Conoce cuáles son los miedos que se esconden tras el desorden

Dicen que varios de los grandes genios han sido un verdadero monumento al desorden. El escritorio de Einstein, o el de Mark Twain, entre otros, eran un auténtico nido de arañas. Objetos por todos lados, papeles revueltos, acumulación de basura… En fin, todo un cóctel de anzuelos.



  Sin embargo, ser desordenado no te convierte en genio. Así como ser excesivamente ordenado tampoco te hace mejor persona. Los extremos nunca son buenos, en lo que tiene que ver con las las realidades humanas.


  En el mundo actual el tiempo escasea. Ya no es posible lustrar los pisos hasta dejarlos como un espejo, ni mantener inmaculados hasta los últimos rincones de la casa. 

 Tener servicio doméstico es un lujo que pocos pueden darse y dedicarle tiempo al cuidado de la casa no es nada fácil en la actualidad.


  Sin embargo, esto no quiere decir que todo tenga que andar manga por hombro. Se puede mantener un espacio básicamente ordenado, sin necesidad de invertir demasiado tiempo en ello. Todo es cuestión de organizarse y adoptar algunos hábitos. Pero ¿por qué algunas personas no lo logran? ¿Qué hay detrás de su desorden compulsivo?


El significado del desorden


  En general, el desorden en los espacios que habitamos es señal de desorganización en nuestro mundo interior. Permanecer saturado de objetos, significa estar saturado de ideas y proyectos sin resolver. 

 El desorden lanza un mensaje de confusión interna, falta de estructuración y falta de definiciones.

  Pero además, los estudiosos del Feng Shui y de prácticas similares, aseguran que el desorden tiene diferentes significados, dependiendo del lugar en donde se acumule. 


Esto es lo que indican al respecto:


  • Los objetos amontonados en zonas que están a la entrada de una casa significa un profundo temor a relacionarte con otras personas
  • Los objetos amontonados en la cocina o los espacios en donde se preparan alimentos significa fragilidad emocional y resentimiento
  • Los objetos amontonados en los armarios significa dificultad para analizar y controlar los sentimientos y emociones



  • Los objetos amontonados debajo de los muebles indica que se es muy dependiente de la opinión de los demás y se da gran importancia a las apariencias.
  • Los objetos amontonados detrás de las puertas es una expresión de miedo a ser rechazado por los demás y de la convicción de sentirse vigilado
  • Los objetos amontonados en el escritorio o el sitio de trabajo significa miedo, frustración y necesidad de control sobre las situaciones
  • Los objetos amontonados en el garaje implica temor a lo nuevo y falta de destreza para actualizarse
  • Los objetos amontonados en los pasillos significa miedo a expresarse, a decir directamente lo que se desea.
  • Los objetos amontonados en la sala es miedo a ser rechazado por la sociedad.
  • Los objetos amontonados en el comedor tienen que ver con sentirse controlado por la familia e inseguro de uno mismo
  • Los objetos amontonados por toda la casa significa que tenemos ira reprimida y que nos sentimos apáticos y desinteresados por la vida.


  Son muchas las personas que suelen tener un desorden en toda su casa, pero lo seguro es que no sabían que tras todo ese desorden que tienen se esconden una gran cantidad de miedos.

 La acumulación es el primer paso hacia el desorden y se dice que básicamente existen dos tipos de acumulación: la antigua y la actual.
 

  La acumulación antigua tiene que ver con todos esos objetos que, supuestamente, tienen un gran valor para nosotros. Mientras que la acumulación actual, en cambio, se refiere a todos esos objetos cotidianos que empleamos, pero que no volvemos a dejar en su lugar.  


Los miedos que se esconden tras el desorden

Veamos los principales significados de esto:


-El desorden concentrado en la cocina habla de fragilidad emocional o resentimientos que no se superan.

-Cuando el caos se concentra detrás de las puertas, significa que hay miedo a ser rechazado por los demás, o que existe la sensación de estar siendo vigilado.

-Si el desorden está en la entrada de la casa, supone que hay temor a relacionarse con los demás.

-Cuando hay demasiados objetos apilados en el garaje, implica temor a lo novedoso.

-El desorden en los pasillos habla de dificultades para comunicar lo que se piensa y se siente.


-Cuando hay desorganización en el comedor, significa que la familia ejerce demasiada influencia y quiere controlar a sus integrantes.

-El desorden en toda la casa habla acerca de apatía, enojo frente a la vida y desidia frente a uno mismo.

-Los objetos desorganizados en la sala significan miedo y rechazo a establecer relaciones con los demás, o a abrirse al mundo.


  Lo que sí es importante es poder habitar espacios que nos resulten agradables y fáciles de manejar. No es razonable estar a cada rato buscando cosas que se extravían por tanto desorden, ni deprimirnos con solo mirar el estado de nuestro lugar de trabajo o de vivienda.

  Una de las primeras causas de la desorganización es que quizás no has clasificado bien los objetos y, por lo mismo, hay muchas cosas que no tienen un lugar definido en donde deban estar.

  Es importante analizar cuáles son los tipos de objetos que hay en la casa o en la oficina, conformar categorías o grupos de objetos y definir dónde debe guardarse cada grupo.


  Los elementos de escritorio deben tener su lugar, así como los medicamentos, los papeles, los libros, los cuadernos, los paraguas, etc. Es posible que tengas que definir dos o tres sitios para guardar una misma categoría de objetos, si es que son muchos.

  Lo siguiente es trabajar en tu mente para disponerte a hacer lugar a lo nuevo. Mientras mantengas objetos que ya no necesitas, o conserves las cosas simplemente por conservarlas, te será imposible avanzar. Es necesario deshacerte de todo aquello que ya no es necesario.

  Lo que no hayas usado en el último año, debe ir a la basura o a un espacio de bodega.

Convéncete de que limpiar tu lugar es también limpiar tu mente, depurar tu entorno, sanear tu vida. Decídete a pasar a un nuevo nivel y despójate de los objetos que conforman un entorno en el que nada nuevo tiene cabida.


Fuente: Edith Sánchez, para La mente es maravillosa
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