Tener memoria selectiva, resulta en un aliado para la buena salud mental y emocional

Los recuerdos son lo que nos hacen revivir experiencias de todo tipo. Todos sabemos lo que representa traer a nuestra mente retazos de nuestro pasado y sentir cómo nuestro cuerpo es capaz de manifestar las mismas sensaciones y emociones que cuando ocurrió… 



  Lo que es más, podemos incluso agregar drama, ponernos nostálgicos, sentir culpa, querer regresar atrás, bien sea para volver a vivir alguna experiencia o para evitarla, inclusive considerando las consecuencias de su ausencia.

 A decir verdad, la realidad es que nuestro cuerpo no pareciera distinguir con exactitud entre lo que vivimos y lo que estamos recordando, generando reacciones acordes a lo que está en nuestra mente, que puede o no corresponder a algo vivido en el pasado.


  
   Por ello resulta tan importante monitorear en qué centramos nuestra atención, a dónde viaja nuestra mente cuando no podemos mantenerla anclada en el presente, viaja a aquellos lugares que nos abrigaron, a aquellas personas que nos hicieron sonreír o por el contrario suelen irse a las experiencias más dolorosas, a aquellas que nos limitan, las que parecen colocarnos entre dos paredes que nos oprimen el tórax como si quisieran aplastar nuestro corazón?

   Está claro que entendemos que llegamos a sufrir a través de nuestras memorias dolorosas y lo peor de todo ocurre, cuando recurrimos a ella con demasiada frecuencia y nos acostumbramos a vivir con el dolor de su presencia, con cosas del pasado que permitimos que estén más presentes que nunca.



   Le damos poder a las experiencias negativas en nuestras vidas y no solo enfocamos nuestras energías en ello, sino que condicionamos las experiencias presentes, bien sea por el estado anímico que adquirimos, por no poder distinguir lo que potencialmente nos haría bien o porque sencillamente vibramos en una frecuencia que solo nos permite atraer eventos que nos hagan sentir de una forma similar a esos recuerdos dolorosos.

  La mayoría tiene cosas en su pasado que resultaron dolorosas, pero está en cada quien utilizar la memoria a favor o en contra. 

  Lo que debemos hacer con nuestros recuerdos dolorosos no es obviarlos o evitarlos, sino sanarlos, perdonar, aceptar y tratar de ver las cosas desde una óptica cargada de comprensión y compasión. Solo así podemos ser libres de traer a nuestra mente cualquier recuerdo sin que ello represente un sufrimiento.


   De cualquier manera tenemos la capacidad de entrenar a nuestra mente, tratando de darle fuerza a todo aquello que nos permita recordar sonriendo, que nos llene de ilusión, que nos recuerde lo valiosos que somos.

   Pero también que nos hable de todo lo que hemos recorrido, que nos haga sentirnos fuertes y resilientes y de esta manera nutrirnos positivamente a través de nuestros recuerdos y dejar de lado aquellos que aún nos inviten a estar en el temido “modo lamento”.


Fuente: Sara Espejo – Rincón del Tibet
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