"Los padres no están para servir a sus hijos. No son sus súbditos", denuncia una famosa psicóloga

«Queremos que crezcan felices, de la infancia a la adolescencia», el nuevo libro de la psicóloga infantil Silvia Álava, llega a las librerías casi por petición popular



Muchos padres de hoy se ven perdidos ante tanta información de cómo educar a sus hijos.


  Los niños necesitan tiempo para jugar, y también necesitan tiempo para aburrirse. Hay momentos y edades para todo. Pero incluso cuando son un poquito más mayores, que ya no estamos hablando de niños pequeños, a partir de los 6 años, también necesitan un "tiempo en blanco", por así decirlo. 

  Lo que no podemos pretender es que un niño tenga desde que se levanta hasta que se acuesta incluida toda la tarde completamente planificada de tal forma que no les sobra ningún minuto libre. 


 Ese ritmo no hay quien lo aguante. Porque eso implica estar en una continua capacidad de atención, de organización, de planificación… no les das tiempo para distraerse un minuto con un muñeco. Los niños de hoy en día tienen que aprender a aburrirse.

  Es genial aprender a aburrirse, aprender a estar con uno mismo… Si están todo el tiempo con un adulto que les guía, les planifica la tarea, no les dejas favorecer su autonomía, no les dejas generar recursos... 

  No decimos que los niños no tengan que hacer actividades, pero sí que hay que reservar un tiempo libre para que estén ellos solos, que aprendan a entretenerse, que aprendan a aburrirse, y a generar una serie de competencias.




¿Qué hacemos con un niño manipulador en casa?


  Los niños manipuladores tienen muy claro su objetivo y no les importa en un determinado momento darle la vuelta a la situación para salirse con la suya. 

 Hay que tener cuidado con los niños que tienen esa tendencia a manipular y ven que la manipulación les sale bien, porque entonces lo van a seguir haciendo. 

 El problema es que se ven muy reforzados, porque consiguen su objetivo. Pero cuando sean un poquito más mayores, o fuera de casa, se van a dar cuenta de que la manipulación no funciona.

  Por eso nosotros insistimos tanto en el libro como en consulta que en casa se le puede querer mucho y permitirles todo, porque el amor hacia los hijos es incondicional, pero el problema es que esos niños luego tienen que salir a la sociedad y sus amigos y sus profesores no van a tener un amor incondicional hacia ellos. 


 Los padres sí, y es genial que lo tengan porque además es su labor. Pero también lo es ayudarles a que sean capaces de regularse, de aprender unas básicas que luego le permitan ser feliz en el trabajo y en la vida.

 Los niños de hoy tienen móvil cada vez antes. ¿Qué opina de esto? ¿Cuáles cree que deberían ser las normas en una familia?

- Es importante que quede claro que el móvil lo pagan los padres, y que los niños entiendan desde el primer momento que no tienen derecho al móvil. Que si nos guiamos por la Ley de Derechos del Niño, en ninguno de los puntos o cláusulas pone que los niños tengan derecho al móvil. El móvil se lo tienen que ganar. ¿Y cómo se lo tienen que ganar? Cada familia tiene que decidir cuáles son las cosas que hay que cumplir. 

  Si los niños tienen que haber hecho los deberes, que haber estudiado, haber recogido la casa, ayudado a poner la mesa, a hacer la cama… que no está mal que los niños ayuden en casa y que aprendan a ser cada vez más autónomos.




  La familia es un equipo donde todos tienen que hacer cosas. Papá y mamá no están para servir al niño. Están para darle su amor incondicional, pero no para ser sus súbditos.


  «Queremos que crezcan felices, de la infancia a la adolescencia», el nuevo libro de la psicóloga infantil Silvia Álava, llega a las librerías casi por petición popular. «Tras la publicación de "Queremos hijos felices", muchos padres nos comentaron que querían saber cómo actuar con hijos más mayores. Por eso en esta nueva entrega hemos decidido centrarnos en el periodo que va comprendido entre los seis y los doce años».


-Muchos padres de hoy se ven perdidos ante tanta información de cómo educar a sus hijos.

-Los padres de hoy lo tienen más difícil que nunca. Porque se les junta que es verdad que están muy preparados a nivel profesional pero luego tienen un nivel de exigencia altísimo.

  A los padres de hoy en día se les exige prácticamente que sean perfectos en todas las facetas de su vida, incluida la paternidad. Pero es que la sociedad también exige a los niños que sean perfectos.

