Un verdadero caballero, jamás habla mal de una mujer

Aquí vamos con una lección que debe ser dictada en casa, pero que en algunos casos en el hogar no fue importante impartir o bien, fue olvidada en el camino.



  En principio, nuestra prudencia, compasión y empatía deberían ser suficientes para no hablar mal de ninguna persona, pero como seres humanos que somos, resulta para muchos una gran tentación el no exteriorizar lo que pensamos, con quienes sentimos la confianza para ello.


De lo que abunda en el corazón, habla la boca.  


  Vamos a hacer un paréntesis en el punto central de la entrada, para hacerles la invitación a revisar en su interior, cualquier cosa que les parezca que otro ha hecho de manera diferente a como eventualmente ustedes lo harían, cualquier cosa que ante sus ojos esté mal o pudiese estar mejor. 



  De cualquier juicio que se cruce en su mente, traten de identificar aquello que les genera ruido en otros, en ustedes mismos y si pueden ser honestos, se sorprenderán con los resultados.

  Finalmente todos somos espejos y una de las principales utilidades de nuestras interacciones resulta de conocernos a través del otro.



  Ahora bien, en el caso específico de la manera de expresarse los hombres en relación a las mujeres, debemos reconocer que se trata de una práctica de respeto que se instauró en nuestra cultura desde hace muchísimos años, donde la mujer como precursora de la vida misma y en su cualidad de figura delicada, merece el respeto, la admiración, el cuidado y el afecto de quienes se vinculan con ella.

   Un hombre que habla de forma negativa de una mujer se está exponiendo a la crítica y al rechazo, está demostrando su poca capacidad de respetar al género femenino.



 Probablemente sea reflejo de un hogar donde el fuerte no fue el respeto y el cuidado hacia la mujer y a su vez demuestra inmadurez, falta de asertividad y pocos recursos para manejar diversas situaciones.

  Hay dos tipos de hombres dentro de quienes hablan mal de una mujer, el que la conoce bien o el que está lejos de conocerla. 

  El que la conoce puede estar cargado de resentimiento, de rabia, de dolor e inclusive de amor y maneja torpemente sus recursos demostrando su debilidad. 

  El que no la conoce habla desde la especulación, pero normalmente con la rabia de no haber podido ser parte de la vida de la mujer de quien habla.




  Podríamos irnos al extremo y mencionar la misoginia, caracterizada por el odio o la aversión a las mujeres, que puede demostrarse a cualquier escala, desde cómo se expresa un hombre de una mujer, hasta como la trata, llegando a las peores consecuencias.

  El hablar mal de las mujeres puede colocarnos en alguno de estos roles: quien lo hace, quien lo escucha o de quien se habla.

   Si somos el hombre que habla mal de una mujer, debemos aprender a controlarnos, inclusive aun estando seguros de lo que decimos, debemos respetar su posición de mujer y sin importar lo que haya hecho, siempre será mucho más beneficioso ignorar la situación o evadir una conversación en la cual nos arriesguemos a dar nuestra opinión.

  Lo mejor es sanar todas nuestras relaciones, perdonar, soltar y aceptar lo que fue y lo que no. Nada ganamos descalificando a alguien, usando lo que sabemos en su contra o peor aun calumniando. 

 En la vida todos cosechamos lo que sembramos, así que no tomemos en nuestras manos papeles que nos hagan quedar mal o inclusive le den la razón, gracias a nuestra actitud a quien no la tiene.


La elegancia de hombre está en la seriedad de su boca.


  Si somos quien escucha a alguien hablando mal de una mujer, debemos ser lo más asertivos posibles para desviar la conversación, evitando caer en ese juego y de ser necesario hacer evidente que no seremos quienes reciban los mensajes que desacrediten a una persona, por su condición de ser humano, de persona y normalmente de ausente.

  Si somos la mujer de quien hablan y nos hemos enterado, pues ante esa situación lo más recomendable es ignorar los mensajes, en caso de que nos comprometan en algún sentido, buscar la manera de aclarar las cosas, sin necesidad de caer en dimes y diretes con quien nos ha mal puesto.

  Todos tenemos diversas formas de expresar nuestras frustraciones, nuestro dolor, nuestra inconformidad y algunos pueden caer en juegos para incautos haciendo evidentes sus debilidades. 

  Si eres un caballero no necesitarás este mensaje, si eres un hombre, más por inteligencia que por caballerosidad: No hables mal de una mujer.


Fuente: Sara Espejo para Mujer.Gurú
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