10 COSAS QUE APRENDÍ CUANDO DEJÉ DE GRITARLE A MIS HIJOS

 Una madre estadounidense de cuatro hijos se propuso a sí misma dejar de gritarle a sus hijos. Para eso creó el  “Desafío rinoceronte naranja” y un blog donde nos cuenta su experiencia día a día.



  Los que tienen hijos e hijas saben que en ocasiones llegan a desesperarnos por una u otra razón y nuestra reacción normalmente es el enfado y por supuesto los gritos. Sin embargo, nada de lo que hagan puede convertirse en un pretexto para gritarles.


Reflexiones sobre la experiencia de esta madre


  Alguien me preguntó este fin de semana pasado, “¿cuáles fueron tus conclusiones por no gritar durante un año? ¿Has aprendido algo?” Eh, muy buena pregunta. Y me hizo pensar: “Bueno, ¿qué aprendí?” 


 Voy a decir esto: aprendí mucho, mucho más de lo que puede caber en una posible entrada en el blog! Así que quiero compartir con ustedes las 10 mejores cosas que he aprendido de mi “Desafío Rinoceronte naranja” donde me prometí no gritar a mis 4 niños durante 365 días seguidos.


1.Gritar es destructivo. 


  Cuando le gritas a un niño, no solo lo estás lastimando en ese momento, también estás dañando su autoestima y fracturando la confianza de su relación.

  La mejor forma de enseñarle a un hijo es con palabras, sin gritos ni golpes, pues la agresión solo crea acusaciones futuras y reclamos dolorosos que siempre terminan en distanciamiento entre padres e hijos. 


2.Tú eres el mejor ejemplo de tus hijos 


  Muchos padres se sienten avergonzados y descubiertos cuando algún otro adulto los descubre gritándoles a sus hijos, pero estando únicamente con ellos, la desesperación y la impaciencia suelen ser mucho mayores.

  Lo ideal es siempre ver a los pequeños como el público más exigente, como esas personas que van a aprender todo lo que están viendo de ti ¡Porque ellos crecerán a tu imagen y semejanza! recuerda, tú eres su mejor ejemplo.



3.También los niños tienen días malos 


  El vivir sin gritos te hará ver que en realidad muchas veces el comportamiento de los pequeños no es obra de berrinches, sino que ellos también pueden tener días malos como cualquier persona, pues acorde a su etapa, hay retos y problemas que los atormentan y contra los que deben luchar a diario.

  Es algo que puedes notar cuando tienes la paciencia para ver más allá del coraje momentáneo. 


4. La paciencia es fundamental 


   Una cosa importante que se debe implementar siempre es controlar los impulsos, el coraje y sustituir esa negatividad con pensamientos asertivos, reflexión y sobre todo paciencia, la cual es fundamental para educar a los hijos.

   Recuerda que ellos aún siguen aprendiendo, están en una temprana etapa de sus vidas y tú no puedes hacer nada para controlar sus impulsos de explorar y experimentar, pero lo que puedes moderar, son tus actitudes y reacciones ante las situaciones difíciles.


5. Los gritos crean niños inseguros


  Gritar es un comportamiento egoísta, pues aparentemente es sencillo gritar y hacerse notar ante el mal comportamiento de los pequeños, pero el problema es que realmente esto no funciona, sino que propicia un descontrol en la situación:

  Los niños no “ponen atención” gracias a los gritos, simplemente se paralizan ante el tono de voz intimidante y esto solamente hará que fallen al tratar de cumplir las tareas asignadas por los padres, lo cual provocará frustración e inseguridad.


6. Analiza 


   Muchas veces podemos perder mucho si les gritamos a nuestros hijos, algunas veces los vemos que han derramado la leche sobre la mesa, pero date cuenta del “por qué”, no es que él quisiera hacerlo ¿Verdad?

  Pudo ser tal vez porque quería ayudar a su hermano menor a servirla, o quizá busca hacer más cosas por sí mismo para evitar molestarte.

   Trata de enfocarte en esa cuestión en vez de regañarlo y recurrir a los gritos, recuerda que es un niño y aún está en un proceso de aprendizaje, no ahogues con gritos sus ganas de ser independiente.


7. Padres tolerantes y amorosos 


  No gritar resulta sumamente satisfactorio, ya que nos da las armas para convertirnos en padres tolerantes y amorosos, personas dignas de la confianza de los hijos, reforzando el propósito de ser una familia. 


8. Los gritos solo son un pretexto 


  A veces pensamos que los niños y sus conductas o malos comportamientos son el detonante de los gritos, sin embargo muchas veces éste es sólo un pretexto para desquitar el coraje hacia otra persona (puede ser el esposo, el jefe, los padres).

 Sin embargo hay que aprender a canalizar ese coraje hacia una actividad constructiva; aprender a concientizar que somos capaces de cargar nuestro coraje contra los hijos, es un gran paso para dejar de lado esta conducta destructiva. 


9. El coraje proviene del interior 


  Muchas veces el coraje no proviene del exterior, sino del interior, puede ser disgusto con uno mismo por el descuido de la apariencia, por la falta de actividades recreativa o por hacer a un lado a las amistades.

  Sin embargo, podemos fácilmente cambiar eso cuidando de nuestra salud, ejercitando nuestro cuerpo y dedicando un poco de tiempo a retomar contacto con los amigos. Es un cambio muy simple que deriva en una conducta positiva hacia los hijos.


10. Pensar antes de actuar 


  Dejar de gritar no es fácil, pero si se puede, hay muchas maneras de hacerlo, pero recuerda que lo más importante es siempre tener el mente el objetivo, y luchar contra esos impulsos que lastiman la relación con tus hijos. 

 Una actitud positiva, actuar asertivamente y pensar antes de actuar, es la clave para que la armonía y la felicidad jamás abandonen tu hogar.


Fuente: Putum putum
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