  Los niños desde bien pequeños ya tienen que estar apuntados a idiomas, a algún deporte, sacar unas notas estupendísimas… Creo que debemos relajarnos, intentar disfrutar de la paternidad, y que los niños disfruten de la niñez. 


  Los padres deben ya no solo trabajar ese sentimiento de culpabilidad, sino también que somos imperfectos. Deben asumirlo. Lo van a hacer lo mejor posible, pero nunca hay que buscar ser el padre perfecto, porque el padre perfecto y la madre perfecta no existen.

-Los niños de hoy, también parecen estar expuestos a demasiada información, y a un altísimo nivel de exigencia. Con cuatro años van a clases de chino, de equitación, de música, y de predeporte.

-Los niños necesitan tiempo para jugar, y también necesitan tiempo para aburrirse. Hay momentos y edades para todo. Pero incluso cuando son un poquito más mayores, que ya no estamos hablando de niños pequeños, a partir de los 6 años, también necesitan un "tiempo en blanco", por así decirlo. 

  Lo que no podemos pretender es que un niño tenga desde que se levanta hasta que se acuesta incluida toda la tarde completamente planificada de tal forma que no les sobra ningún minuto libre. Ese ritmo no hay quien lo aguante.



  Porque eso implica estar en una continua capacidad de atención, de organización, de planificación… no les das tiempo para distraerse un minuto con un muñeco. Los niños de hoy en día tienen que aprender a aburrirse.

  Es genial aprender a aburrirse, aprender a estar con uno mismo… Si están todo el tiempo con un adulto que les guía, les planifica la tarea, no les dejas favorecer su autonomía, no les dejas generar recursos... 


 No decimos que los niños no tengan que hacer actividades, pero sí que hay que reservar un tiempo libre para que estén ellos solos, que aprendan a entretenerse, que aprendan a aburrirse, y a generar una serie de competencias.


-En el libro nos ofrecen un consejo muy básico, como es no poner etiquetas al niño. ¿Qué alternativas hay?

-El niño nunca va a funcionar bien con etiquetas. Una de las cosas en las que insistimos mucho es que en castellano existen dos verbos, ser y estar. Podemos decir "tú no eres malo; te estás portando mal, y en concreto hoy porque no has hecho los deberes, porque has gritado a tu hermano…". Debemos especificar exactamente lo que está haciendo mal en ese momento.

 

-A su juicio, ¿en qué aspecto deberíamos trabajar sí o sí todas las familias?

-En inteligencia emocional (IE). Aunque de unos años a esta parte ya se empieza escuchar, sigue siendo un tema desconocido. Hay muchas teorías y modelos para trabajarla. A mí me gusta mucho el modelo de Salovey y Mayer, de la Universidad de Yale (EUA), que fueron los que propusieron el propio término de IE. 

 Ellos proponen un modelo basado en cuatro habilidades: la percepción emocional, la comprensión emocional, la facilitación emocional y la regulación emocional.


   Hay muchos estudios que relacionan precisamente la regulación emocional con un factor de predicción de éxito en la vida. 

 Y también mucha gente que piensa erróneamente que las emociones hay que suprimirlas o hay que dejar de sentirlas, cuando eso es absolutamente imposible. Tu tienes una emoción y la vas a sentir irremediablemente.

   Lo que hay que hacer es aprender a regularlas. Tenemos que entender que cuando afloran en determinados momentos, esas emociones van a facilitarme las cosas, y simplemente tengo que dejarlas que fluyan, porque son apropiadas para esa situación.

  Si me ha pasado algo puede ser normal que surja la tristeza, y me tengo que permitir mi ratito de estar triste. Pero si yo tengo que ir a dar una conferencia o hablar en público o tengo una reunión en el trabajo y me estoy poniendo nerviosa, eso tengo que aprender a regularlo. 

 Porque ahí los nervios y la ansiedad no me aportan nada, no me ayudan, y me van interferir en mi desempeño.

  Los niños también deben aprender a regular las emociones. Hay muchos padres que confunden regular las emociones con aceptar el estallido emocional. Si a determinada edad el niño se frustra por algo, y le permitimos una pataleta que no está ajustada a su edad, con un estallido de gritos y contestaciones, el niño volcará su frustración en los padres.

  

Fuente: ABC
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