde los datos campan como neuronas interconectadas para nutrirnos con una información que no siempre es verdadera ni es respetuosa con los demás.


  Por su parte, los expertos en marketing y en publicidad siempre suelen poner como ejemplo del “chisme fatal e implacable” el caso del refresco “Tropical Fantasy”. Sacado al mercado en 1990 obtuvo un éxito casi inmediato en Estados Unidos, hasta que de pronto, surgió un rumor tan aterrador como absurdo.

  Se decía que estos refrescos baratos habían sido creados por el Ku Klux Klan para un fin muy concreto. Su bajo coste permitía que gran parte de la población afroamericana de bajos recursos tuviera acceso a ella. 

  En su fórmula, se escondía a su vez un oscuro propósito: dañar la calidad del semen de los afroamericanos para que no pudieran tener más hijos.


  Nadie sabe por qué o quién encendió la llama de este rumor, pero el impacto fue desastroso. La marca “Tropical Fantasy” tardó años en recuperarse, hasta el punto de que aún a día de hoy, no se olvidan de incluir en sus imágenes publicitarias a personas de raza negra disfrutado del refresco.
 

  No importaba lo delirante que fuera el chisme en sí, lo infundado o lo malicioso, porque logró atacar la sensibilidad de un colectivo que desde entonces ha desarrollado una resistencia al consumo de ese producto, solamente en base a un rumor infundado.


  Aún sabiendo que no era cierto, la impronta emocional perdura. Este es el claro ejemplo de uno de los chismes que más eco han dejado.

   Por lo tanto, es importante ser conscientes de que el chisme se ha acomodado en la sociedad y en vez de ser el portador de este, debemos convertirnos en el oído inteligente que lo detiene, que se convierte en el muro que no se puede sobrepasar.

  En el ámbito de la comunicación, el rumor es utilizado como uno de los mecanismos efectivos a la hora de conocer determinados puntos de vista respecto a un tema en la organización o grupo de trabajo.


Defendernos de chismes y rumores


  Lo queramos o no, nuestra sociedad está construida a base de relaciones de poder donde los chismes y rumores son auténticas armas arrojadizas. Las verdades manipuladas son útiles para muchas personas, logran posicionarse con ellos y obtienen beneficios muy concretos.

  Así pues, es necesario que seamos siempre ese oído inteligente que actúa como barrera, que frena el agravio, el sin sentido, la información falsa y la chispa de ese incendio que siempre ansía llevarse a alguien por delante.


   Por ello, y para comprender un poco mejor estos procesos psicológicos tan comunes en nuestros contextos sociales, te proponemos que tengas en cuenta esos pilares que sustentan la compleja psicología del chisme, del chismoso y del ingenuo que los escampa.

  


  Los chismes se difunden cuando hay alguien que desea adquirir notoriedad a nuestra costa. Ante estas conductas, podemos actuar de dos formas, o bien haciendo oídos sordos ante lo absurdo o actuando con asertividad poniendo límites y dejando las cosas claras.

  Hemos de ser conscientes de que en toda organización, comunidad de vecinos o en grupos de compañeros o amigos, va a haber un “rumorólogo” oficial. Un amante de los chismes.

  Hemos de ser siempre íntegros, transparentes y no alimentar este tipo de conductas escampando el virus del rumor o el chisme. Ahora bien, es necesario saber además que no es nada fácil desacreditar un rumor, las palabras no siempre bastan, se necesitan hechos contundentes para desacreditar y demostrar lo inverosímil de ese chisme.


Las lenguas serpenteantes siempre nos van a acompañar de un modo u otro, así que lo mejor será siempre evitar ser una de ellas y recordar que los chismes son para la “chusma” y la información para los oídos sabios


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