Primeros síntomas de la ansiedad: 5 signos raros que no debes ignorar

Incertidumbre. Temor. Incomprensión. Esas son las tres sensaciones que más afectan a quienes padecen ansiedad pero aún no tienen un diagnóstico definitivo. A diferencia de las enfermedades físicas, no siempre es sencillo explicar cómo se siente la ansiedad, un trastorno donde confluyen síntomas físicos, emocionales y cognitivos que pueden convertirse en un auténtico calvario. 



 De hecho, para muchas personas el diagnóstico incluso llega a ser liberador pues finalmente encuentran una explicación a lo que les ocurre y, por supuesto, pueden buscar una solución. 

  La ansiedad no es una entidad monolítica, lo cual significa que puede presentarse de diferentes maneras. Habrá quienes padezcan más sus efectos psicológicos y habrá quienes la somatizan. En cualquier caso, conocer los primeros síntomas de la ansiedad te ayudará a detectarla rápidamente y detener su avance. 


Los primeros síntomas de la ansiedad que suelen pasar desapercibidos 


1. Pies fríos.


   Sí, los pies fríos no solo son incómodos, también pueden ser uno de los primeros síntomas de la ansiedad. Cuando estás ansioso, tu cerebro asume que te encuentras en peligro y, por ende, redirige el flujo sanguíneo hacia los órganos más importantes del organismo que se encuentran en tu torso. 

  Como resultado, llega menos sangre a las extremidades. Esta respuesta de lucha-huída ancestral está diseñada para garantizar tu supervivencia. 

  Por desgracia, ese mecanismo se activa indistintamente, ya estés en verdadero peligro a punto de que un oso pardo te ataque o si te sientes ansioso porque vas a llegar tarde a la reunión. 


 2. Bostezos frecuentes. 


 Los bostezos no solo son un indicador de sueño o aburrimiento, también pueden convertirse en uno de los primeros síntomas de ansiedad.

  De hecho, en los últimos años ha tomado forma una teoría según la cual, los bostezos sirven para expandir y contraer las paredes del seno maxilar con el objetivo de bombear aire al cerebro y disminuir su temperatura. 

  También se ha apreciado que las personas nerviosas y aquellas que sufren ansiedad generalizada o ataques de pánico suelen bostezar más. De hecho, una investigación realizada en la Bournemouth University desveló una conexión entre la frecuencia de los bostezos y el aumento de cortisol en sangre, la hormona del estrés. 

  Lo curioso es que el cortisol también aumenta la temperatura corporal y del cerebro. Y esa es la razón que te llevaría a bostezar más cuando te sientes ansioso. 


3. Pesadillas recurrentes. 


  Si tienes pesadillas recurrentes, que se repiten con frecuencia, es probable que se trate de una expresión de ansiedad, frustración y/o preocupaciones. 

 Esa fue la conclusión a la que llegó un grupo de psicólogos de la Universidad de Cardiff, quienes explican que las pesadillas ocasionales son un intento de darle sentido a las experiencias diurnas pero las pesadillas recurrentes son el resultado de emociones negativas derivadas de una profunda sensación de falta de control sobre nuestras vidas y la idea de que somos incapaces de lidiar con los problemas. 


4. Niebla mental.


  Si últimamente estás teniendo dificultades para concentrarte, quizá se deba a la ansiedad. No se trata únicamente de que las preocupaciones constantes te impiden enfocar la atención debido a que tu mente está sumida en un torbellino de ideas, sino que puedes experimentar una especie de “niebla mental”, también conocida como fibroniebla.

   Puedes percibirlo como una incapacidad para aferrar la realidad y pensar con claridad. Como resultado, es probable que comiences a tener problemas de memoria. Te resultará difícil recordar incluso lo que acabas de leer. 


5. Sabor metálico en la boca.


  La ansiedad suele causar un sabor metálico en la boca, que puede llegar a ser bastante desagradable. Existen diferentes explicaciones. La más probable es que el estrés esté causando una reacción de las bacterias dentro de la boca que hace sangrar sus encías. 

 La sangre tiene un sabor metálico, y eso es lo que notas, aunque la cantidad es tan pequeña que no puedes verla. 

  A esto se le suma que durante los períodos de ansiedad, te vuelves más sensible a determinados sabores. De hecho, un experimento realizado en la Universidad de Bristol comprobó que la ansiedad potencia la percepción de los sabores amargos y salados. 


Ataca la ansiedad antes que te venza


  Es importante buscar ayuda cuanto antes si padeces ansiedad. Diferentes estudios han demostrado que cuanto antes se solicite ayuda, más rápido se podrá vencer la ansiedad y, sobre todo, más duraderos serán esos resultados en el tiempo. 

   Cuanto antes se rompa el círculo vicioso que genera la ansiedad, mejor. Con el paso del tiempo tu cerebro va memorizando la respuesta ansiógena, de manera que será más difícil romper ese patrón y combatir la ansiedad. 

  Es importante saber que la ansiedad puede volverse resistente. Una investigación realizada en la UCLA desveló que aproximadamente el 60% de los pacientes no responden bien al tratamiento convencional de la ansiedad y siguen teniendo síntomas molestos que afectan su calidad de vida. 

  Estas personas desarrollan lo que se conoce como ansiedad resistente, la cual se debe, entre otros factores, a que han esperado demasiado tiempo para buscar ayuda. 

   Este libro sobre la ansiedad no solo te permitirá comprender sus mecanismos sino también apropiarte de técnicas prácticas que te ayudarán a relajarte para mantener a raya la ansiedad.






Campbell, R. & Vansteenkiste, M. (2018) Linking psychological need experiences to daily and recurring dreams. Motivation and Emotion; 42(1): 50-63. 
Simon, B. N. et. Al. (2012) Born to Yawn? Understanding Yawning as a Warning of the Rise in Cortisol Levels: Randomized Trial. Interact J Med Res; 1(2): e4.
Heth, T. P. et. Al. (2006) Human Taste Thresholds Are Modulated by Serotonin and Noradrenaline. Journal of Neuroscience; 26 (49): 12664-12671. 
Bystritsky, A. et. Al. (2006) Treatment-resistant anxiety disorders. Mol Psychiatry; 11(9): 805-814. 
Dadds, M. R. et. Al. (1997) Prevention and early intervention for anxiety disorders: a controlled trial. J Consult Clin Psychol; 65(4): 627-635.
El Club de los Libros Perdidos. Con la tecnología de Blogger.