Un imperdible corto que muestra cómo la rutina nos roba la vida

Todos tenemos rutinas en nuestras vidas. Una rutina no es más que una serie de hábitos. Y no es necesariamente algo negativo.



  Por ejemplo, si cada mañana tienes una buena rutina, te liberarás de tomar una serie de pequeñas decisiones que podrían consumir un tiempo precioso. Las rutinas nos liberan de la necesidad de tomar cientos de decisiones cotidianas, liberando espacio en nuestra mente para tomar decisiones más importantes.

  Desde esta perspectiva, las rutinas son liberadoras ya que no tendremos que no nos vemos obligados a tomar decisiones constantemente.

  No tenemos que decidir cada mañana si nos lavaremos los dientes o no, simplemente lo hacemos. Las buenas rutinas nos permiten ser más eficientes y le brindan una estructura a nuestra jornada.


 Sin embargo, las malas rutinas o simplemente apegarse demasiado a esos hábitos, sin introducir cambios que representen una novedad, termina cobrándose un precio emocional. 
 
 Una vida demasiado rutinaria aniquila la creatividad e incluso las ganas de vivir. Hacer todos los días las mismas cosas, sin introducir variaciones, conduce a la apatía. Y de ahí a la depresión solo hay un paso.


El corto que muestra el poder destructivo de una vida rutinaria


  Este revelador corto, realizado por Valeria Dakhovich, nos muestra como un hombre se encuentra atrapado en su turina cotidiana. Cada día realiza las mismas cosas, no hay delicidad ni auténtica satisfacción en su vida. Y así pasan los días, las semanas, meses y años.

  Sin embargo, un buen día esa rutina cobra forma, se convierte en un pequeño y hasta simpático monstruo. Sin embargo, la inmutabilidad en su vida es el alimento del cual se nutre ese monstruo, que crece cada día. 

 Hasta que llega el punto en que dirige al hombre, le hace funcionar en una especie de piloto automático. Hasta que un día, simplemente es demasiado tarde para cambiar.



¿Cómo salir de la rutina?


- Sé más flexible. 


 Las personas con un patrón de pensamiento más rígido suelen ser quienes más se apegan a las rutinas. Por eso, una dosis de flexibilidad no viene mal.

 Piensa que aunque hayas hecho las cosas de cierta manera durante mucho tiempo, eso no significa que sea el único modo de hacerlo. Introduce pequeñas variaciones que puedan ayudarte a ser más eficiente o simplemente disfrutar más esa tarea.


- Ábrete al cambio. 


 El mundo cambia constantemente, somos nosotros quienes nos aferramos a las rutinas y las planificaciones. 

 Sin embargo, de vez en cuando es muy saludable practicar el Wu-Wei, fluir con los acontecimientos y dejarse llevar por lo que ocurre. El mundo te traerá cambios continuamente si no te aferras a tus formas de pensar y hacer.


- Sigue tus estados emocionales. 


  A veces, una tarea nos cuesta mucho esfuerzo porque no tenemos el estado emocional justo. Debemos comenzar a prestarle atención a nuestras emociones ya que, al fin y al cabo, son las brújulas de nuestra vida. 

 Por eso, siempre que sea posible, en vez de apegarte a las rutinas, adapta tu jornada a tus estados emocionales. De esta forma serás mucho más productivo y las tareas te costarán menos.


- Añade una dosis de novedad a tu vida.


  Intenta hacer algo nuevo todos los días. No es necesario que sea algo importante, pueden ser pequeñas cosas, como cambiar el recorrido cuando sales a correr, introducir un alimento nuevo en tu menú o escuchar una canción nueva. Esos pequeños cambios te permitirán salir de la monotonía.

- Date permiso para soñar. 


 La vida no es todo lo que te ocurre y lo que te ha ocurrido, también es el camino que tienes por delante. Por tanto, si quieres escapar de la rutina, date permiso para soñar.

  Tienes responsabilidades y no puedes liberarte de ellas pero puedes proyectar tu futuro o simplemente dejar que tu mente vague e imagine otros escenarios. Si no los imaginas, nunca se materializarán.


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