Los investigadores advierten: La soledad es contagiosa y debe prevenirse

La soledad, como un mal resfriado, puede contagiarse en los grupos humanos, según revela un nuevo estudio conjunto de las universidades de Chicago, California y Harvard.



   Usando datos de un análisis a gran escala con más de 5.000 sujetos, un equipo de investigadores ha demostrado que la gente solitaria tiende a compartir su sensación de soledad con sus más allegados (amigos y vecinos), que tienden a aislarse también.

    Esas personas terminan sintiéndose "solas en la multitud" y, a lo largo del tiempo, los grupos de individuos solitarios y desconectados se desplazan hacia los márgenes de las redes sociales. 

  "En la periferia la gente tiene menos amigos, por lo que su soledad termina haciéndoles perder los pocos vínculos que mantenían", explica John Cacioppo, coautor del estudio.


  Cada día tenemos más posibilidades para comunicarnos pero nos sentimos más solos. Es como si la soledad avanzara con pasos lentos pero inexorables cerrando cada vez más su círculo a nuestro alrededor. 

  Dicho así podría parecer el tema de un libro de Saramago o quizás la trama de un filme futurista de ciencia ficción pero no es el caso; la soledad es contagiosa.

   Las relaciones entre la soledad y las redes de apoyo social ha sido un tema bastante tratado e investigado en la Ciencia Psicológica


  Todos sabemos que las personas que no tienen una red de apoyo social suficientemente sólida sienten con más tenacidad la mordida de la soledad. Sin embargo... ¿la sensación de soledad podría extenderse al resto de las personas que rodean al aquejado?


   Esta misma pregunta se la plantearon psicólogos de las universidades de Chicago, California y Harvard

  Estos investigadores se propusieron valorar cómo se difunde la soledad a través de las redes de apoyo social y qué patrones sigue. Para esto estudiaron durante un periodo de diez años a un total de 5.100 personas y sus contactos sociales.


   Los resultados indican que la soledad se puede extender hasta un máximo de tres grados de separación de la persona centro o foco. 

  ¿Qué quiere decir esto? Que la soledad es altamente contaminante y que se extiende incluso allí donde no existen fuertes relaciones interpersonales, es decir, más allá de los amigos íntimos, la pareja o los familiares más cercanos.

   Las personas, como promedio, experimentan la soledad alrededor de 48 días al año pero tener un amigo solitario le añade 17 días más a la ya de por sí media elevada. 

 En comparación, este amigo disminuye sus días solitarios en un 5% al anual. Las mujeres, es casi una verdad de Perogrullo, son más susceptibles al contagio.


  Lo más curioso es que las personas que eran infectadas por la soledad iban quedándose al margen del grupo y aislándose cada vez más; promoviendo de esta forma, de manera objetiva, más soledad.

¿La solución? Estos psicólogos afirman que el contagio se puede detener protegiendo a las personas que se encuentran en la periferia de las redes de amigos.

   Así, cada persona al interno del "grupo solitario", si puede llamársele así sin que sea un contrasentido, volvería a su estado emocional "normal".

   Por supuesto, el término contagio se utiliza como una metáfora para indicar que cuando percibimos los sentimientos de otras personas tenemos cierta tendencia a ser empáticos con los mismos.


   Así, si nos encontramos con alguien que es feliz y sonríe, ese toque de alegría probablemente también nos ilumine el día a nosotros.

  Al contrario, si tenemos amigos taciturnos, que tienden a aislarse y a experimentar depresión; invariablemente su estado de ánimo ejercerá cierto efecto en cada uno de nosotros.

   No obstante, aunque sea un fenómeno ya conocido por la empiria psicológica, la importancia del estudio radica en el hecho de que la soledad es un sentimiento altamente negativo con amplias y muy negativas repercusiones para la salud humana. 

  Así, creo que vendría siendo hora de pensar en crear barreras protectivas que nos defiendan contra su avance.




Cacioppo, J. T.; Fowler, J. H. & Christakis, N. A. (2009) Alone in the crowd: The structure and spread of loneliness in a large social network. Journal of Personality and Social Psychology; 97(6): 977-991.

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