Los suizos rechazan recibir un plan social de más de 2.000 euros sin trabajar

En un referendo, los ciudadanos dijeron no a un proyecto de renta básica para todos, con o sin empleo




  Los suizos rechazaron masivamente la creación de una renta básica para todos, empleados o sin trabajo, proyecto único en el mundo que dio lugar a intensos debates en un país donde se venera el valor del trabajo. 

 La gran mayoría de los votantes suizos rechazó un referéndum que habría proporcionado a todos los ciudadanos un ingreso garantizado de 2.500 francos suizos (2.520 dólares), independientemente de su situación laboral o riqueza.


Alrededor del 78% votaron en contra de la medida.


  El plan habría permitido que los que ganan menos del mínimo vieran su paga incrementa, mientras que los que tienen trabajo recibirían el importe total. El ingreso hubiera sido incondicional y libre de impuestos, y habría reemplazado varios pagos de asistencia social.

  El gobierno suizo se opuso a la iniciativa, diciendo que se habrían necesitado 25.000 millones de francos suizos al año para pagarlo, lo que tendría como resultado nuevos impuestos o recortes de gastos que habrían dañado la economía, argumentó.

  El Consejo Federal y el Parlamento temían que "menos personas optaran por trabajar" si la medida hubiera sido aprobada.


     
  El rechazo a esta propuesta, planteada por un grupo sin afiliación política, no sorprende en un país que, en 2012, rehusó elevar el período anual de vacaciones pagadas de 4 a 6 semanas, por temor a perder competitividad

 Esta iniciativa popular “por una Renta de Base Incondicional” (RBI) proponía pagar una asignación o salario a todos los suizos o extranjeros que vivieran en el país desde hace al menos cinco años, y que tuvieran o no trabajo.

  La iniciativa sugería una mensualidad de 2.500 francos suizos (2.260 euros o 2.533 dólares) para los adultos -suma con la que es muy difícil vivir en Suiza- y de 625 francos (565 euros o 634 dólares) para los menores. 


 Ello hubiera requerido una fuente de financiación suplementaria de unos 25 mil millones de francos por año, y por tanto un incremento de impuestos o nuevas tasas.

  Este proyecto, único en el mundo, suscitaba gran debate en un país donde se venera el valor del trabajo. “Es un sueño que existe desde hace tiempo”, pero que se convirtió en “indispensable” debido al desempleo provocado por la creciente robotización, había explicado, antes de la votación, uno de los líderes de la iniciativa, Ralph Kundig. 

 Tanto el gobierno como la mayoría de los partidos político, excepto los Verdes y la extrema izquierda, consideraban el proyecto utópico y excesivamente oneroso.


  Para los Verdes, la RBI aseguraba un “mínimo vital”, una ventaja para los empleados, que podrían resistir mejor a “la presión del mercado de trabajo y rechazar condiciones laborales deplorables”. 


 El director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, una agencia de la ONU), Guy Ryder, no llegó a posicionarse pero reconoció que la transformación a largo plazo del mundo laboral llevará a las sociedades a “encontrar medios de distribución de ingresos nacionales que no estén directamente relacionados con el trabajo o el salario”.


Fuente: El día y CNÑ
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